La Perinola: Persona y comunidad

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Por Álex Ramírez-Arballo
Atiendo con curiosidad un falso debate virtual, uno que enfrenta de manera irresoluble a dos bandos; por un lado, unos aseguran que “el cambio está en uno mismo”; por el otro están quienes, así lo creo, suponen que todas las transformaciones humanas descienden de lo más alto sin que la voluntad de todos nosotros tenga vela en el entierro. Estoy seguro de que todos ellos, sin importar a cual de estos bandos pertenezcan, desean lo mejor para sí mismos, sus familias, sus comunidades, su país. Lo que los diferencia es la lectura que hacen del mundo; unos apuestan por la acción cotidiana y la iniciativa propia, mientras los otros confían ciegamente en las estructuras del poder político: creen que la realidad se modifica por decreto.

Las posiciones radicales tienden a ser unívocas, es decir, reduccionistas. No es verdad lo que dice esta gente: la vida humana cobra sentido en esa sana tensión que oscila entre la persona y la comunidad a la que pertenece. Ni lo uno ni lo otro: las dos cosas.




Pensar que “el cambio está en uno mismo” es organizar el mundo en torno a un pensamiento mágico y, por lo tanto, absolutamente inútil. No somos islas a la deriva en los mares del tiempo sino personas con capacidad de acción y colaboración, lo cual es indispensable para realizar nuestro proyecto personal. No basta que yo me convierta en un santo, vamos a decirlo así, para que el mundo cambie, pero eso sí, es indispensable; además de la voluntaria evolución personal es menester abandonar el ideal del individualismo y entender que es la acción pública dirigida hacia un estado de consensos que consoliden un auténtico bien común lo que consigue transformaciones estables y duraderas. No es fácil ni rápido. Se trata de un proceso que lamentablemente en el país hemos postergado debido a nuestra infantil vocación por lo inmediato.

Por otro lado, pensar que es preciso diseñar un plan social general que una clase política se encargará de implementar de manera perfecta es pecar de arrogancia intelectual. No hay teoría que abarque la realidad. La vida de las sociedades no se construye exclusivamente con base en legislaciones; es preciso, además, comprender el valor único de cada uno de nosotros, nuestra vocación de libertad irrenunciable y, sobre todo, nuestra legitima capacidad de disentir con las determinaciones públicas que se realicen desde los aparatos del estado.

El desarrollo de los pueblos es público y privado, entraña la organización civil que hemos heredado de las democracias tanto como la voluntad individual personalizada de ejercer nuestro libre albedrío de manera responsable.

Elijo para mí un término mejor que el de individuo o ciudadano: soy persona y vivo, bendito sea Dios, entre otras personas.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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