Celuloide: Baaria, Un Sueño De Libertad

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Por Jesús Ricardo Félix
Jesús Ricardo FélixBaarìa es el nombre popular con el cual se conoce al poblado de Bagheria un pequeño municipio situado en Sicilia de donde es originario nada más y nada menos que el realizador Giuseppe Tornatore. El poblado se encuentra en esa isla que parece estar pateando la bota del mapa de Italia, pueblos costeros que se relacionan con el tema de la mafia gracias a la famosa Cosa Nostra ya tan retratada en diferentes películas. Tornatore es como un animal en extinción que sigue más conectado con el cine clásico italiano de los años sesentas que con el actual, si nos recuerda a directores como Pier Paolo Pasolini o Sergio Leone es porque el que musicalizaba la mayoría de sus películas era Ennio Morricone. Pero no solo es la música, el director también es un especialista en plasmar escenas de nostalgia que muchas veces arranca de sus propias memorias. Es reconocido por haber filmado películas como Cinema Paradiso en 1987, Maléna del año 2000 y La leyenda de 1900 en 1998.

En Baarìa, el director nos presenta la vida en Sicilia de los años cuarenta, Giuseppe nos narra pasajes de su vida con los recursos mágicos que puede aportar el cine. El director da saltos en el tiempo, del pasado brinca al futuro y se regresa al presente sin dar muchas explicaciones. El pueblo de Bagheria es tan protagonista como cualquier otro personaje que aparece en la película, si bien no tiene diálogos sus calles, la ropa tendida, las azoteas son meticulosamente recreadas para evolucionar junto a los pobladores.

Peppino interpretado por Francesco Scianna es uno de los protagonistas junto a Mannina personificado por Margareth Madè. La película describe a la pareja desde su infancia, hasta que se enamoran, tienen hijos y estos crecen hasta convertirse en adolescentes. A través de ellos observamos la crisis del fascismo en Italia y como el autoritarismo representado por líderes como Benito Mussolini convertía en un presidio el modo de vida en la provincia italiana. Los artistas e intelectuales representaban una amenaza para el poder, por lo tanto eran perseguidos como una plaga a exterminar. Después somos testigos de la Italia de la posguerra, la cruda moral del fascismo, el rechazo de occidente por haber participado del lado de los nazis. Luego se respiran aires de libertad pero sin trabajo y sin dinero, sin acomodarse en alguna ideología que ayude a reconstruir la política local y nacional. El padre del director se llamaba Peppino Tornatore y en la vida real perteneció a la Confederación General Italiana del Trabajo, a través de él nos narran el nacer del partido comunista en la región. También se retrata el tema de la mafia y como los intereses del comunismo lo convertían en uno de los enemigos a vencer. Un tema infaltable en el mundo Tornatore es el del cine, en Baarìa nos describe algunos de los clásicos que seguramente lo cautivaron desde Giovanni Pastrone hasta Sidney Lumet.

Definitivamente recomendable, sin ser la mejor película del director, en Baarìa somos testigos del Amarcord de Tornatore. Parece ser su película más personal llena de nostalgias musicalizadas por Morricone. La narrativa hace que el espectador se remonte a su propia infancia y sin ser sicilianos evocar nuestras propias raíces. Los saltos en el tiempo nos recuerdan a Érase una vez en América de Sergio Leone y como el pasado de la provincia ayuda a reconstruir el futuro de la gran capital, en este caso Roma. Después la carrera del niño Pietro se convierte en un vuelo del tipo Fellini en 8 ½. En conclusión, sin ser la mejor obra del director siciliano, Baarìa tiene la virtud de remontarte a los clásicos en la era de un cine con poco espíritu.

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Un comentario en "Celuloide: Baaria, Un Sueño De Libertad"

  • el 21 junio, 2022 a las 2:38 pm
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    Esta película está tan buena como Cinema Paradiso… hay quienes pueden decir que Cien años de soledad es un gran libro y también estarán de acuerdo que El amor en los tiempos del cólera es también un gran libro. Un escritor puede lograr dos grandes libros o más y un director de cine puede lograr dos o más grandes cintas.

    El reseñista dice que la película cuenta la vida de una niña y un niño que crecen y se convierten en adolescentes, en jóvenes, se casan y tienen hijos. Vaya descripción.
    Lo que no dice el reseñista es la singularidad y los símbolos del personaje que va creciendo y lo sui géneris de la concreción de esa historia de amor, que roba el corazón del espectador, comparado con el acartonamiento de las historias de amor del Hollywood de los últimos treinta años.
    Son tan escasas las buenas historias de amor que no es justificable pasarlas por alto.
    El hecho de ver una película o una serie del siglo XXI y empezar a verla y analizarla tan sólo para encontrarle correspondencia o reminiscencias o claves de otros directores, de otras cinematografías y juzgar o criticar todas las películas en base a una personalísima interpretación de la historia, como si no hubieran otras, realmente hace que todas las reseñas sean iguales.
    El hecho de que Morricone haya musicalizado lo mismo un western de Leone con gran calidad, es mentira que forzosamente se deban asociar todas las películas musicalizadas por Morricone, pues también musicalizó Scarface y en ningún momento te va a remitir ni a Cinema Paradiso ni mucho menos a Baaria.
    El elemento político de Baaria con respecto a las provincias italianas lo encontramos de forma similar en Il Postino, o El Cartero de Neruda y efectivamente puede remitirnos al neorrealismo social de los 60s, pero como oferta guionística Baaria es rica en sí misma. Decir que el padre de Tornatore se llamaba Peppino es como querer minimizar la historia y la propuesta por provenir de la historia familiar, como si Cine años de soledad fuera menos libro porque al Gabo todo se lo contó su abuela, al menos eso dicen.
    Creo que disfrutar genuinamente una película, y después hallarle el chiste a una película y después estudiarla por Google para desacreditarla o desnudarle sus claves, es un trabajo tramposo o es un trabajo fácil o hecho desde la hamaca de los formulismos.
    Querer llevar todas las películas, sin excepción (bueno, con la excepción de Orson Welles que es el Dios intocable del reseñista) a las arenas de lo ya hecho y por lo tanto invalidarlas o desmerecerlas, es un trabajo de hueva.
    Si Baaría es una grata sorpresa para el 99% de las audiencias que pueden tener la libre opinión de decir, de acuerdo a su experiencia, si es su mejor obra o no, o si no les importa si es su mejor obra o no pero disfrutarla libremente, el argumento a priori del reseñista de que no es su mejor obra pero tiene la virtud de remitir a los clásicos, es no reconocer que la película tiene símbolos sorpresivos que merecen la pena. El elemento de nostalgia sería banal si la estructura del relato no tuviera un engarce de sucesos y una presentación de personajes curiosos, divertidos y entrañablemente humanos, como el padre y el hermano del protagonista, su socio y amigo principal, el comprador de dólares, el hijo y hasta el jefe de la mafia.
    Esta película logra que los amantes de una buena historia de amor se sientan irresistiblemente atraídos por el galán de la misma, en el caso de ellas, y por la heroína de la historia en el caso de nosotros los caballeros… no es cosa menor pensando que no estamos hablando de las hipermaquilladas y operadas de Hollywood ni los Brad Pitt, los Jhonny Depp y los Tom Cruise, siendo este un largometraje de más de dos horas, es decir toda una épica sobre una región del mundo.
    La narrativa sobre el comunismo se contrasta con la otra visión del mundo: el liberalismo. La película es rica en ese debate y en los dilemas de la gente común. Muy trasladable a la historia de la democracia electoral mexicana… donde el comunismo era perseguido y castigado.
    Mucha nuez en esta enorme cinta del genio Tornatore… que con la Leyenda de 1900 rompe con la idea de que es un narrador solamente de nostalgias

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