martes, junio 25, 2024
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Tono y son: Rodolfo Campodónico

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Por: Jesús M. Corona M.
Jesus_M_Corona_MCuando hablamos de este compositor estamos refiriéndonos a uno de los precursores de nuestra música sonorense, que proyectaron a nuestra producción musical nacional e internacionalmente. Por desgracia, para la mayoría de los hermosillenses –no digamos de los sonorensesCampodónico es el nombre de una calle (sin el “Rodolfo”), desconociendo quién fue y qué hizo. Existe también un busto que por lo pequeño y por su ubicación pareciera que nos avergonzara que lo viera la gente (se encuentra en el pequeño jardín que tiene el antiguo edificio del Banco de México, ocupado actualmente por la Secretaría de Hacienda Estatal). Es un esbozo tímido de homenaje que habría de corregir haciéndole justicia dimensionándole en todo lo que vale el riquísimo legado de Don Rodolfo.

campodonico

Este prolífico compositor ya portaba en sus genes la vocación de músico e inspirado compositor, ya que su padre, don Juan Campodónico, oriundo de la provincia de Génova (Italia) llegó a Guaymas luego de una breve estancia en E.U., a una edad entre 20 y 23 años allá por 1860, cuando no había muchos requisitos para entrar al país. Era hábil y diestro para tocar hasta tres instrumentos a la vez, haciendo mucho ruido aun cuando producía una música agradable, cuentan que sus notas ponían de buen humor a sus oyentes. Sus instrumentos consistían –cuenta en Ing. Juan de Dios Bojórquez– en una flauta como la que usaba el dios Pan y a la cual Don Juan llamaba “flauta mágica” (era de carrizo delgado y se la colgaba al cuello para sonarla sin necesidad de las manos), luego tenía una guitarra grande de muchas cuerdas, el tercer instrumento era un tamborcillo que tocaba con el codo del brazo izquierdo, ya que las dos manos las ocupaba para tocar la guitarra, pronto se hizo popular y le llamaban el hombre orquesta, daba audiencias a domicilio cobrando por sus servicios. Ya con fama y algo de dinero, Don Juan se vino a Hermosillo donde formó una orquesta en la época que era gobernador de Sonora el Gral. Ignacio Pesqueira, quien estimó y protegió al pintoresco genovés.

Establecido en Hermosillo, se casó con doña María de los Dolores Morales, y fruto de ese matrimonio nació el día 3 de julio de 1866 en Guaymas Rodolfo Víctor Manuel Pío Campodónico. Los nombres de Víctor Manuel se los puso su padre en recuerdo de su querida Italia y de su rey.

Rodolfo creció en medio de un ambiente que lo incitó desde muy niño a conocer y apreciar la música y por lo mismo, a los 7 años comenzó a tocar el triángulo primero, y poco después el cornetín, que era su preferido, haciendo sus primeras apariciones públicas a los 11 años y aunque su cultura musical no era muy amplia, poseía el don divino de la inspiración. Formó parte de la Orquesta de Don Juan –su padre– ya solo tocaba la “flauta mágica” y la guitarra.

Al maestro Campodónico le tocó vivir y desempeñar su oficio en la época porfirista y según crónicas del Ing. y político Juan de Dios Bojórquez , nos reseña que hasta 1910 se hablaba no solamente pobres y ricos, sino también de primera, de segunda y de tercera. Los más refinados aristócratas se llamaban “de Pullman”, ¿Dónde se podía mezclar una clase con la otra? Aquí en mi pueblo, el Jardín Juárez tenía dos clásicas y tremendas divisiones, una alta para los ricos, los “curros” y la gente de postín y una baja explanada para los peladitos y las clases humildes, y yo vi cuando niño como cuando se subía al depto. de los ricos un ranchero “sombrerudo” o una mujer de rebozo, llegaba un policía y los invitaba a bajarse amonestándoles haciéndoles ver su inferioridad social, lo que valía era el abolengo, no los recursos materiales. Sigue comentando el Sr. Bojórquez: había gentes de primera que morían de hambre antes de trabajar en oficios corrientes. Los hijos tenían que estudiar las clásicas profesiones de abogados, médicos, ingenieros o banqueros. Se enguantaban las manos a pesar del calor y se lustraban las uñas escrupulosamente.

Y a pesar de ese clasismo tan acentuado, el maestro Campodónico no trataba de usted ni al gobernador, y era bien recibido en todas partes, obeso y corpulento, siempre sonriendo y diciendo gracejadas en todos los círculos sociales, era bien querido por gentes de escritorio, de mostrador, comerciantes, profesionistas y de toda condición social.

A pesar de la obligación de desvelarse constantemente y la costumbre inveterada de los “filarmónicos” de empinar el codo “a la sorda” o aceptando las invitaciones de los fiesteros, jamás aceptó tomar una copa de licor, sus vicios capitales eran el cigarro y el café, fumaba cigarrillos de torcer y bebía grandes tazas de café negro. Permaneció virtuoso y limpio a pesar del contacto con gente de parranda y sin importar el sitio donde hubiera tocado, al día siguiente se presentaba como un caballero y era grata y efusivamente recibido donde quiera.

La orquesta de Rodolfo Campodónico se integraba con 10 filarmónicos y “el cita” (en las orquestas importantes “el cita” acomodaba los atriles, cambiaba las partituras y se encargaba de citar a los músicos cuando había trabajo urgente.

Campodónico tocaba preferentemente el cornetín, pero sabía tocar todos los instrumentos, tenía afición por la música desde su niñez y después de aprender a tocar el triángulo y el cornetín aprendió a tocar la flauta, el clarinete, el trombón y barítono, chelo y contrabajo, frecuentemente utilizaba el cornetín como batuta.

Era hombre gordo y bonachón afable, y dicharachero, se sabía los mejores chascarrillos en voga y los improvisaba con gracia y donaire. Coqueto el hombre, dedicó sus mejores valses a las mujeres y les ponía sus nombres como “Lolita”, “María Luisa”, “Luz”, “Elenita”, etc. Casi no había mujercita guapa de Hermosillo a quien no le hubiera dedicado un vals, se estima que su producción fue de alrededor de 1000 valses.

 

Javier Solís – Club Verde

 

Sin embargo, su pieza maestra y con la que quizás hubiera alcanzado la fama sin necesidad de otras mas fue “Club Verde”, que lejos de surgir de un episodio romántico, de ensoñación, belleza o algún otro sentimiento del alma, todo lo contrario, fue casi un himno de batalla de lucha ideológica que promovía al grupo anti reeleccionista el Club García Morales, que sostenía la candidatura de Don Dionisio González, contra la candidatura oficial de imposición que encabezaba Izabal a favor de D. Filomeno Loaiza para la presidencia municipal de Hermosillo. El color verde era de los independientes y el rojo del mal gobierno.

Los partidarios del Club colorado llevaban ese color en los tacones de sus zapatos y los adversarios el verde.

Los niños cuando silbaban el vals “Club Verde” los llevaban a la cárcel y cuenta la leyenda que hasta al mismo “Chacal” Victoriano Huerta el escuchar el vals lele hacía un efecto sedante y en cierto modo lograba dominar sus impulsos homicidas.

La prohibición del vals –que en principio era pura música– impulsó mas su popularidad, porque gusta más lo prohibido. Alguno de los nóveles poetas de Sonora puso letra a la pieza, pero su letra no trascendió ni pudo captar el favor del público, del célebre vals triunfó la música (la letra fue compuesta posteriormente y se desconoce quien fue su autor, debido a no estar consignado ese dato por sus biógrafos). El vals se tocó en toda América y en Estados unidos, es ya una composición clásica, llegando a interpretarse con algunos otros de sus valses por la sinfónica de Filadelfia.

Le decían “Champ” (una contracción de su apellido con la palabra champion), Campodónico acostumbraba escribir su música por las noches porque era cuando podía concentrarse mejor, tenía gran facilidad para escribir y tuvo mucho cuidado de enviar casi toda su música a una casa de Boston para asegurar la propiedad de la misma, y sin embargo no se escapó de que le fueran plagiadas algunas de sus obras.

Recibió honores y reconocimientos en el extranjero y su fama trascendió hasta Europa, conquistando el gusto de los alemanes entre otros.

Al “Champ” debemos reconocerle y agradecerle que no haya migrado a México D.F. o alguna gran urbe del país o del extranjero, donde hubiera logrado mayor proyección, difusión y mejores dividendos. En cambio prefirió la tranquilidad, la amistad y la convivencia sana y franca de sus coterráneos sonorenses, antes que la fama y el éxito económico.

 

Pedro Infante – Rosalía

 

Las piezas que empezaron a dar popularidad a Rodolfo fueron: Herminia, Rosalía, Julia, Yo te amo, Lágrimas de amor, Luz, Margot, Mi güerita, casi todas sus obras llevaban nombre de mujer y fueron compuestas por encargo de galanes enamorados que pagaban por ellas.

Las únicas obras que no se hicieron para mujeres y que fueron de orden político fueron “Viva Maytorena” y “El himno constitucionalista”.

Aunque no fue político, su amistad con Maytorena lo hizo expatriarse, cuando a fines de 1915 el gobernador Don Pepe Maytorena abandonó el estado después de las derrotas de Villa, Rodolfo lo secundó recorriendo la frontera límite con su estado natal y al fin se estableció frente a la plaza de Agua Prieta, esto es, en la ciudad de Douglas, AZ.

 

Banda de Música del Gobierno del Estado de Sonora – Viva Maytorena

 

Desde principios del destierro Rodolfo Campodónico alquiló una casa en territorio americano y con mucha tristeza, sentía nostalgia del hogar que había dejado en Hermosillo.

Haciendo “de tripas corazón” y resignado a su nueva situación, tuvo que organizar una nueva orquesta y al poco tiempo ya era requerido para amenizar fiestas para las empresas mineras de Arizona. Acostumbrado a convivir con todo mundo en Hermosillo, ahora se encontraba rodeado de desconocidos y teniendo que tocar esa música moderna y extraña para el (Fox trot).

No volvió a Hermosillo y en su casa de E.U. empezó a envejecer, se casaron sus hijos, tuvo varios nietos a quienes adoró.

 

Javier Solís – Julia

 

Fue maestro de otra época, sus valses pueden tener reminiscencias de Strauss o de Waldteufel, que fueron geniales, pero son magistrales porque evocan con fidelidad el alma del Noroeste de México. Como buen artista murió del corazón en Douglas el 7 de enero de 1926 poco antes de cumplir 60 años. Ahí mismo fue sepultado con una sencilla ceremonia y con un pequeño cortejo de familiares y fieles amigos. No hubo oración fúnebre, pero cuando la noticia llegó a Hermosillo, el comercio cerró sus puertas en señal de duelo. Así terminó su vida uno de los mejores compositores mexicanos de todos los tiempos y orgullosamente sonorense.

En mi humilde opinión, en Guaymas –su lugar de nacimiento– o Hermosillo donde compuso la mayor parte de su producción musical de alrededor de 2 mil 500 piezas, se debería organizar un festival similar al que año con año le dedican al Dr. Ortiz Tirado; el ISC tiene la palabra.

Busto de Rodolfo Campodónico en Hermosillo, Sonora

 

 

* L.A.E. Jesús Manuel Corona Martínez. Colaborador


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