De mente abierta y lengua grande: El desayuno perfecto

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Chef Juan Angel | @chefjuanangel

Envuelto con la cobija azul de barbitas que hacían cosquillas en mis párpados y mejillas, escuché el mejor despertador que puede haber: un crujido constante acompañado de pequeñas explosiones junto a un aroma penetrante que terminó de levantar a las neuronas que aún dormían; todas tenían la esperanza de iniciar el día con su desayuno perfecto, y todo indicaba que así sería.

Aventé la cobija y aún enredado con la sábana, busqué los huaraches debajo del catre y salí presuroso del cuarto, crucé el pasillo rumbo al baño, de reojo vi que mi mamá retiraba la piel quemada de algunos chiles verdes recién tatemados en la estufa, el asador giratorio con parrilla alta aún estaba en movimiento.

Ya en el baño, cepillé los dientes tratando de hacer el menor ruido posible para alimentar mi esperanza con los sonidos de la cocina; de pronto ¡lotería! alcancé a escuchar como jalaban una cabeza de ajo de la ristra colgada a un costado de la puerta del patio, el menú había sido confirmado por mi imaginación.

Me puse el pantalón guinda y la camisa blanca del uniforme, até las agujetas de mis zapatos ortopédicos y entré con la cara hinchada, pero llena de emoción, a la cocina. En un rincón de la barra de azulejos amarillos había una cazuelita de tierra color café oscuro, en ella se almacenaba la sal gruesa, encima tenía una piedra redonda utilizada como tapadera y en ocasiones como instrumento para machacar cualquier alimento que lo necesitara.

Mi mamá sacó una tabla de madera, parecía tener un cuenco en la parte central a causa de tantos golpes, cortes y lavadas. Tomó la piedra y presionó 5 dientes de ajo, rápidamente les retiró la cáscara y los dispuso al centro de la tabla, los machacó sin piedad hasta convertirlos en una pasta, agregó los chiles verdes en rajas y los presionó ligeramente, tomó sal con la yema de los dedos y la espolvoreó encima.

Mientras, en la estufa se calentaba el comal ¡habría tortillas grandes de maíz! En menos de 5 minutos, ya tenía una recién hecha sobre mi plato verde de melamina. Retiré la tapa de la tortilla, entre exclamaciones y sobresaltos por lo caliente que estaba, e inmediatamente pasé la barra de mantequilla que se fundió y deslizó sin problema sobre la masa tierna y humeante.

Sobre la mesa estaba el chile verde con ajo y sal, enseguida un trozo de queso fresco para agregarlo encima y a mi costado derecho, una humeante taza de leche con café.

La degustación era de lo más simple, chile verde con ajo y queso encima de la tortilla, dos dobleces y pa´dentro. Era, sin duda, la mejor manera de generar felicidad y ánimo para ir a la escuela, sabedor de que seguramente quedaría preparación en el refrigerador, para untar otra tortilla durante la cena.

 

Chef Juan Angel – Licenciado en Periodismo y chef profesional, conductor de televisión, creador de contenidos gastronómicos y embajador de marcas de alimentos.


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