Ruta de ideas: Reflexiones inútiles sobre la lectura

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Por Magali Romano
magaliNo hay una coherencia en las políticas públicas para lograr que en este país se lea más. Tal vez porque no es cuestión de números, ni estrategias, tampoco de hacer listas de libros “adecuados” a la edad, ni siquiera de las buenas intenciones que pudieran tener los funcionarios.

Hace unos días, iba caminando con una joven recién egresada de la universidad por un supermercado. Le señalé un hermoso libro de arte y ella, espontáneamente gritó: “claro que no, no me gusta leer”; esa es la frase que utilizan muchos jóvenes y no tan jóvenes como si se les estuviera ofreciendo droga.

En una reunión de maestros a nivel preparatoria, de la materia de taller de lectura y redacción, hablaban de cómo incentivar a los alumnos para leer, y al mismo tiempo preparaban la lista de libros que los jóvenes tendrían que leer durante el curso.

Mi piel se erizó cuando en la lista aparecían desde Carlos Cuahtemoc Sánchez, pasando por Paulo Cohelo, mezclados con El Quijote y el Mío Cid. Pregunté ingenuamente si quienes estaban proponiendo los títulos habían leído algo de lo que estaban enlistando; sólo una maestra me contestó que únicamente el Mío Cid, pero que no lo había entendido y había sido, “muy enfadoso”.

No importa que estén los libros en línea en páginas gratuitas, no importa que se encuentren títulos de buena calidad muy accesibles en supermercados o en el Fondo de Cultura Económica. No importa que muchas escuelas cuenten con su biblioteca y tengan literatura incluida. Tampoco es cuestión de cuantos libros donan las instituciones de cultura, si no que donan, quienes van a ir a contagiar a los niños y jóvenes con su propia pasión, quienes ponen el ejemplo pues… y ese es el tema: Los funcionarios apurados por crear mejores cifras nacionales e internacionales ¿Qué leen además de la columna de periódico? O mejor aún ¿hace cuánto no lo hacen? Los maestros de todos los grados y materias, ¿son de la generación de “no me gusta leer” y por lo tanto no tienen lo más importante para convencer a las nuevas generaciones que es la experiencia sumergida en las letras, la imaginación sujeta a otros seres, la memoria en poemas, novelas, cuentos… La identidad propia frente a autores y títulos, la autonomía al escoger un libro, la capacidad de discernir entre “best seller” y el gusto propio, la necesidad pues, de zambullirse cada tanto en las hojas.

La única manera de convencer a otros de leer es leyendo amar hacerlo, contagiar la pasión a través de uno mismo y la experiencia con los libros.

Dudo mucho que quienes viven en oficinas ordenando se lea más, los secretarios de educación de cada estado, directores, padres de familia y maestros cumplan esos requisitos, y por eso todos, en complicidad pasiva, aceptan que copien peguen las tareas de “Wikipedia” (Antes compraban las estampitas en las papelerías que entregaban los alumnos a la maestra sin leerlas” sin siquiera comprobar la comprensión lectora, que en realidad es el tema).

¿En qué escuela de Sonora se dan a conocer a los escritores regionales? ¿Leen en Hermosillo a Alonso Vidal y Abigael Bohórquez que está de moda en esta administración? Los libros donados del Instituto Sonorense de Cultura en las bibliotecas de todo el estado, ¿son leídos, comprendidos?

¿El maestro más próximo a usted tiene un autor sonorense preferido? Bueno, ¿nacional? ¿internacional? ¿Las madres de familia tienen como primera intención comprar un libro para el cumpleaños del esposo y el esposo al jefe? No, somos un país que no sólo no lee como en otros países no lo hacen por falta de recursos, no leemos porque no tenemos la tradición, ni el ejemplo, ni el gusto. Desde la revolución demagógicamente se institucionalizó, pero en la práctica nadie cree realmente que sea necesario, y ahí tenemos como consecuencia, a los médicos del seguro social que escriben y hablan con faltas de ortografía, a los ingenieros que hacen nuestras casas, a los maestros que enseñan a los hijos, los conductores y locutores que ni por equivocación nombran un libro o frase de algo que hayan leído y no sea post de Facebook y prefieran evocar “los viernes y el gusto por la cerveza”, la gran mayoría con apenas suficiente promedio para haber concluido sus estudios. Por eso no me extraña que el presidente no pueda dar un título de un libro, ni sus asesores se les hubiera ocurrido escribirle uno en una tarjeta, es, sin lugar a dudas, reflejo de la sociedad donde vivimos.

 

 

*Magali Romano es periodista cultural para radio y televisión. Trabaja en Telemax desde hace 19 años. Es titular del programa Cóctel desde hace 13 años.


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Un comentario en "Ruta de ideas: Reflexiones inútiles sobre la lectura"

  • el 18 enero, 2017 a las 7:41 pm
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    Si, Magaly. Es muy cierto, lo que plasmas en tu artículo; y, te felicito por ello. En efecto, somos los adultos, los que debemos fomentar en nuestros hijos y nietos, el gusto por la lectura. Siempre que platicamos en familia con mis hijos y nietos, se me ocurre repetir alguna expresión de autores que leí en la preparatoria o en mi pasada juventud y luego me preguntan, ¿en qué libro leíste eso o esto?. Yo les contesto, lean el libro y van a descubrir cosas que nunca se hubieran imaginado. Y a propósito aún recuerdo aquel pensamiento que plasma tu abuelo en su libro “El Secreto del Bien y del Mal” en obvia referencia a la clase de ética, que por aquellos ayeres, se impartía en la escuela preparatoria de la UNISON (1962). Se refería Don José Romano Muñoz a un ejemplo, el de Rockefeller, quien se quejaba de sus males. Y un día de tantos declaró a la prensa, que daría toda su fortuna, a quien hiciera posible que él, se tomara un vaso de leche, sin que resintiera su estómago. En este pensamiento, en esta expresión, se encierra una gran enseñanza: que el éxito y con ello la felicidad, no consiste en el tener. Tema éste, que el Neuropsiquiatra Judío Alemán Erick Fromm desarrolla en su libro “Ser o Tener”. La verdad es, que lo único que desbasta la piedra en bruto, es la lectura. Yo aconsejo a mis nietos que no se limiten a lo que les diga el maestro en clase; que lean mucho. Y estoy de acuerdo, que los jóvenes de hoy, todo lo quieren obtener del internet. Ojalá que tu aportación se divulgue entre jóvenes y viejos. Nunca es tarde; al menos yo, ya empecé; ¡quien sabe!, cuando termine. Un abrazo y nuevamente feliz nuevo ciclo astronómico.

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