Celuloide: È stato la mano di dio

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Por Jesús Ricardo Félix
Jesús Ricardo FélixAl buscar la palabra saudades en la red el diccionario nos arroja una serie de palabras como: nostalgia, tristeza, añoranza… pero lo cierto es que ninguna de ellas alcanza a precisar el significado que encierra la palabra en su lengua de origen; el portugués. Y es que hay palabras que al ser traducidas pierden su sentido o expresiones que solo pueden ser comprendidas en su totalidad en la lengua original. El caso es que la palabra tiene traducción pero no alcanza a representar o abarcar el significado en su conjunto.

Una de las explicaciones que más se le acerca es que es una especie de disfrute de la melancolía. La película de la que hablaremos está semana en el Celuloide es un filme lleno de saudades. Fue la mano de Dios, es una película italiana estrenada apenas unos días dirigida por el napolitano Paolo Sorrentino. Este director viene dando de qué hablar desde hace ya algunos años, para algunos es un eslabón que conecta a la etapa del neorrealismo italiano de los Luchino Visconti, los Rossellini, los De Sica, con los Giuseppe Tornatore, los Scola y los Benigni. En medio de todos ellos surge la figura de Federico Fellini como principal influencia del realizador. El director ha reconocido que se trata de un filme autobiográfico donde narra experiencias de vida que lo llevaron a convertirse en un cineasta. No es el tipo de película de los inicios de Fellini como La Strada o Le notti di Cabiria tiene más relación con un cine tipo Amarcord donde los hechos biográficos se fusionan con la ficción del cine.

Para facilitar el análisis de la película enumere las nostalgias en tres puntos principales que creo que se conectan a lo largo del filme:

1.- Maradona

La figura de Maradona rodeada de mitos revela también la euforia religiosa con la que se vive el fútbol en el sur de Italia. Los personajes explotan con los goles del diez independientemente que lleve el jersey de Nápoles o de Argentina. El fútbol reúne a la familia, viejos, jóvenes, mujeres, niños, todos se congregan alrededor del televisor para compartir las emociones que transmite. El Diego es añoranza, identidad, nostalgia por los años dorados del Napoli pero también la magia y el folclor que esconde la fe del sur de Italia como la figura del Munaciello.

Separador - La Chicharra

2.- Nápoles

El director convierte en el personaje principal a la ciudad que lo vio crecer en la década de los ochentas. Entre las calles de Nápoles, Paolo Sorrentino nos transmite la nostalgia de las calles empedradas que cohabitan con el mar, un tal Federico también nació en un pueblo costero solo que en Rímini y ambos partieron a Roma para hacer realidad sus sueños. Las motonetas Vespa recorren las piazzas coloridas mientras se observa a los napolitanos alentando al equipo marchando juntos hacia el estadio San Paolo (ahora llamado Diego Armando Maradona) en el barrio de Fuorigrotta. No sabemos si el diálogo entre Fabietto, el personaje que representa a Sorrentino y Antonio Capuano realmente ocurrió lo que sí se sabe es que Capuano le dio la primera oportunidad en el cine.

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3.- Adolescencia

Las comidas familiares en Italia son todo un tema y no hay mejor momento para explorar dicha cultura que a través de la relación con su gastronomía. Es por ello que en las escenas de la familia comiendo son las que más recuerdan a las películas de Fellini, la manera en que la cámara retrata los rostros exagerados de los familiares sentados alrededor de la mesa, la señora Gentile comiendo el queso a mordidas apartada de la mesa.

La película también es un despertar del personaje adolescente de Fabietto de la edad de la inocencia a una etapa donde se ve obligado a salir de su zona de confort a descubrir el mundo como realmente es. La sexualidad, la identidad, el fútbol y el cine conviven en esa ciudad llamada Nápoles para dar forma al futuro de Fabietto escondido abajo de sus audífonos.

Definitivamente recomendable, hay pocos directores que intenten seguir haciendo magia con el cine de la manera que lo hace Paolo Sorrentino, ya sea para exorcizar sus demonios o para intentar olvidarse un poco de la realidad.

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