De mente abierta y lengua grande: Un elote para ir a Misa

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Chef Juan Angel | @chefjuanangel

¡Puuuuuuuummmmm!
¡PUM!
-¡Peroooo mamaaaaaá! ¿Por qué no vamos ir a Misa?-
-¡Hay Clauditaaaa, está diluviando y todavía preguntas!-
-Pero mamaaá, me puedo poner unas bolsas en los pies y le pedimos prestado el paraguas grandote a mi abuelita-

Con lágrimas en los ojos, la pequeña de 6 años miraba a través de la ventana aquel chubasco prominente, llovía a cántaros mientras el cielo retumbaba entre rayos y centellas; de repente -Mamá, mamá, mamá, mira, miraaaaa, el arcoíris, salió el arcoíris, apúrate, sí alcanzamos a llegar a Misa- La mamá de la pequeña Claudia no tuvo más remedio que tomar el paraguas, sujetar la mano de su hija y caminar entre la ligera llovizna que había dejado la tormenta veraniega a su paso.

-Y la bendición de Dios Padre Todopoderoso, Hijo y Espíritu Santo- y mientras el cura tomaba aire después de la bendición final, Claudia ya estaba parada debajo del marco de madera que sostenía la gran puerta principal de la Catedral; justo frente a ella, en el andador que separaba el templo del kiosco estaba un triciclo color amarillo lleno de ollas humeantes y junto a él, un hombre pulcramente vestido, camisa recién planchada y gorra de color blanco impecable; un remate celestial perfecto posterior a la Celebración Eucarística.

-Clauditaaa, ya te he dicho que no te levantes de la banca hasta que salga el sacerdote del altar- dijo su madre mientras le daba un pellizco en la oreja empapada con las ligeras gotas de lluvia; se tomaron de la mano y caminaron a la explanada, la lluvia ya había cesado.

-Hola hermosa, ¿qué te voy a servir?- preguntó el hombre a Claudia, ella emocionada contestó sin titubear -Un coctel de elote grande, con mucha media crema- Su mamá la escuchó sonrojada -Ay don Nacho, no se imagina toda la parafernalia para que Claudita viniera por su coctel, ¿cuánto le debo?-

A principios de los ochentas, don Nacho llegó de Durango a Hermosillo junto a su esposa María del Socorro; en la búsqueda de empleos se convirtió en vendedor de elotes y cocteles; en 1988 se independizó y con mucho sacrificio y bastantes ahorros adquirió su propio triciclo, un par de ollas y su distintiva gorra blanca – María, no se te olvide ponerme la camisa planchada en una bolsita junto a la cachucha- Todas las tardes, don Nacho pedaleaba más de 11 km para comercializar un producto que elaboraban en familia durante las mañanas, el cual le permitió mantenerlos y darles carrera a sus hijos. Primero, buscaba y compraba los elotes más tiernos, los pelaba junto a sus hijos y atizaba para cocerlos mientras el humo les otorgaba ese aroma característico a mezquite; María del Socorro, su esposa, le armaba un envoltorio con salsas, limones, queso, mantequilla y crema; así, cruzaba la ciudad. Una vez que llegaba al centro buscaba un rincón para cambiar su camiseta sudada y ponerse el uniforme para distinguir con mayor intensidad aquella sonrisa amable que invitaba a grandes y pequeños a consumir sus elotes.

Treinta y tres años después, Elotes Don Nacho sigue ofreciendo, frente al Palacio Municipal, unos de los mejores cocteles de Hermosillo; ahora atiende Nachito, uno de sus cuatro hijos, heredero de una tradición única: cocteles y elotes que no necesitan muchas salsas, limones, chamoyes, polvos ni condimentos para brillar en los paladares.

La pequeña Claudia ahora es chef de Girasole, un popular restaurante italiano cerca de catedral, mínimo una vez a la semana camina hacia la plaza para terminar su día de la mejor manera: con un vaso grande de coctel de elote de Don Nacho.

Chef Juan Angel – Licenciado en Periodismo y chef profesional, conductor de televisión, creador de contenidos gastronómicos y embajador de marcas de alimentos.

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