martes, septiembre 15, 2026
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La Policía Energética: Energía nuclear: ¿Monstruo o Quimera?

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Por Ana Sotomayor
Ana SotomayorAhora la Segunda parte. ¿Caro y peligroso o nuevamente mala publicidad?

La semana pasada abrimos la caja de Pandora de la energía nuclear. Y, como era de esperarse, recibí varios comentarios. Muchos de ellos, con genuina preocupación, giraban en torno a dos temas: los residuos radiactivos al final del ciclo de vida y por supuesto la pregunta infaltable: ¿No es carísima de París?.

Son preguntas válidas. Y merecen respuestas basadas en datos, no en mitos.

Primero hablemos de que una de las cosas más fascinantes de la energía nuclear es la densidad energética de su combustible. Para que se den una idea: todo el combustible nuclear que ha sido utilizado para generar electricidad desde el primer reactor comercial en los años 50 hasta hoy, si se juntara, cabría en un espacio equivalente a una cancha de fútbol con una altura de unos 3 metros.

Y aquí quiero detenerme en un dato que debería hacer reflexionar a cualquiera que se preocupa por el medio ambiente. Los desechos de la energía nuclear, en más de 70 años de operación global, caben en una cancha de fútbol. En contraste:

Paneles solares: Se estima que para 2050, los desechos de paneles solares acumulados alcanzarán entre 60 y 78 millones de toneladas. Eso equivale a un cubo de 1.6 km por lado y 1.6 km de altura. Y ojo: estos residuos contienen materiales como plomo, cadmio y otros metales pesados, y la infraestructura de reciclaje aún es insuficiente en la mayoría de los países. No son “limpios” para siempre.

Carbón: En un solo año, la minería y combustión de carbón generan entre 7,000 y 9,000 millones de toneladas de desechos sólidos, incluyendo cenizas volantes, escorias, estériles de mina y relaves. Eso equivale a un cubo de 9.5 km por lado y 9.5 km de altura cada año… quiero ser enfática, CADA AÑO.

Esto significa que los desechos del carbón en un solo año son de 100 a 150 veces mayores que todos los desechos nucleares generados en más de 70 años. Y eso sin contar las emisiones a la atmósfera.

Y aquí viene el dato que más les va a sorprender: el “desecho” nuclear todavía contiene más del 90% de su potencial energético original. Es decir, estamos llamando “basura” a un material que aún puede generar electricidad.

Hoy, la mayor parte de ese combustible se almacena de forma segura en las propias plantas nucleares, en piscinas de enfriamiento (41%) o en contenedores de almacenamiento en seco (31%). Y los protocolos de seguridad para su disposición final son altamente confiables, con estándares internacionales supervisados por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Pero en realidad, la historia no termina ahí. Ya se está trabajando en diferentes maneras de aprovechar los materiales radiactivos de desecho en otros procesos. Países como Francia ya reprocesan parte de su combustible gastado para recuperar plutonio y uranio y volver a usarlo en nuevos reactores. Y tecnologías como los reactores de torio o los reactores rápidos pueden “quemar” esos residuos de larga vida, reduciendo drásticamente su volumen y su toxicidad. El Laboratorio Nacional Oak Ridge (ORNL) está investigando activamente cómo cerrar el ciclo del combustible nuclear mediante procesos de separación y recuperación de materiales valiosos.

 

Ahora hablemos de dinero $$.

Porque, en efecto, invertir en una planta nuclear no son palabras menores, incluso con los SMR que mencionábamos la semana pasada, pero existen dos grandes peros:

Primero hay que destacar que con la proliferación de los Reactores Modulares Pequeños (SMR), esa barrera de entrada alta para construir nuevas centrales nucleares promete reducirse drásticamente. Su diseño estandarizado, fabricación en serie y construcción modular prometen bajar los costos y acelerar los plazos de construcción. Habrá que verse.

Y en segundo lugar, los datos la publicación de Lars Schernikau (Rethinking the cost of electricity – The Unpopular Truth) en la imagen que acompaña esta columna muestran una verdad incómoda para los detractores de la nuclear: el Costo Nivelado de Energía (LCOE) de la nuclear ya no resulta tan alto cuando se consideran los costos totales del sistema (espacio del terreno y costo de oportunidad, respaldo, almacenamiento de larga duración, sobredimensionamiento, integración a la red, etc.).

Este análisis cualitativo muestra que la nuclear tiene costos de respaldo y almacenamiento nulos, a diferencia de la solar y la eólica, que requieren costos que pueden llegar a ser “muy altos” en esas categorías. Su capacidad de operar como carga base la convierte en la opción ideal para centros de datos y procesos industriales que requieren energía 24/7. La nuclear también es la única de las tecnologías con bajas emisiones que tiene la capacidad de proporcionar energía en los horarios pico para centros de datos sin necesidad de combustibles fósiles y es un maravilloso respaldo para la energía renovable.

Pero se preguntarán, ¿qué es el LCOE? Es un calcular el costo promedio de generar una unidad de electricidad a lo largo de toda la vida útil de una planta, considerando todos los gastos: inversión inicial, operación, mantenimiento, combustible y financiamiento. No es el costo de “construir la planta”, es el costo de “tener la planta produciendo electricidad durante 40 o 60 años”. El precio real de la electricidad que pagamos.

Según el reporte de la firma Lazard, un informe anual de referencia para la industria, el LCOE de la nuclear es más alto que el de la solar y la eólica en términos de costo de generación puro. Sin embargo, este LCOE “tradicional” mide el costo promedio de generar un MWh de electricidad a lo largo de la vida útil de una planta, pero las renovables no generan todo el tiempo y para complementar mientras no hay generación hay que considerar almacenamiento o plantas llamadas de “respaldo” y esas tienen costos más altos porque deben de estar disponibles sólo cuando el resto no trabaja.

Ojo lo que quiero decir con todo esto y lo que hace especial a la nuclear no es solo su duración en funcionamiento o su ausencia de emisiones, sin que provee la columna vertebral del sistema eléctrico: energía firme, predecible y continua. Es el yin de las renovables yang, es el complemento perfecto para un mundo que quiere descarbonizarse sin perder confiabilidad.

Así que la próxima vez que alguien te diga que la energía nuclear es peligrosa por sus desechos, pregúntale: ¿sabes cuánto espacio ocupan todos los desechos nucleares del mundo en más de 70 años? Una cancha de fútbol y todos están seguros bajo tierra. ¿Y los desechos del carbón de cada año? Un cubo de 9.5 km de lado. Y que la nuclear le da el respaldo a la energía solar para seguir creciendo.

Los números no mienten y la Policía Energética sigue patrullando, siempre con los goggles de los datos reales puestos.

Si quieren conocer más sobre el LCOE, los SMR o el manejo de residuos nucleares, mi correo sigue abierto: Sotomayor.anam@gmail.com

Gracias a La Chicharra y hasta la próxima semana.

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Ana Sotomayor es graduada en Administración de empresa y candidata a maestría en Sustentabilidad (si todo sale bien). Su experiencia profesional incluye proyectos de eficiencia energética y energías renovables, y es una hábil profesional en el sector de la administración de la energía. Sus habilidades incluyen el identificar, evaluar y presentar de una manera entendible las oportunidades en el uso eficiente de la energía y sus aplicaciones. Tiene experiencia en servicios de consultoría de sustentabilidad y ha presentado soluciones y programas eficaces de manejo eficiente de la energía para distintos clientes incluyendo el sector privado, y gobiernos estatales y municipales. Actualmente tiene su propia firma de consultoría dedicada a la realización de auditorías energéticas, perfiles de consumo de energía, capacitación y trámites para la participación en el Mercado Eléctrico Mayorista. Su experiencia anterior incluye puestos administrativos y financieros en industrias medianas.

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