Celuloide: Los siete de Chicago o en todos lados se cuecen habas

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Por Jesús Ricardo Félix
Jesús Ricardo FélixSe dice por ahí que el Borrego tomó Bacanora y preparo una salsa de molcajete para la carnita asada, le doy 3.5 grados en mi escala de sonorenseidad, que el Ritchie Bours se burló de Durazo porque confundió la Sierra del Pinacate en Sonora con el cerro del Pinacate en Chihuahua le doy 2.9 grados en la misma escala. Que Durazo no come cortes de carne menores a 10 centímetros de grueso sino que compra diezmillo de un centímetro como lo hace el resto del pueblo por eso asumo entiende nuestras necesidades, le doy 3.2 grados en el sonorensómetro. Yo la verdad ya le pongo más atención a la telenovela que protagoniza Canelo contra el zurdo británico Billy Joe Saunders o si Floyd Mayweather se enojó porque el YouTuber güerito le quito la gorra como si fuera pleito de secundaria.

A través de los años he perdido mi fe en los premios Oscar que cada vez se parecen más a los premios TV y novelas, los estudios premiando a sus propias producciones que se rigen cada vez más por cuestiones relativas a la política que por criterios de índole artística. Pero en está ocasión escuché hablar de Los 7 de Chicago, que estaba nominada y que valía la pena, por eso aquí va un modesto análisis de la producción mencionada.

Los 7 de Chicago es una película escrita y dirigida por Aaron Sorkin un estadounidense con raíces judías. Dicha película está basada en hechos reales que ocurrieron a fines de la década de los sesentas en la convención demócrata en Chicago. Imaginen el contexto, la era hippie en pleno apogeo, la muerte de líderes como Martin Luther King, un tal John F. Kennedy y la guerra de Vietnam. Un país que a lo largo de su historia se ha situado como líder mundial en base a la industria de la guerra y que se asume como el lugar más libre del mundo no podía permitir que un Martin Luther King grupo de líderes pacifistas se opusiera a sus intereses. De hecho se parecían más un grupo de “hippies” poco organizados que agitadores sociales entre ellos David Dellinger, Rennie Davis, Jerry Rubin, Tom Hayden, John Froines, Lee Weiner, Bobby Seale, y Abbie Hoffman.

En la película se nos muestra como una serie de policías infiltrados, un juez corrupto y racista, un jurado a modo era suficiente para condenar y tratar como terroristas a un grupo de pacificadores.

El alcalde de Chicago había prohibido las manifestaciones acción que viola la primera enmienda de EUA y para ello había movilizado a más de mil agentes secretos, policías, soldados y agentes de la guardia nacional. Como una especie de Tlatelolco norteamericano, en menores proporciones, la fuerza desmedida de los cuerpos policiacos tornó la creciente manifestación pacífica en un juego violento que el gobierno sabe cómo jugar. Los pacifistas fueron el chivo expiatorio a través del cual el gobierno se lavaba las manos. Como han de imaginar la cuestión tenía más tintes políticos que jurídicos ya que se venía la era de un tal Richard Nixon por lo que había que pintar la rayita con los líderes pacifistas y dar un castigo ejemplar. Algunos de los acusados vieron el juicio como un medio para llevar su mensaje a otros niveles e incluso los panteras negras representados por Bobby Seale aprovecharon la plataforma para transmitir su mensaje. Los seguidores de Abbie Hoffman no dejaron pasar la oportunidad y propusieron como candidato a un cerdito llamado Pigasus acusando de fascistas a sus gobernantes.

Definitivamente recomendable, muestran como el sistema legal norteamericano no es ni infalible ni incorruptible y está condicionado por intereses políticos. Muy bien producida y dirigida a pesar de ser una versión Hollywoodizada de la realidad incluye actuaciones destacadas como la de Eddie Redmayne interpretando al activista Tom Hayden y el cómico Sacha Baron Cohen en el papel de Abbie Hoffman.

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