Tuercas y tornillos: El machismo y el presidencialismo mexicano

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Dr. Mario Alberto Velázquez García | Academia Mexicana de Ciencias
En estos días, donde la sociedad reflexiona sobre la violencia contra las mujeres, resulta oportuno pensar sobre uno de los elementos culturales que están en el centro de este comportamiento: el machismo.

El machismo puede ser definido como una identidad, socialmente construida, donde los sujetos que la adoptan consideran que tienen características, roles y estatus sociales que los ponen arriba de otros, sean estos otros hombres y mujeres. El macho piensa de sí mismo como superior, más inteligente, fuerte, activo y capaz. Es decir, todas esas características que durante varios siglos se pesaron como exclusivas de los hombres. La diferencia está en que el macho no sólo se siente superior a las mujeres, sino también a otros hombres. Este auto atributo que los machos hacen de sí mismos, no sirve únicamente para las relaciones personales, sino que se convierte en un modelo que ha permeado a la manera de concebir a los dirigentes: el macho como el modelo “ideal” de líder.

Como todos sabemos, el estereotipo de macho fue altamente utilizado en el cine mexicano durante su llamada “época de oro”. Los personajes centrales, generalmente eran algún tipo de macho lleno de características “extraordinarias” que lo mismo les permitía conquistar y someter a la mujer(es) deseada, pero también ser el líder de su circulo social o familiar, al mismo tiempo que era encantador, y lleno de talentos demostrables como el canto o montar a caballo. El macho en el cine fue la versión mexicana del “pícaro” que, aunque viniera de un origen humilde, era capaz de “salirse con la suya” por sobre los que tenían alguna forma de autoridad o poder sobre él: padres, rivales, etcétera.

Este modelo de macho fue transferido como parte del imaginario de lo que constituía un líder: aquel que por sus “cualidades” está por encima de los demás (de nuevo mujeres, pero también otros hombres) y es capaz de imponer su voluntad. El presidente mexicano, el modelo último de liderazgo en México, terminó adoptando al machismo como parte de los atributos que justificaban su predominio sobre el resto de la sociedad: el presidente es la principal autoridad pero también el más macho entre todos los mexicanos. Sin duda, uno de los presidentes que más adoptó este estereotipo a su imagen personal fue José López Portillo: atleta, escritor (la parte romántica del macho que no cantaba, pero a cambio escribía), no temía imponer su figura masculina y vociferar todo tipo de mentiras o falsas promesas y que tenía amantes, como demostración de su “hombría”.

Como explica Bourdieu, una de las características sociales de este tipo de figuras sociales como el macho, es que eterniza ciertos modelos de comportamiento, buscando convertirlos en una parte tan naturalizada de las relaciones sociales que ya ni siquiera necesitan de formas de legitimación, son dados por hecho. Esto sucedió con la identificación del macho con la autoridad presidencia en México, hasta el punto que todos los presidentes recientes han utilizado características del macho para construir su figura de autoridad: Vicente Fox como el ranchero, atrabancado y respondón; Calderón como un macho urbano; Peña como el conquistador y el actual presidente López como padre-macho que busca corregir a los hijos. Esta figura de macho como constitutiva de la autoridad presidencial mexicana explica porque los presidentes nunca aceptan cometer un error: los machos no pueden equivocarse, de lo contrario ellos mismos socavarían su poder. Los presidentes no pueden tolerar que alguien sepa más que ellos de cualquier tema: ellos son la “máxima autoridad” (ahora tienen sus propios “datos”).

La llegada de una mujer a la presidencia de la república no acabaría por sí mismo con esta lógica machista. Por el contrario, puede acceder una mujer que tenga introyectados todos los valores del machismo en su actuación política. Lo que si resulta fundamental es que las figuras de autoridad en México sean separadas de los imaginarios relacionados al machismo, a fin de construir una sociedad más igualitaria.Separador - La Chicharra

MARIO ALBERTO VELÁZQUEZ GARCÍA
Profesor- Investigador de El Colegio del Estado de Hidalgo.
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel 1. Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC). Doctorado en Ciencias Sociales con Especialidad en Sociología, El Colegio de México. Maestría en Ciencias Sociales con Especialidad en Desarrollo Municipal en El Colegio Mexiquense. Licenciatura en Sociología, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Director de la Revista: “Revista Científica de Estudios Urbano Regionales Hatsö-Hnini”, www.revistahatsohnini.com.mx.

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