jueves, septiembre 24, 2026
ColaboraciónEl disco que no sabías que necesitabas

El disco que no sabías que necesitabas: Bob Dylan y la carretera que llevó al folk hasta el ruido

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El disco que llego del polo norte para quedarse…

Juan Pablo Feria

Juan Pablo Feria
Hay carreteras que sirven para llevarte de un lugar a otro. Y hay otras que, por alguna razón, terminan convertidas en parte de la historia de la música.

La Highway 61 es de esas.

La famosa Blues Highway recorre buena parte de la historia musical del sur de Estados Unidos y está asociada con ciudades, músicos, leyendas y toda esa mitología que hizo del blues una de las raíces fundamentales del rock. Es una carretera que atraviesa territorios donde aparecen nombres como B.B. King y Muddy Waters, y donde hasta las historias más exageradas —como aquella de Robert Johnson y su supuesto pacto con el diablo— terminaron formando parte del imaginario musical.

Y en 1965 Bob Dylan decidió ponerle ese nombre a uno de los discos que marcarían un antes y un después en su carrera.

 

Platiquemos de Highway 61 Revisited.

Dylan tenía apenas 24 años y ya estaba haciendo algo que en aquella época podía resultar casi una herejía dentro del mundo del folk: agarrar la guitarra eléctrica, rodearse de músicos de rock y convertir sus canciones de protesta y sus relatos surrealistas en algo mucho más ruidoso, eléctrico y extraño.

Pero tampoco es exactamente rock.

Hay folk, blues, rhythm and blues, garage y una instrumentación que por momentos parece estar a punto de desarmarse. La voz de Dylan sigue teniendo ese timbre nasal, plano y aparentemente inexpresivo, pero aquí adquiere mucha más fuerza.

Y luego están las letras.

Porque intentar explicar algunas canciones de Dylan línea por línea es como tratar de armar un mueble que compraste en Amazon mientras estás completamente borracho: probablemente al final tendrás algo, pero no estás seguro de qué chingados construiste.

Y creo que ahí está buena parte de la gracia.

Las imágenes no necesariamente tienen que entenderse de manera literal. Dylan coloca personajes históricos, bíblicos, ficticios y situaciones absurdas dentro de un mismo universo. Lo importante no siempre es descubrir exactamente qué quiso decir, sino dejarse llevar por la escena que está construyendo.

Like a Rolling Stone

Empieza el disco con una de esas canciones que ya son parte de la historia del rock.

Like a Rolling Stone presenta a una mujer que ha vivido desde una posición de comodidad y superioridad, hasta que de pronto todo aquello desaparece y queda completamente expuesta.

Dylan no parece particularmente interesado en consolarla.

Más bien parece estar parado enfrente de ella diciéndole: ¿Y ahora cómo se siente?

El famoso estribillo funciona precisamente porque no necesita demasiadas explicaciones. Y encima tenemos ese órgano que aparece detrás de la canción dándole una identidad inmediata.

Es una canción larga para los estándares de un sencillo de aquella época, pero también es una canción que cambió lo que podía ser un sencillo.

Tombstone Blues

Esta es mi favorita del disco.

Y aquí Dylan parece haber decidido meter a más de veinte personajes en una licuadora y encenderla.

Tenemos figuras históricas, referencias bíblicas, personajes ficticios y situaciones completamente absurdas. Todo ocurre a una velocidad considerable mientras Dylan dispara versos uno detrás de otro.

La letra puede parecer un montón de disparates, pero debajo de todo ese caos aparece una crítica bastante fuerte a una sociedad marcada por la violencia, la pobreza, la hipocresía y la deshumanización.

Musicalmente es un blues-rock bastante sencillo, pero tocado con una energía tremenda. La canción va rápido, tiene una producción estéreo muy interesante y esos pequeños detalles de guitarra que le dan cierto saborcito a garage.

Aquí Dylan no necesita construir una canción complicada.

Simplemente pisa el acelerador y meterle choclo.

It Takes a Lot to Laugh, It Takes a Train to Cry

Después de semejante desmadre llega una canción mucho más relajada.

El tren funciona como metáfora de la vida y la canción habla de amor, pero sin entrar en las dimensiones surrealistas de otras piezas del álbum.

Es básicamente un blues, acompañado por un piano eléctrico y una instrumentación mucho más tranquila.

Después de Tombstone Blues, hasta parece que Dylan decidió bajarle dos rayitas al asunto para que pudiéramos respirar.

 

From a Buick 6

Aquí regresamos al blues-rock.

La letra vuelve a ser bastante obtusa y admite diferentes interpretaciones, aunque aparecen referencias que pueden relacionarse con el consumo de drogas.

Musicalmente destaca el bajo y un estribillo bastante fácil de recordar.

No es necesariamente una de las canciones más profundas del disco, pero tiene ese tipo de energía desordenada que hace que Highway 61 Revisited nunca termine de sentirse cómodo.

Y eso es parte de su encanto.

 

Ballad of a Thin Man

Y aquí Dylan cambia completamente el tono.

La canción avanza lentamente, con un órgano muy discreto y un piano que recuerda por momentos al trabajo de Ray Charles.

Pero lo verdaderamente interesante es el personaje del señor Jones.

La canción está relacionada con un periodista llamado Jeffrey Jones, quien había acudido al Newport Folk Festival para escribir sobre el resurgimiento de la armónica en la música popular.

Después del famoso desmadre de Newport, Jones terminó coincidiendo con Dylan en circunstancias bastante surrealistas. Dylan incluso se burlaba de él cuando se encontraban, llamándolo repetidamente: “¡Oh, señor Jones!”

El personaje de la canción representa precisamente a alguien que observa todo lo que está sucediendo a su alrededor, pero no consigue entenderlo.

Y quizá ahí está la clave.

El señor Jones representa al tipo que llega a una transformación cultural con una libreta en la mano y pretende explicarla con una nota de prensa.

Mientras tanto, la revolución ya está sucediendo enfrente de sus narices.

 

Queen Jane Approximately

Esta es de esas canciones de Dylan que probablemente significan algo diferente para cada persona.
¿Quién es Queen Jane?
¿Joan Baez?
¿Algún personaje imaginario?
¿Una referencia a las drogas?
¿Todo junto?
Quién sabe.

Pero hay una frase que siempre me ha llamado especialmente la atención: “That you’re tired of yourself and all of your creations.”

Estar cansado de uno mismo y de todo lo que uno ha creado.

Sin necesidad de convertirla en una explicación clínica, me parece una manera muy poderosa de describir ese momento en que uno se harta de su propia vida.

Musicalmente, además, tiene un tono mucho más luminoso.

Y eso resulta interesante dentro de la estructura del álbum.

Like a Rolling Stone abre el disco con una sensación de caída. Queen Jane Approximately abre la segunda cara con algo mucho más esperanzador.

Una te manda al carajo. La otra parece decirte que todavía hay una salida.

 

Highway 61 Revisited

Y llegamos a la canción que le da título al disco.

Aquí Dylan convierte la Highway 61 prácticamente en el escenario de toda la historia humana.

Aparecen Abraham e Isaac, la guerra nuclear, el mercantilismo y una serie de situaciones absurdas que parecen sacadas de un sueño particularmente extraño.

Y luego está ese silbato deslizante del principio.

No sé qué pensaría el productor cuando Dylan llegó con semejante idea, pero funciona perfectamente.

La canción es satírica, surrealista y completamente descarada.

Y si quieren escuchar otra interpretación, también vale la pena buscar el cover que hizo PJ Harvey.

 

Just Like Tom Thumb’s Blues

Otra canción donde Dylan parece estar contando una historia que se desarma mientras la estás escuchando.

Aparecen Ciudad Juárez, referencias literarias, personajes extraños y situaciones que parecen no tener demasiada relación entre sí.

Pero más que intentar resolver el acertijo, la canción funciona como el relato de alguien que se pierde en una serie de aventuras y finalmente intenta encontrar el camino de regreso.

Aquí la instrumentación es mucho más suave y las guitarras tienen un papel fundamental para crear ese ambiente de viaje.

 

Desolation Row

Y para cerrar tenemos una verdadera barbaridad.

Más de once minutos de canción folk.

Y digo “canción” casi como una cortesía, porque esto parece más bien un enorme poema musicalizado.

Por aquí pasan Einstein, personajes religiosos, el Doctor Filth y una colección completa de individuos que parecen haberse escapado de diferentes historias y terminaron viviendo en el mismo lugar.

La instrumentación es mucho más desnuda: guitarras acústicas acompañando una narración que se extiende durante más de once minutos hasta llegar a esa armónica que termina de cerrar el viaje.

Yo reconozco que no soy precisamente especialista en análisis literario, así que no me voy a poner aquí a descubrir la teoría cuántica detrás de cada verso.

Pero tampoco hace falta.

A veces una canción no necesita que la entiendas completamente para que te provoque algo.

El día que Dylan conectó el folk con la electricidad

Y aquí viene una de las partes más importantes de esta historia.

Dylan ya había comenzado a electrificar su música, pero en el Newport Folk Festival de 1965 ocurrió uno de esos momentos que terminan convertidos en leyenda.

El festival era prácticamente territorio sagrado del folk.

Y Dylan apareció con una banda eléctrica.

El público comenzó a abuchearlo.

En medio del caos, algunos llegaron a gritarle: “¡Judas!”

Dylan respondió pidiendo a sus músicos que subieran el volumen.

Y con eso, aunque no fuera su intención original convertirlo en un acto de rebeldía, terminó protagonizando uno de los grandes símbolos de la transformación del rock y del folk en los años sesenta.

Dylan no se convirtió en punk.

Pero, carajo, visto desde hoy, aquella actitud tiene algo bastante punk.

No porque estuviera tocando punk, sino porque decidió hacer lo que quería aunque una parte de su propio público estuviera diciéndole que no.

Highway 61 Revisited: un disco que cambió el camino

Highway 61 Revisited no es necesariamente un disco fácil.

Hay canciones largas, letras surrealistas, personajes que aparecen y desaparecen, referencias históricas, bíblicas y literarias, blues, folk, rock y una producción que en ocasiones parece estar caminando sobre una cuerda floja.

Pero precisamente por eso sigue siendo tan importante.

Dylan consiguió convertir la canción de autor en algo mucho más amplio. Podía hablar de política, sociedad, religión, dinero, drogas, amor, alienación o simplemente inventarse una escena absurda y hacer que todo eso conviviera dentro de una misma canción.

Y lo más impresionante es recordar que tenía 24 años cuando hizo esto.

No necesitó tocar como un virtuoso de la guitarra.

No necesitó una voz espectacular.

Lo que tenía era una manera completamente particular de escribir, de observar lo que ocurría a su alrededor y de convertirlo en canciones.

Highway 61 Revisited fue una de esas obras que ayudaron a demostrar que el rock podía ser algo más que música para bailar.

Podía ser literatura.

Podía ser crítica social.

Podía ser poesía.

Podía ser humor.

Podía ser absurdo.

Y también podía ser simplemente una pinche canción que te dan ganas de subirle al volumen.

Por eso, más de medio siglo después, esta carretera todavía sigue abierta.

Y Dylan todavía sigue manejando por ella.

¿Conocian la historia de Dylan y Y el festival Newport? si la respuesta es no, echense A Complete Unknown, estrenada a finales de 2024 y dirigida por James Mangold.

Déjen sus peticiones y recomendaciones en los comentarios. Leerlas me ayuda muchísimo para seguir descubriendo y compartiendo música.

Gracias a ti lector por tu atención y a La Chicharra por el espacio

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Juan Pablo Feria Gómez es ingeniero en tecnologías de la información y consultor con amplia experiencia en redes, Linux e infraestructura tecnológica. Cuando no está resolviendo problemas inexplicables en equipos de red, está explorando la historia de la música, desempolvando discos y encontrando las historias que se esconden detrás de cada álbum. En esta columna combina sus dos grandes pasiones: la precisión de la tecnología y la emoción de la música.

@ionycash

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