De mente abierta y lengua grande: Las bolas antiadherentes

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail

Chef Juan Angel | @chefjuanangel

La Capital del Mundo se divide en dos grandes áreas: “El pueblo”, donde residen la mayoría de sus habitantes originarios, y “El llano” habitado principalmente por turistas que rentan casas para ir a pescar, vacacionar o descansar; y precisamente ahí, se ubica la única gasolinera de la localidad cuyo propietario, Pancho, vivía en una casa en la orilla de El Llano, ubicada junto a una colina donde se podía encontrar lo que para nosotros era el “oro blanco”.

Clan clan clan

Todos recogimos nuestros cuadernos de prisa…
-Muchachos, no se les olvide que ya viene mayo, y para educación artística vamos a hacer unos regalos para sus mamás- si estabas en cuarto año de primaria, era seguro que realizarías una manualidad guiada por la profesora Marisela.

-Oye Juan Angel fíjate, vamos a ahorrarnos unos pesos, cerca de la casa de Pancho me dijo mi mamá que vio muchas piedras blancas, ¡vamos!- Saliendo de la escuela pedí permiso a mi papá, y sin quitarnos el uniforme, tomamos una bolsas de plástico de la cocina, caminamos rumbo al llano, subimos la cuesta, giramos hacia la derecha y empezamos a explorar entre las piedras de la colina; me entretuve observando las piedras de colores, mientras Candelario apilaba unas lajas de color blanco…
-¡Juan Angel deja de jugar y trae las bolsas!-
Tuve que encimar dos bolsas de plástico para poder contener las piedras. Regresamos a paso firme, con el sol a cuestas, hacía mucho calor y también teníamos bastante hambre. De regreso llegamos primero con la Pancha, mamá de mi amigo. En la hornilla tenía papas con carne endiablada y acababa de cocinar decenas de tortillas grandes.
-Vamos a quitar el comal Juan Angel, ayúdame- Con un trapo en mano sostuvimos el utensilio que guardaba una temperatura tan alta que podía cocinar un huevo en segundos, y lo recargamos sobre la pared, colocándolo cuidadosamente sobre el piso.
– Trae el yeso Juan Angel- Candelario tomó las piedras y las colocó sobre las brasas, una vez que estuvieron ligeramente tostadas por un lado, las volteó y cuando se empezaron a desmoronar, las retiró. Esperamos que se enfriaran y las dispusimos en un metate para pulverizarlas y cernirlas hasta obtener un polvo fino que dispusimos en bolsas de plástico y llevamos a a la escuela al día siguiente.

-A veeeer, quién trae yeso que me regale y a cambio le presto el molde- Kena traía un molde nuevo, que nadie conocía ni había usado, es más, no había figura de su tipo en ninguna casa del pueblo; me acerqué rápidamente
-Nosotros Kena, Cande y yo te damos de nuestro yeso- Kena nos volteó a ver con desconfianza
-¡Pero pobre de ustedes que esté mal tatemado y no se cuaje!-

En un balde vertimos agua y yeso, batimos hasta que se hizo una sustancia parecida a la masa para hotcakes y la dispusimos sobre el molde.
-La primera figura es mía- dijo Kena; el molde prometía un marco ovalado con pequeñas decoraciones redondas en la orilla y al centro una gran maceta repleta de flores con estilos y formas diferentes. Esperamos unos minutos y el yeso empezó a ponerse caliente, señal de que iba a solidificarse exitosamente, al cabo de unos minutos desmoldamos, y dejamos al sol hasta el día siguiente cuando llegamos con frasquitos de pintura Baco y empezamos a intercambiar entre todos para lograr más colores y pintar la figura elegida.

Nunca me sentí más orgulloso de una manualidad como en aquel momento con mi maceta de yeso repleta de coloridas flores en tonos carmesí. El 10 de Mayo fue el regalo para mi mamá, la colgó arriba de la puerta de la cocina. Candelario regaló el yeso restante a su nana, quien lo amasó con poca agua, formó bolitas de 8 centímetros y con las yemas de los dedos les esculpió pequeños chichones que funcionaban como agarraderas, días después vi una en la cocina de mi casa, mi mamá la sumergió en agua, y la frotó sobre el comal de tierra para crear una capa blanca y antiadherente que le permitiera cocinar tortillas de maíz sin que se pegaran en la superficie. Después supe que toda la faena que realizamos para obtener el yeso, era una actividad que también hacían nuestras abuelas, para después formar las bolas antiadherentes que definían el éxito de unas buenas e hinchaditas tortillas de maíz.

Chef Juan Angel – Licenciado en Periodismo y chef profesional, conductor de televisión, creador de contenidos gastronómicos y embajador de marcas de alimentos.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *