De mente abierta y lengua grande: La herencia de Jacinta

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Chef Juan Angel | @chefjuanangel

-¡Tan quien la vieraaaa, miraaa, muy de blanco!-
-¡A cocinar le debió enseñar la Fidencia!-
-¡Pero nooo, ha de estar panzona, por eso se está casando de 17 años!-
-¡Dicen que no sabe ni guisar un huevo!-

Y mientras se escuchaban las voces de las beatas de la iglesia, Jacinta caminaba hacia el altar tomada de la mano de su padre, al fondo la esperaba Temo con los ojos empapados de lágrimas… -¡No creo que esté llorando de emoción, ha de estar llorando porque se va morir de hambre con la Jacinta!- Aún mientras el sacerdote bendecía al nuevo matrimonio, las habladurías continuaron.

-Jacinta, ¿aceptas a Temo como tu esposo y prometes serle fiel en lo próspero y en lo adverso…?-
-Si, Padre, acepto –

En un abrir y cerrar de ojos, Jacinta y Temo estaban en el tren rumbo a Estación Naranjo, un municipio de Sinaloa. Llegaron, desempacaron sus valijas y ahí fue la noche de bodas, en medio de los besos apasionados, lo único que pasaba por la cabeza de Jacinta era “¿Qué le voy hacer de desayunar a mi marido?”

A la mañana siguiente, cuando Temo abrió los ojos, la casa estaba inundada de aroma; temeroso y lleno de curiosidad saltó de la cama, se vistió rápidamente y caminó hacia la cocina, eran las 6:50 de la mañana: sobre la estufa había dos sartenes humeantes.

-Hola mijo, ¿cómo amaneciste?- Jaci le dio un beso rápido y evitando se acercara a la estufa tomó un plato y le dijo -Lávate los dientes, te voy a servir para que te vayas bien desayunado-
Al salir del baño, Temo vio sobre la mesa un plato azul de melamina, tenía bastante carne con verduras y frijoles con queso. -Te hice bistec ranchero para desayunar, mijo- Temo tomó el tenedor, cogió un gran bocado y aún sin enfriar lo metió a su boca.

10 años antes…
-Jacinta, pícame un chingo y otro poco de cebolla, y cuando termines me pelas unas papas, unas 3 o 4 dependiendo del tamaño- dijo Fidencia a su pequeña hija; doña Fide Morales era una cocinera prominente, admirada en los alrededores por su gran sazón -¡No me toqueeeees la olla, suelta la cuchara muchacha caraja!, ya te he dicho que solamente me vas ayudar a picar y lavar trastes- Fide también era muy celosa de los quehaceres de la cocina, la comida era hecha de principio a fin por su mano, jamás dejaba intervenir a ninguno de sus hijos, hermanas, comadres, incluso a su propia madre.

De pronto, una herencia apareció…
-Ay mijaaaa, ¿qué es esto que hiciste, qué tiene la carne?- dijo Temo al terminar su primer bocado de bistec ranchero.
-Tiene pulpa bola de res, un chingo y un poco de cebolla, alguito de chile verde, un tanto de papas y bastante tomate- contestó la recién casada.

Meses después, la pareja visitó a unos compadres en Escuinapa y ahí Jacinta los vio preparar unos camarones en aguachile que a la vuelta de unas semanas replicó de memoria en su casa -Ay fregado mija, ¿y esa receta de aguachile de dónde la sacaste?- dijo Temo mientras sorbía el juguito empinándose el plato -¿Receta? ¿Cuál receta? Solo le puse un chingo de limón, y otro chingo y un poco de chiltepines, más la verdurita y unos camarones con salecita-

A Jacinta su madre jamás le permitió meter las manos en ollas y sartenes, a cambio le dio algo más valioso: le alimentó una capacidad desbordada por observar todo lo que ella hacía mientras cocinaba, eso, junto a la herencia congénita del sazón transformaron a Jacinta en una excelente cocinera. Ella prepara el mejor aguachile que he comido en mi vida; no lo hace para vender, “lo hago para tener a Santa María y todo el mundo en casa, disfrutando; verles su cara de satisfacción es mi mayor placer”

Chef Juan Angel – Licenciado en Periodismo y chef profesional, conductor de televisión, creador de contenidos gastronómicos y embajador de marcas de alimentos.

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