Tuercas y tornillos: La COP26 y Emilio Lozoya o la administración de las desgracias

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Dr. Mario Alberto Velázquez García | Academia Mexicana de Ciencias
¿Qué tienen en común la realización de la cumbre mundial ambiental COP26 y la entrada en prisión preventiva del ex director de Pemex Emilio Lozoya? Además de su fortuita coincidencia temporal estos dos acontecimientos ilustran un mecanismo de la política actual, lo que yo llamo la “administración de las desgracias”.

La COP26, como su nombre lo indica, tiene como antecedentes 25 reuniones anteriores dedicadas a tratar de resolver un conjunto de problemas a los que comúnmente referimos como “contaminación ambiental” y que tienen una de sus secuelas más preocupantes en el aumento del calentamiento de la temperatura del planeta. Existe varios estudios que demuestran los terribles efectos de dicho calentamiento en diversas zonas del mundo: sequías, inundaciones, huracanes, incendios, nevadas o aumento drástico en la temperatura. Latinoamérica es una de las más vulnerables a estos efectos.

A pesar de la evidencia de que el calentamiento global ya no es una especulación, sino una realidad global, los líderes de todos los países continúan posponiendo para el futuro, ahora fijado en el 2030, la aplicación de medidas que resultan urgentes ahora. Esta manera de actuar tiene varias explicaciones, la que yo propongo es que estos políticos se han dado cuenta que les resulta más redituable una resolución diluida, lenta o pausada de los problemas por más apremiantes que estos sean. Esta administración de las desgracias permite a los políticos mantener una plataforma de acción frente sus electores y también de negociación frente a otros países o sectores, como las agencias internacionales o las empresas. Así, los países llamados desarrollados pueden establecer formas de presión y extorsión política y económica sobre los países no desarrollados que no pueden cumplir con las cuotas acordadas de reducción de sus emisiones, lo que permite mantener bajo el precio de los productos provenientes de estas zonas. Por su parte, los líderes de los países no desarrollados pueden utilizar las selvas, bosques u otras formas de biodiversidad para conseguir recursos económicos que les permita financiar sus proyectos políticos o sus aspiraciones económicas personales. El dinero difícilmente llegará a las personas y las zonas donde se requiere.

Esta administración de la desgracia es entonces un mecanismo donde la falta de colaboración, lejos de ser un problema, es utilizado como una oportunidad para los distintos intereses políticos en el mundo; los países en desarrollo argumentan que no tienen los recursos necesarios para aplicar controles al uso de sus recursos naturales porque los países ricos no quieren apoyarlos, mientras los países desarrollados denuncian la corrupción o los regímenes políticos contrarios a su propia visión del mundo como el obstáculo para poder destinar mas dinero. La desgracia mundial, el calentamiento global, no busca ser resuelta, todo lo contrario, su presencia es indispensable. Esta versión global del “juego de la gallina”, donde todos los conductores están esperando que sea el otro que desvié su vehículo de la trayectoria de coalición puede terminar con ese gran choque que tiene ya una cifra fatal: 2 grados de calentamiento global.

En el caso de Lozoya, esta persona fue extraditado de España a México desde marzo del año 2020, desde esa fecha el ex director de Pemex negoció un “criterio de oportunidad” para colaborar en diversas investigaciones sobre lavado de dinero y desvió de recursos. El gobierno, en vez de querer resolver el daño causado a Pemex y al erario público, buscó administrar la desgracia de la corrupción del sexenio anterior, usando a Lozoya como el delator que poco a poco le diera material político para continuar su ataque. Esto explica porque no fue ingresado a un penal, sino mantenido en una situación privilegiada en pleno uso de sus bienes y dineros. Esta administración de la desgracia ya no fue sostenible cuando un par de fotos mostro a este personaje cenando en lujoso restaurant.

Como podemos ver en ambos casos, la COP26 y el caso Lozoya. lo que menos interesa es resolver o remediar el daño causado, sino prolongar la presencia del acontecimiento que daño a el mundo o un país, como una herramienta para el logro de fines políticos. La administración de estas desgracias resulta redituable, aunque éticamente sea inadmisible.

Separador - La Chicharra

MARIO ALBERTO VELÁZQUEZ GARCÍA
Profesor- Investigador de El Colegio del Estado de Hidalgo.
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel 1. Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC). Doctorado en Ciencias Sociales con Especialidad en Sociología, El Colegio de México. Maestría en Ciencias Sociales con Especialidad en Desarrollo Municipal en El Colegio Mexiquense. Licenciatura en Sociología, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Director de la Revista: “Revista Científica de Estudios Urbano Regionales Hatsö-Hnini”, www.revistahatsohnini.com.mx.

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