Celuloide: Mi vecino Adolf

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Por Jesús Ricardo Félix
Jesús Ricardo FélixUn debate que ocupa los temas relacionados con el séptimo arte en la actualidad tiene que ver con el llamado cine de superhéroes. La cosa comenzó más o menos cuando cineastas como Martin Scorsese declaraban que lo de Marvel no era cine. El director de películas como Goodfellas o Casino comparaba al cine de superhéroes con un parque de diversiones. La cuestión es que si bien la calidad de las películas franquicia no siempre es la mejor, en realidad son las que reportan más ganancias a los estudios. Ahora bien, dentro del mismo cine de superhéroes hay niveles, con esto quiero decir que han trabajado realizadores de gran calidad como Tim Burton o Christopher Nolan.

El tema parece dividir a los cinéfilos pero pasa a ser más bien un asunto de gustos personales y hasta una cuestión generacional. Desde mi punto de vista el cine de superhéroes es comparable a la comida rápida, de pronto se antoja para quitar el hambre pero sabemos que es poco natural, poco nutritiva. Lo que si debería preocuparnos es que las producciones independientes, que son las más originales e ingeniosas, sean cada vez menos apoyadas. Y es que el cine nos ha demostrado en múltiples ocasiones que no se necesita de grandes efectos especiales o un enorme presupuesto para producir una buena película. Es por eso que en este fin de semana en el Celuloide hablaremos sobre la película: Mi vecino Adolf.

My Neighbor Adolf, por su nombre en inglés, es un filme del 2022 coproducido por Israel, Colombia y Polonia. El guion y dirección corren a cargo del realizador Leonid Prudovsky, quien es un cineasta ruso con raíces judías o un judío con raíces rusas. Prudovsky ha incursionado en el mundo del cine desde inicios del presente siglo llegando ser galardonado en un par de ocasiones.

Los protagonistas Polsky y “Adolf” son interpretados por el escocés David Hayman, (a quien ya habíamos visto en Andor) y el alemán Udo Kier, quien es reconocido por participar en varios de los filmes dirigidos por Lars Von Trier como Bailando en la obscuridad, Dogville, Manderlay, etcétera.

La historia se desarrolla en la década de los sesentas cuando nos adentramos en la vida de un sobreviviente del holocausto, Polsky, quien vive una vida sencilla en una región recóndita de Sudamérica. El personaje es un hombre solitario de la tercera edad que padece malestar al orinar, juega ajedrez y cuida un árbol de orquídeas negras. De pronto se despierta en medio de la noche pues al lado de su casa se ha mudado un misterioso hombre de barba y gafas. El incómodo vecino, que parece tener algo de poder e influencias, le reclama un pedazo de terreno a través de su abogada. A partir de ahí Polsky se dispone a descubrir la verdadera identidad del obscuro personaje.

Definitivamente recomendable, a pesar de que es una producción judía que retoma el tema del holocausto la historia no cae en la victimización, más bien parece ser un llamado a superar el pasado. El director le da un giro cómico con toques de humor negro para ubicarnos detrás de la cerca y observar la interacción de estos desiguales personajes. El gusto por el ajedrez y la curiosidad de Polsky van provocando que los protagonistas se vayan desnudando poco a poco hasta quedarse sin máscaras. Mi vecino Adolf es una producción sencilla e ingeniosa que se basa en el duelo de actuaciones entre David y Udo para hacernos olvidar las películas de superhéroes. Si la idea es trillada, el final no es lo más original pero hay momentos suficientes como para considerarla una propuesta disfrutable.

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