martes, mayo 28, 2024
AntropologíaColaboracióntuercas y tornillos

Tuercas y tornillos: ¿Por qué tiramos basura en la calle? A propósito de las Fiestas de Pitic, Hermosillo

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail

Dr. Mario Alberto Velázquez García | Academia Mexicana de Ciencias
Algunas de las fotos mas icónicas de las pasadas Fiestas del Pitic 2023 no fueron las que ilustraban los récords de asistencia a los eventos, sino las que mostraban la enorme cantidad de basura tirada después de que terminaran conciertos como los de Julión Álvarez. Me pidieron tratar de explicar esto: ¿Por qué tiramos basura en la calle?

Este comportamiento refleja un contraste notable entre lo que la gente dice y lo que la gente hace. Si nosotros preguntamos a los habitantes de Hermosillo, estos están muy orgullosos de su ciudad, sin embargo, este sentimiento no se traduce en actos por conservar el lugar. Ensuciar el espacio del que dicen estar orgullosos no parece un comportamiento muy racional, lo que puede estar conectado a considerar que la obligación de limpiar no es de todos. Esto último nos lleva a una primera hipotética respuesta a la pregunta que hicimos.

Las personas de Hermosillo tiran basura porque piensan que es parte del trabajo de otros recoger los desperdicios, por ejemplo, de los barrenderos o los equipos de limpieza contratados después de los eventos. Esta postura pudo tener alguna lógica cuando la ciudad era pequeña y las calles podían ser cuidadas sin demasiado esfuerzo; pero el actual tamaño de la ciudad y la cantidad de basura que se produce en un evento como las Fiestas de Pitic vuelven muy cara y poco sustentable esta idea: la cantidad de gente que se requeriría para limpiar lo que los más de 800 mil habitantes o los 30 mil asistentes a un concierto tiran es enorme. Lo más racional es que todos entendamos nuestra responsabilidad como cohabitantes de un lugar para mantenerlo limpio.

Una segunda razón que puede estar en esta idea respecto a quién tiene la responsabilidad de recoger la basura está en la apropiación que los gobiernos mexicanos han hecho históricamente de los lugares públicos. Durante décadas los gobiernos mexicanos han sido los responsables de la construcción de calles, avenidas o edificios públicos. Esta facultad ha sido utilizada por políticos para la promoción de su propia imagen. Esto dio pie a que, durante las inauguraciones de una avenida o un parque, los políticos presentaran la nueva infraestructura como una especie de “regalo” hacia la gente. En esta forma de enmarcar la construcción de obras públicas, estos lugares no pertenecen realmente a la gente, sino que fue gracias a la buena voluntad del gobierno o de un partido(s) darlos o no. Esto a pesar de que dichas obras fueron construidas con dinero de los impuestos que pagan los contribuyentes. Como resultado de esta costumbre de “inaugurar” las obras, los espacios públicos son percibidos como algo que no le pertenece a la población sino son propiedad del gobierno o un político en particular. En este tren de pensamiento, ensuciar un espacio público es un acto que se le hace al gobierno, no al resto de la población; si ellos (las autoridades) piensan que esta es su calle, que ellos vengan a limpiarla. Esta lógica también resulta contraproducente porque el daño que se hace al ensuciar una calle no es en realidad al gobierno sino a nosotros mismos.

Una última hipótesis de porque tiramos basura es la (falta) de educación. Pero ¿Qué se quiere decir cuando se dice que a alguien le falta educación? En este caso se hace referencia a la falta de internalización de una serie de principios que permiten a los sujetos que viven en el mismo lugar coexistir. En este caso sobre hábitos de limpieza; limpiar la calle refleja valores y disciplina. El problema es que esta “falta de educación” significaría que existen grupos que tienen en general mayores niveles de educación que otros, y desgraciadamente no podemos decir que únicamente es cierto grupo el que tira basura por la calle. Por el contrario, se trata de una práctica que esta socialmente extendida por los distintos grupos y clases sociales de la ciudad; algunas zonas son más limpias porque tienen dinero para contratar a otros para que mantengan limpio el espacio público. La decisión o no de tirar basura no es cultural, sino un cálculo. Todos hemos visto como los sonorenses al ir a Estados Unidos, tienen comportamientos al manejar o disponer de sus desechos en la vía pública muy distintos a los que muestran en México. Esto quiere decir que no es que les “falte” o no saber que tirar basura es incorrecto, sino que se trata de una acción calculada ante la posibilidad de que alguien, una autoridad o una persona los pueda recriminar por dicho acto.

Separador - La Chicharra

MARIO ALBERTO VELÁZQUEZ GARCÍA
Profesor- Investigador de El Colegio de Sonora
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel 1. Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC). Doctorado en Ciencias Sociales con Especialidad en Sociología, El Colegio de México. Maestría en Ciencias Sociales con Especialidad en Desarrollo Municipal en El Colegio Mexiquense. Licenciatura en Sociología, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Director de la Revista: “Revista Científica de Estudios Urbano Regionales Hatsö-Hnini”, www.revistahatsohnini.com.mx.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *