De mente abierta y lengua grande: El gran descubrimiento

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Chef Juan Angel | @chefjuanangel

-¡Agárrala bien!-
-¡Hace mucho vientoooo!-
-¡Ayúdaleee López!-

Ya se había formado una polvareda, las partículas eran tan finas y minúsculas que entraban por cualquier orificio del cuerpo. Sin embargo, la rechola no se movía de los alrededores, con los ojos entreabiertos y tapando boca y nariz con las manos, observaban detenidamente al grupo de hombres y mujeres que trataban de clavar una carpa sobre los montones de tierra más firme.
-¡Métasenos chamacos, se los van a llevar los húngaros!-

Los trabajadores con mirada de hartazgo voltearon a ver a la mamá gritona, los niños poco a poco se retiraron a sus casas.

-¡Güero, levántate a desayunar! ¡Que te levantes! dijo la gritona, y volvió -¡Pinche carroooo cáaallatee! – por la calle junto a la ventana de la cocina pasaba un Datsun a vuelta de rueda -¡Esta tardeee, señora bonita, bello caballero, señorita y señorito, niños y niñas, la película de moda, la más taquillera; ET, el marciano parlanchín que conquistó el mundo… ET, el que montaba la bicicleta voladora, hoy a las 8 de la noche, 15 módicos pesos por boleto, niños de 6 años pagan la mitad!-

Y la gritona salió a la calle – ¡Cállense pinches húngaros, pecadores!-
¡Mamá, llévame a conocer al marciano por favor! Con una fulminante mirada, la gritona calló al chamaco.

Por la tarde, la gente sentada en las banquetas de las casas que rodeaban la gran explanada polvorienta, observaban detenidamente el movimiento y escuchaban escrupulosamente los sonidos de prueba que salían de la carpa.

De pronto, la profesora Marisela junto a su hijo Martín atravesaron la gran puerta de hule negro e ingresaron; la gente empezó a acercarse, compraban boletos y corrían a buscar la silla más cercana a la pantalla, solo los conocedores se sentaban atrás de la mitad de la sala.

Comenzaron las fanfarrias propias de la película, entre las lonas se empezó a colar un aroma de sabor amarillo, denso y grasosamente delicioso; inmediatamente empezaron a desfilar señoras de cabello y faldas largas con charolas repletas de bolsas de papel estraza llenas de palomitas de maíz.

Las vi pasar junto a mi nariz en vivo y en directo tal y como salían en telenovelas y caricaturas. Volteé a los alrededores esperando que alguien conocido comprara y me compartiera un puñado. Entre todos los asistentes se vendieron 2 o 3 paquetes. La crisis estaba dura.

Cuando llegué a casa le platiqué a mi papá sobre las palomitas, al día siguiente llegó con una caja de cartón que contenía el gran descubrimiento, una olla con asa giratoria que cocinaba los granos de maíz mientras se movían con un mecanismo impulsado por la agarradera. En menos de 4 minutos ya teníamos una bandeja repleta de calientes y aromáticas palomitas sobre las que aventamos un poco de sal. La olla trabajó sin descanso hasta que llegó su jubilación, 23 años más tarde.

Chef Juan Angel – Licenciado en Periodismo y chef profesional, conductor de televisión, creador de contenidos gastronómicos y embajador de marcas de alimentos.

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