De mente abierta y lengua grande: El chorizo deseado

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Chef Juan Angel | @chefjuanangel

-¡Ya duérmete Chu!-
-Pues si sigues hablando menos me voy a dormir-
Cri cri cri cri
-¡Ah qué grillos tan jodones!-
-Pues aviéntales con la tegua, allá se escuchan en la esquina-

Con la mirada puesta en el techo de carrizos entrelazados con un mecate que los sostenía a unas vigas de madera de huérigo, poco a poco fueron cediendo los ojos de Nacho, La Chu y sus tres hermanas. A los pocos minutos, ya estaban roncando al unísono mientras se jalaban las sábanas para cubrirse de los mosquitos.

-¡Ay amaaaá, qué bonito huele el chorizo!- gritaba La Chu dormida con los ojos entreabiertos, como si la estuvieran exorcizando –Mijitaaa, shhh shhhh sigue durmiendo, shhh shhhh- le decía su mamá mientras le acariciaba la cabeza -Amaaaaá, dame otra tortilla para el chorizooo- gritaba La Chu con más ahínco -Ya déjala mujer, siempre es la misma con esta niña, todo el día piensa en comer- replicó su papá.

Durante la mañana previa, La Chu había hecho girar con sus pequeños brazos, un molino de color rojo marca Estrella que estaba sujeto al mesón instalado junto a la hornilla -¡Dale más fuerte!, gritaba Nacho mientras echaba carne con dientes de ajo en el orificio de la parte alta del utensilio -¡Ahora te toca a ti Nacho, ya me cansé!- dijo María Jesús, alias La Chu, mientras pujaba con las mejillas coloradas tratando de sacar fuerzas de la parte más profunda de su ser. -Ahhh nooo, a ti te toca la molida de la carne, tú nunca acarreaste el agua puerca para alimentar a “Choricito”-. El tal “Choricito” era el nombre del cerdo que por 7 meses habían alimentado con sobras de comida: la famosa agua puerca. En un baldecito viejo y despostillado colocado en un rincón de la cocina se vaciaban restos de comida, tortillas duras, la espuma que se le quita a la cocción de la carne, los restos de sopa o caldo y todo lo que pudiera aportar para el famoso “Choricito” de La Chu -Ya terminé amaaá- gritó la pequeña mientras sobaba su brazo entumido -A veeer, échalo en la tina mediana de lámina para amasarlo- de inmediato, su mamá empezó a agregar bastante orégano, pimienta, chile en polvo, cilantro bola y un puñado de sal; cuando estuvo listo, lo depositaron en una jarrilla de peltre y lo colocaron en lo alto de un zarzo, un tejido plano hecho con carrizo sujeto a la vigas del techo con unas piolas cortas, quedando suspendido a tan solo 30 centímentros de lo más alto de la casa.

Quiquiriquiiiiiiiiiii
-Chuuu despiertaaaa, mi amá va a hacer chorizo pa´ desayunar, ¡Chuuuu, despiertaaaa!- dijo Nacho a su hermana menor mientras la zangoloteaba. De un brinco, María Jesús se puso de pie y corrió a la cocina. En la estufa había un sartén con manteca hirviendo y bastantes papas -Ay amaaaá, qué ricuraaaa, vas a hacer el chorizo con papas- Su mamá agachó la cabeza mientras movía la cuchara -Deja te bajo el chorizo del zarzo- La Chu se paró en una silla que estaba justo a un lado, y mientras se sostenía con los dedos de los pies en punta jaló la jarrilla del chorizo – Ay no puede ser, no puede ser… amaaaaaá- con los ojos llenos de lágrimas buscó por todas partes tocando con su manita hasta donde podía alcanzar -Cuántas veces les he dicho que no dejen la silla cerca del zarzo, anoche brincó el gato y se comió el chorizo- la regañó desesperanzada su mamá. Con los ojos llenos de lágrimas, esa mañana la Chu y toda la familia desayunaron papas guisadas acompañadas con frijoles. Ahora tenían que esperar 4 meses más para que estuviera listo el siguiente “Choricito”.

El chorizo es un embutido de cerdo cuyo origen es español, al llegar a México, sufrió dos modificaciones muy importantes, mismas que lo diferencian del resto del mundo: el uso de chile como ingrediente principal hasta darle su color característico, y el maíz como alimento de los cerdos.

Chef Juan Angel – Licenciado en Periodismo y chef profesional, conductor de televisión, creador de contenidos gastronómicos y embajador de marcas de alimentos.

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