El color de las amapas: El asalto al cuartel de Cd. Madera, Chihuahua

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“Nuestro deseo es cambiar el mundo y eso nos llevará mucho tiempo.
Mientras más pronto empecemos a luchar por cambiarlo, mejor”
Arturo Gámiz García

Por Ignacio Lagarda Lagarda
Inspirados seguramente en la acción realizada por Fidel Castro, en el año de 1953 contra el cuartel Moncada de Santiago de Cuba, y que lo llevó al poder en 1959, la madrugada del 23 de septiembre de 1965, un grupo de jóvenes guerrilleros asaltó el pequeño cuartel militar de la población de Madera, Chihuahua. Los atacantes eran comandados por Arturo Gámiz García; un profesor de 25 años originario de Las Nieves, Durango y por Pablo Gómez Ramírez; un médico y profesor rural de 39 años, ambos dirigentes del movimiento campesino, estudiantil y magisterial que desde los años sesenta, se había desarrollado en Chihuahua y el norte de Durango. Ambas acciones tuvieran algo en común: fracasaron.

El 23 de septiembre de 1965, marca la fecha del inicio de las operaciones ofensivas del movimiento revolucionario armado socialista marxista en nuestro país. Dio origen también a importantes organizaciones regionales que se ramificaron a nivel nacional, como el Movimiento 23 de Septiembre, el Grupo Popular Guerrillero «Arturo Gámiz», los Guajiros, Los Procesos, Movimiento de Acción Revolucionaria 23 de Septiembre, el Partido de los Pobres y dio origen también, al grupo guerrillero urbano llamado Liga Comunista 23 de Septiembre. Todos esos grupos fenecieron en la segunda mitad de los años ochenta.

El municipio de Madera se localiza en la parte noroeste del estado de Chihuahua, a 276 kilómetros de la capital del estado. Limita al norte con Casas Grandes; al este con los de Ignacio Zaragoza, Gómez Farías y Temosachi; al sur con este último y al oeste con los de Nácori Chico, Bacadéhuachi y Sahuaripa del estado de Sonora y alcanza una altitud de 2,110 metros sobre el nivel del mar.

El nombre de Madera, tiene su origen en un aserradero de madera y una estación de tren para el embarque de la misma, que estableció en 1906, la empresa Sierra Madre Land Lumber Company en el punto llamado Ciénega de San Pedro.

La operación militar tenía por objetivo disminuir la moral del ejército, cortar las comunicaciones, asaltar el banco para obtener dinero, saquear de provisión a la empresa Mercantil de la Sierra y tomar la radio para dirigirse a la población y explicarle el porque se hacía aquello.




Circunstancias fortuitas impidieron la coordinación final de los tres grupos formados. El dirigido por Saúl Ornelas y Pedro Uranga, conformado con estudiantes normalistas, se pierde en la sierra y no llega al lugar de la cita. El otro comandado capitaneado por Salvador Gaytán, integrado por alrededor de treinta campesinos, tampoco llega a la cita, debido a la crecida de los ríos por las lluvias de septiembre. Así, el grupo de ataque quedó reducido solamente a trece miembros.

La lucha obrera, campesina y estudiantil en el estado de Chihuahua se inicia en 1962. En este año Arturo Gámiz, es el dirigente de la Unión General de Obreros y Campesinos de México (UGOCM) desde la cual llama a la ocupación pacífica de la tierra por parte de los campesinos.

Entre junio y julio de 1963, el periódico La voz de Chihuahua publica el estudio de Arturo titulado “La tenencia de la tierra”, en el que explicaba que en dicho Estado, 24.5 millones hectáreas pertenecían a 300 latifundistas mientras que 100 mil ejidatarios se repartían 4.5 millones de hectáreas. En el mismo periódico, el periodista Carlos G. Fierro escribía el 16 de junio que “en Chihuahua importa más una cabeza de ganado que el estomago de diez mil campesinos”.




Durante los años de 1964 y 1965, en el proceso de la lucha contra el latifundio y contra el gobierno protector del mismo, los estudiantes de la Normal de Chihuahua, La Normal Rural de Salaices (varones) y la Normal Rural “Ricardo Flores Magón” (mujeres), acompañan a los campesinos en las invasiones de tierras y las marchas, los apoyan en sus mítines y en la toma de oficinas. Aquello se convierte en un proceso campesino, estudiantil y magisterial que vivió sus mejores etapas en la década de los sesenta que desemboca en 1968 y 1971 con el despertar de la rebelión universitaria.

En octubre de 1963 se llevó a cabo, el primer Encuentro de la Sierra, llamado Heraclio Bernal, en Dolores de Cebadilla, municipio de Madera, donde se dan a conocer cinco documentos básicos del movimiento y en febrero de 1965 el segundo, también llamado igual en Torreón de Cañas, Las Nieves, Durango, En enero de 1965 se realiza un congreso de la UGOCM en la Cd. de Madera de donde surge la idea de tomar otras medidas – de tipo armado – contra los caciques de la región.

Pero desde 1963 la guerrilla ya había empezado a actuar: Un grupo de 11 personas, comienza a ser perseguido por los Estados de Sonora y Chihuahua y el 15 de julio combaten contra un grupo de cinco policías judiciales de este último Estado, al que derrotan y desarman.




El 29 febrero de 1964 vuelan un puente propiedad de don Florentino Ibarra, conocido terrateniente a quien ejecutan el 5 de marzo y luego, el 12 de abril le queman la casa y una estación de radio.

En mayo 1965, atacan a un pelotón de soldados y policías cerca de Ciudad Madera, al que también derrotan, hiriendo a tres de ellos y apoderándose de equipo militar.

Durante los primeros meses de ese año, algunos compañeros se concentran en Zacatecas, otros en la Cd. de México para llevar a cabo un proceso de entrenamiento y preparación para la lucha armada y frontal contra el gobierno federal.

Ante la imposibilidad de realizar una lucha pacífica, que era duramente golpeada con cárcel y represión, Arturo Gámiz decide que es el momento de tomar las armas: “Durante años, por las buenas estuvimos pidiendo justicia pero usted, señor gobernador, nos despidió siempre con insultos, se puso de parte de los latifundistas y les dio fueros. Empuñamos las armas para hacer por nuestra propia mano la justicia que le niegan a los pobres”, le expresó al Gobernador Práxedes Giner Durán en un desplegado.




Para septiembre la desición ya había sido tomada: atacar el cuartel militar de Cd. Madera y al amanecer del 23 de ese mes, el grupo de Arturo Gámiz, compuesto por 13 personas, ataca por sorpresa el cuartel de Ciudad Madera en el que se encontraban 125 soldados. La inexperiencia de los guerrilleros les hizo cometer un gran error táctico: a sus espaldas se encontraba una inmensa explanada de unos dos kilómetros antes de llegar al monte donde hubiese sido más fácil esconderse en caso de huida o retroceso.

El 24 de septiembre de 1965 el país entero se conmovió con la información que dieron los diarios del país: el cuartel que alojaba en Madera, Chihuahua a 125 soldados federales, fue asaltado por un grupo todavía no precisado en su número pero que no llegaba a veinte, de jóvenes que al grito de ¡¡¡¡ ríndanse, los tenemos completamente rodeados!!!!, intentaron apoderarse del cuartel: unas barracas de madera que las Compañías Madereras habían proporcionado al ejercito y convertir en prisioneros a los soldados federales allí acuartelados. El hecho sangriento tuvo lugar en las últimas horas de la madrugada del día 23.




Un diario afirmó que “los primeros disparos se escucharon a las 6:10 de la mañana y que el tiroteo duró tres horas”. Otro señaló las 5:50 horas como el momento, en que el ataque se inició y le dio una duración de hora y media. La verdad es que debió iniciar el tiroteo cuando todavía faltaba totalmente la luz solar. El maquinista ferrocarrilero que a esa hora se preparaba para la diaria jornada, al encender el farol de la maquina a su cuidado, iluminó a los atacantes que se encontraban parapetados en la vía del ferrocarril y a los soldados que avanzaban sobre ellos. De acuerdo con el plano recogido del cadáver de Arturo Gámiz García, los atacantes se colocaron en cuatro lugares: tras la vía férrea, frente al cuartel, en la escuela y la iglesia, en la Casa Redonda y en la casa del Sr. Pacheco y detrás de una camioneta.

En ese mismo plano -figura una relación de 12 nombres de personas, entre las que no está el de Arturo Gámiz-, señalando las posiciones, armas, granadas, etc., de que cada uno disponía. Debido a que ese documento se considera como plan de ataque al cuartel, se fortalece la suposición de que fueron trece los autores del asalto: los doce enlistados más Arturo Gámiz.




Los primeros disparos que ocurrieron justamente en el momento en el que, los soldados acuartelados, realizaban las maniobras necesarias para tomar el primer alimento del día. La disciplina militar se impuso entre el grupo de soldados desarmados que en esos momentos salían para recibir “el rancho”. Se tiraron pecho a tierra y poco a poco fueron recogiendo sus armas y municiones mientras que -desde cuatro rumbos distintos- les disparaban y lanzaban bombas de fabricación casera y granadas que -ya antes- los guerrilleros habían recogido como botín al copar y apresar a una patrulla de soldados federales, a los cuales dieron libertad después de desarmarlos, como también ya antes habían hecho prisionera a una patrulla de soldados estatales, a los que también desarmaron y dejaron en libertad. A esa hora la oscuridad era completa: los soldados disparaban guiándose únicamente por los fogonazos producidos por los disparos de los asaltantes y por el rumbo que señalaban los gritos e intimaciones para que se rindieran.

Aunque al principio por el factor sorpresa los rebeldes tienen la iniciativa, esta pronto termina. Gracias a la delación de los planes del ataque por parte del infiltrado ex capitán Lorenzo Cárdenas Barajas, el ejército ataca desde dos posiciones envolventes y prácticamente aniquila los comandos.




Una vez pasado el suceso y hecho el recuento de los muertos y heridos de ambos bandos, el resultado era el siguiente:

Los rebeldes caídos fueron:
Arturo Gámiz García, ex -profesor rural de 25 años que sirvió en una escuela rural de Estado y principal dirigente de la guerrilla; Pablo Gómez Ramírez, médico y profesor normalista de 39 años, casado con cinco hij@s , que cayó con una bandera blanca que tenía escrito “¡Viva la Libertad!”; Emilio Gámiz García, hermano de Arturo de 20 años, estudiante; Antonio Scobell Gaytán, campesinote 23 años; Salomón Gaytán Aguirre, hermano del anterior, campesino de 23 años; Oscar Sandoval Salinas, estudiante de 20 años, alumno de la Escuela Normal de Estado en Chihuahua, hasta noviembre de 1964, Miguel Quiñones Pedroza, maestro normalista rural de 22 años, egresado de la Normal de Salaices y Director de la Escuela Rural Federal en Ariseáchic; y Rafael Martínez Valdivia, de 21 años, profesor rural en Basúchil.

Lograron escapar con vida:
Guadalupe Scobell Gaytán; se incorpora con Oscar González Eguiarte a la guerrilla en 1968 y muere fusilado por el ejército en Rosario, Tesopaco, Sonora; Ramón Mendoza Torres, es detenido junto con Oscar González Eguiarte, preso en las Islas Marías de donde se fuga; Raúl Florencio Lugo Hernández, se incorpora a la guerrilla urbana, es detenido y pasa años en la cárcel, escribió dos libros testimoniales; Juan José Fernández Adame, dirigió grupos de solicitantes de tierras en Tamaulipas y San Luis Potosí, murió en 2004; Francisco Ornelas Gómez, maestro jubilado, sobrino de Pablo Gómez, el 2005 escribe el libro Sueños de Libertad.




Por parte del ejército murieron:
Tte. Rigoberto Marcelino Aguilar Marín, Sgto. Sdo. Nicolas Estrada Gómez,  Sto. Virgilio Argüelles López, Sgto. Sdo. Virgilio Yáñez Gómez., Cabo Felipe Reyna López, Soldado  Moisés Bustillo Orozco, Soldado Jorge Velázquez Ledesma  

Y resultaron heridos:
Teniente Rigoberto Aguilar Marín, Sargentos, Eugenio Ramírez López, Manuel Romero Cabral y Aurelio Ramírez. Soldados José Natividad Juárez Hernández, Adán Jiménez Martínez, Manuel Félix Hernández, José Roberto García Martínez y Roberto García Mendoza, José Santos Rodríguez

Como escarmiento, los militares pasearon por el pueblo arriba de un camión maderero, los cuerpos de los guerrilleros muertos. El gobernador del Estado, Gral. Práxedes Giner Durán, ordenó que los guerrilleros fueran sepultados en una fosa común mientras que los militares caídos se enterrasen recibiendo honores militares. El gobernador expresó ¿Querían tierra? ¡Dénles tierra hasta que se harten!




 

Después, el sacerdote local Roberto Rodríguez Piña, fue llamado para que oficiara la ceremonia organizada para sepultar a los cinco soldados muertos -cada uno en su caja de madera decorosamente forrada con tela- no tuvo inconveniente alguno para participar en su calidad de sacerdote católico, en las honras fúnebres hechas a los militares; bendijo los ataúdes de los soldados, vistió las ropas usuales en estos casos y dijo las palabras apropiadas -de acuerdo con sus ritos- para el acto. Vecinos y algunos familiares presentes, conmovidos por la tragedia de los ocho muertos en el asalto al cuartel le pidieron lo mismo: que oficiara, que bendijera a Gámiz, a Gómez Ramírez y a sus seis compañeros, pero el sacerdote se negó a hacerlo. Los ocho hombres fueron arrojados como animales en una fosa común llenos de tierra y pólvora, sangrantes después de haber sido paseados sobre la plataforma del camión maderero, los dejaron caer en una gran zanja, sobre la cual, con el tiempo, el pueblo habría de levantar un monumento.

¿La guerrilla se encontraba mal armada para hacer frente a los soldados del cuartel? ¿Fue una acción suicida? En parte sí, como también lo fue la del Moncada. Pero los alzados pensaban que, además de contar con el factor sorpresa, los soldados presentarían poca resistencia en cuanto comenzasen los disparos. Sin embargo no fue así, estaban muy bien adiestrados para ofrecerse a morir en defensa de su cuartel.

En los años posteriores al suceso, se forma un nuevo grupo guerrillero encabezado por Oscar González Eguiarte, que quema un aserradero en Tomochi, Chihuahua, son perseguidos por el ejército, detenidos y fusilados en 1968 en Rosario, Tesopaco, Sonora.




 

*Ignacio Lagarda Lagarda. Geólogo, maestro en ingeniería y en administración púbica. Historiador y escritor aficionado, ex presidente de la Sociedad Sonorense de Historia.


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