miércoles, agosto 19, 2026
Colaboración

MAGNIFICA HUMANITAS y el trabajo en la era de las Inteligencias Artificiales generativas

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Federico M. Cirett Galán
Al estar leyendo la encíclica, no pude más que recordar que cuando estaba estudiando la licenciatura, tuvimos un excelente profesor en la materia de Finanzas, el maestro Martín Dueñas, quien entre otros temas, nos explicó que alguien en un puesto de responsabilidad en una organización debe buscar todas las opciones antes de pensar en recortar personal.

Y es que, ¿cuánto cuesta una persona?, ¿nos podemos dar el lujo de hacer más eficiente una empresa o una oficina eliminando algunos puestos de trabajo?

Este tema se vuelve más relevante ahora, cuando el surgimiento de las herramientas basadas en Inteligencias Artificiales Generativas amenazan con una disrupción significativa del mercado laboral y los y las legisladores de todo el mundo no logran atinar cómo afrontar este problema.

Y no los culpo, apenas han pasado 3 años y medio desde la introducción de ChatGPT para generación de textos y ya han surgido una gran variedad Asistentes Digitales que ayudan a redactar contratos, cuadrar hojas de cálculo, organizar estructuras de sistemas de archivo y a generar código de programas, ya sea desde cero o modificarlos.

A esto agreguemos que en 2025 varias compañías anunciaron robots humanoides con capacidades de laborar en fábricas, bodegas, oficinas y algunos en el hogar, lo que nos lleva a pensar en escenarios donde una parte de la fuerza laboral sea reemplazada por Asistentes Digitales, robots o una combinación de ambas tecnologías.

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Tópicos

Anthropic, una de las principales compañías de Asistentes Digitales basados en Inteligencia Artificial, se unió al Vaticano para la expedición de esta encíclica. Varios de los temas tocados en este documento son tópicos discutidos previamente por dicha empresa. Ambas entidades tienen preocupación sobre qué sucederá con una gran cantidad de personas que pierdan su empleo al ser suplantadas por IAs y robots humanoides, de que unas cuantas compañías monopolicen el acceso a la Inteligencia Artificial e información en general, y que algunos gobiernos antidemocráticos, autoritarios, utilicen este tipo de herramientas para establecer un control férreo sobre su población.

En cierta forma, toda la humanidad está en la misma situación, preocupada por el qué nos deviene en el futuro, ya que constantemente vemos noticias de nuevos avances tecnológicos que automatizan cada vez más las tareas. Lo que ha hecho el Papa es unir las voces de todos los que hemos estado preocupados y redactar una encíclica sobre ello, pidiendo que nos acordemos que todas y todos somos iguales, que busquemos el bien común, ya que toda vida humana tiene el mismo valor y dignidad.

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León XIV

En este punto cobra relevancia la intervención del Sumo Pontífice. Dada su estatura moral en el plano internacional, sus palabras resuenan y poseen un impacto considerable en los fieles, la sociedad civil y los directivos de naciones y corporaciones globales.

La encíclica escrita por León XIV es un compendio de citas a anteriores documentos eclesiásticos y va desarrollando temas en base a publicaciones anteriores de Papas y filósofos católicos. Quiero señalar algunos puntos que trata el pontífice en su texto sobre el trabajo.

En los numerales 30 y 31 de su carta, se hace referencia a la encíclica Rerum novarum (Cosas nuevas) de León XIII, publicada en 1891, donde se acepta el capitalismo y se da un repasón contra los regímenes totalitarios y socialistas: “El documento [Rerum novarum] sitúa en el centro de su reflexión la dignidad del trabajo y del trabajador, afirma el derecho a un salario justo para uno mismo y para la propia familia, reconoce en las personas un valor esencial que prevalece sobre el capital y el beneficio, defiende la propiedad privada junto con su indispensable función social, aprecia las asociaciones de trabajadores y propone formas de colaboración entre los diversos componentes de la sociedad como alternativa a la lógica de la ‘lucha de clases’ […] y reitera la exigencia de que el salario sea proporcional no sólo al rendimiento, sino a las necesidades del trabajador y de su familia”.

A su vez, en el mismo numeral 31, se cita a la Encíclica Quadragesimo anno de Pío XI, que denuncia la concentración de poder en unos pocos: “critica tanto la competencia sin límites como aquellos proyectos colectivistas que anulan la libertad y la responsabilidad de las personas […] Pío XI denuncia los totalitarismos que atropellan la dignidad de la persona, sofocan la vida social, exaltan al Estado por encima de su justo valor y adoptan la categoría discriminatoria de la raza”. Este apartado lo cierra con la siguiente frase: “la conciencia de que las injusticias no se refieren sólo a los comportamientos individuales, sino también a las estructuras económicas e institucionales; el valor del principio de subsidiariedad, que invita a fortalecer el tejido asociativo y comunitario, evitando nuevas concentraciones de poder; y el vínculo entre la dignidad del trabajo, la justa remuneración y la posibilidad real para las familias de llevar una vida humana digna.”.

Los derechos humanos son tocados en los numerales 33, 34, 35 y 36, mencionando que “que ninguna persona ni ningún pueblo sea tratado como prescindible en los procesos de desarrollo”.

Los apartados 52 y 53 los cito textualmente: “52. Pero más allá de estos significados hay un nivel más profundo, el más importante, que consiste en la dignidad ontológica. Es la dignidad que pertenece a todo ser humano simplemente por el hecho de existir… 53. Por lo tanto, la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada.”.

En los apartados 65, 66 y 67, habla sobre el principio del destino universal de los bienes. Y si bien podemos no estar de acuerdo en el origen de los bienes, actuamos en la manera más razonable y acordamos que aire, agua y suelo son bienes públicos. “65. «Entre las múltiples implicaciones del bien común, adquiere inmediato relieve el principio del destino universal de los bienes». Este principio nos recuerda sobre todo que los bienes de la tierra — el suelo, el agua, el aire y los recursos naturales — han sido dados por Dios a toda la familia humana para sostener la vida de todos.”.

En cuanto a la propiedad privada: “66. Existe un derecho a la propiedad privada que tiene su sentido y su función propia, pero siempre subordinada al destino universal de los bienes. Según san Juan Pablo II, dicha subordinación es la regla de oro del comportamiento social y el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social».88 La tradición de la Iglesia ha visto en la propiedad un medio para custodiar y administrar los bienes de manera que puedan servir mejor al bien común.”

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Nuevas formas de propiedad

León XIV discute las nuevas formas de propiedad en el apartado 67: “67. Hoy, entre los bienes que están destinados universalmente a todos, debemos incluir también las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas, datos. En un contexto donde la riqueza de las naciones depende cada vez más de conocimientos y tecnologías, cuando estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos, sin adecuadas formas de intercambio y de acceso, se crea un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes y alimenta la brecha entre incluidos y excluidos, entre quienes pueden participar en la revolución digital y quienes permanecen al margen”.

El Papa, en los numerales 68, 69 y 70 desarrolla la tesis de que las personas y las familias deben actuar libremente por el bien común, sin intervención del Estado y recalca las palabras de León XIII que dicen: “ni la persona ni la familia deben ser absorbidas por el Estado, sino que deben actuar libremente, en la medida de lo posible, sin causar daño al bien común […] Este principio alienta a superar toda forma de gestión paternalista o asistencialista de la vida social, promoviendo un estilo de corresponsabilidad: un Estado que valora la iniciativa de los ciudadanos y una sociedad civil capaz de generar vínculos y activar energías al servicio del bien común.”

En los apartados 71 y 72, el pontífice cita las palabras del Papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti (Todos hermanos) donde hace un llamado a los Estados y a las empresas trasnacionales a comportarse de acuerdo a las circunstancias: “los estados y las instituciones supranacionales están llamados a garantizar reglas justas y mecanismos de protección eficaces para que las comunidades locales, los cuerpos intermedios, las escuelas y las universidades, así como las realidades eclesiales y asociativas puedan tener voz y contribuir al discernimiento de las decisiones que inciden en la vida de las personas: trabajo, acceso a los servicios, gestión de los datos y ambientes digitales. En las decisiones que se refieren a los flujos económicos, las plataformas digitales, la gestión de los datos y los algoritmos, no se puede dejar que pocos actores por sí solos orienten los procesos, sino que es necesario construir formas de cooperación que respeten los diversos niveles de la comunidad mundial y los hagan corresponsables del bien común”.

Insistiendo en este punto, cita a Pablo VI en su encíclica Populorum progressio (Desarrollo de las personas) “las obligaciones de solidaridad, justicia y caridad están radicadas en la fraternidad humana y sobrenatural que une a los hombres y a los pueblos entre ellos […] La solidaridad, pues, es el reconocimiento concreto de que el destino de cada uno está ligado al destino de todos; realmente «nadie se salva solo» […] Cuando la subsidiariedad no está acompañada de la solidaridad, termina por transformarse en la simple protección de intereses particulares; cuando la solidaridad no está sostenida por la subsidiariedad, degenera en asistencialismo que no promueve la responsabilidad.”

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El poder digital

Los apartados 90 al 96 son dedicados al paradigma tecnocrático, al cual no lo pinta con colores matizados: “la tendencia a dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y económicas. Así se manifiesta con mayor evidencia que la técnica no es un simple instrumento y que, cuando se vuelve criterio, termina por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo la creación a un objeto de explotación y a las personas a engranajes de un sistema que sea cada vez más eficaz […] en el contexto digital, el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo no es prerrogativa de los estados, sino de grandes actores económicos y tecnológicos que, de hecho, determinan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las mismas posibilidades de participación. Cuando un poder de tal magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control público, y crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades.”

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Inteligencia Artificial

León XIV reconoce en su texto que no es letrado en Inteligencia Artificial (IA), pero menciona que es necesario “recordar algunos elementos esenciales para un discernimiento moral y social que proteja el primado de la persona”, pues no solo es quién desconoce cómo funcionan las IA, sino también quienes las desarrollan carecen de conocimiento sobre su funcionamiento, pues las “IA modernas están más “cultivadas” que “construidas”: los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la IA “crece” (numeral 98)”.

En los apartados 99, 100 y 101 de su documento, el Papa discute dos temas, relacionados principalmente a Grande Modelos de Lenguaje (LLMs por sus siglas en inglés), advirtiendo que estos modelos han sido entrenados con parámetros culturales fijos, que no representan la universalidad de las culturas globales y tienen cierto sesgo, que discrimina contra poblaciones no representadas, además, que los LLMs pueden fingir una relación, cuando no tienen sentimientos y solo emulan condiciones que no pueden tener al ser modelos sin un cuerpo (y un alma, agrego yo). Además, recalca que estos modelos consumen muchos recursos de energía y agua y es imperante desarrollar LLMs más ligeros para conservar mejor nuestra “Casa común” (la Tierra).

El Papa también advierte del engaño de las IAs en los numerales 102–103: “Puede haber usos evidentemente antihumanos, como la manipulación de la información o la violación de la privacidad, pero puede haber también un engaño menos evidente, cuando los sistemas de IA, presentándose como neutrales y objetivos, reflejan y refuerzan estereotipos o posiciones ideológicas de quienes los han diseñado y programado […] Confiar, en la práctica, a un algoritmo el poder de seleccionar quién es digno y quién no, sin que nadie asuma el peso de la decisión, significa encomendarle la tarea de redefinir los límites de las posibilidades humanas. Lo que disminuye, en este proceso, no es sólo la empatía hacia el excluido, que puede ser imitada artificialmente, sino la responsabilidad política, porque el descarte de los débiles queda revestido de una neutralidad y objetividad ante las cuales es imposible protestar […] De esto se deriva una consecuencia sencilla pero apremiante: no podemos considerar a la IA como moralmente neutra. En realidad, todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones.”.

Los apartados 104 a 112 son dedicados a los desarrolladores de IAs, específicamente a las empresas que hacen posible estas herramientas. Pide que toda vida humana sea tratada moralmente igual, pide que los procesos de decisión de las Inteligencias Artificiales tengan una responsabilidad (“accountability”), tener prudencia y liberar los nuevos modelos escalonadamente, como medida de precaución. Que no sólo hay que pensar que las IAs logren la “alineación” con los valores humanos, si no que se pueda discutir antes de su implementación qué valores éticos se incluirán en ellas, para evitar que estas tecnologías se utilicen más, optimizando para generar más riqueza y olvidándose de que todos los seres humanos somos dignos de existir, como se menciona en el punto 112: “Cuando la eficiencia se vuelve medida de valor, el ser humano es tentado a considerarse como un proyecto que debe optimizarse más que como una criatura llamada a la relación y a la comunión.”

Es imperativo que esta exhortación no sea ignorada. Resulta inaceptable el desperdicio del bagaje profesional de quienes han dedicado décadas al ámbito laboral, así como la precarización de los jóvenes que inician su vida adulta en un mercado que restringe las contrataciones ante la automatización de tareas por la IA. Esta erosión del conocimiento acumulado y de la experiencia práctica representaría un retroceso significativo para el desarrollo humano.

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Federico M. Cirett Galán
Profesor-Investigador
Maestría en Ingeniería en Internet de las Cosas e Inteligencia Artificial
Departamento de Ingeniería Industrial
Universidad de Sonora
X.com: @fd_x
Email: federico.cirett at unison.mx

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