Tono y son: María Grever

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Por: Jesús M. Corona M.
Jesus_M_Corona_MSi yo les preguntara si han oído hablar o leído acerca de María Joaquina de la Portilla Torres, más de cuatro se preguntarían que si por qué tendrían que saber algo de esta dama. Pero si yo les inquiriera por María Grever, ya habría algunos –sobre todo los que ya peinamos canas- enterados de su existencia y trayectoria de esta compositora musical de renombre de la época romántica de la canción mexicana.

Nació el 16 de agosto de 1884 en León, Guanajuato pero, hay quien afirma que en realidad nació a bordo de un barco durante una travesía de su madre, navegando con destino a Sevilla, España, de donde procedía su padre. Alguien más alega que la futura compositora vio la luz por vez primera en el poblado de Unión de San Antonio, Jalisco. La realidad documental nos señala que su acta de nacimiento está asentada en la ciudad de León, y que sus padres fueron Francisco de la Portilla, de nacionalidad española y su madre Julia Torres, mexicana de nacimiento.

María Grever, junto con Consuelo Velázquez, encabezan la lista de compositoras mexicanas más reconocidas por su talento musical en el entorno universal. Fue una mujer superdotada porque brilló no solamente como inspirada autora de canciones que trascendieron nuestras fronteras, ella también fue exitosa componiendo música para concierto y para producciones cinematográficas, pues desde el año de 1920 trabajó para las afamadas compañías de la Paramount y la 20th Century Fox. Y es que desde temprana edad de los cuatro años empezó a recibir educación musical en el Colegio del Sagrado Corazón y desde esa tierna edad inicia su producción musical que llegó a un número de aproximadamente 800 canciones populares únicamente (sin contar las de otro género y de las cuales la mayoría fueron boleros), aquella composición inicial fue un villancico navideño con versos escritos por ella misma, si por la víspera se saca el día, se infiere que el talento ya lo traía en sus genes y lo único que necesitaba era el ambiente y preparación adecuados para dar cauce a esa vocación manifiesta.

Aunque no lo mencionan sus biógrafos, se deduce que don Francisco de la Portilla debe haberse dado cuenta desde que la niña empezó a dar muestras de los primeros rasgos de su futura carrera musical y por ello cuando la niña María apenas cumplía sus primeros seis años de vida, la trasladó a Sevilla, España, para desde ese lugar llevarla a París a recibir clases de compositores de la talla de Claude Debussy y Franz Leinhard, quien le sugirió que no se sujetara a la técnica musical y conservara su espontaneidad. De regreso a México, ingresó en la escuela de canto de su tía “Cuca” Torres.

María Grever se unió en matrimonio en el año de 1907 con un norteamericano llamado León Augusto Grever, empleado de una petrolera que operaba en Veracruz. Se instalaron en la ciudad de Jalapa durante sus primeros años de matrimonio y procrearon tres hijos; por razones de trabajo, cambiaron de domicilio a la Ciudad de México y en ese lugar sufrió la pérdida del más pequeño de sus hijos cuando tenía apenas seis meses de edad, y ese trágico suceso marcó para siempre la vida de la compositora.

María Joaquina decide tomar el nombre artístico de María Grever quizá influenciada por la costumbre arraigada de nuestros vecinos del norte de suprimir el apellido de la mujer y sustituirlo por el del esposo. El hecho es que en 1916 cuando la Revolución Mexicana estaba en su apogeo , el matrimonio Grever se traslada a  Nueva York y ya habíamos mencionado líneas arriba que a partir de 1920 había empezado a trabajar para Paramount y 20th Century Fox en la musicalización de varios filmes. Aunado a esos trabajos, ella siguió escribiendo música para su añorado México y de aquellos años datan canciones como: El reo, El ruiseñor y Vida mía, pero fue hasta el año de 1926 cuando logró su primer gran éxito con la canción Júrame, que en la voz de José Mojica se convirtió en el trampolín que la proyectó a figurar y ser más conocida.

José Mojica – Júrame

 

Quiero suponer que el probar las mieles de la fama y el reconocimiento popular le sirvió de acicate para que fluyera su inspiración y creara canciones que muy rápido captaron el gusto del vasto auditorio radiofónico que día a día se hacía mayor en nuestro país, y por ello algunas de ella como: “Cuando vuelva a tu lado”, “Muñequita linda”, “Alma mía”, “Amor, amor”, rápido se popularizaron y eran interpretadas en fiestas y reuniones a lo largo y ancho de México, otras de su inspiración fueron: Yo canto para ti, Por qué, Atardecer en España, Quien eres tú, Una rosa, un beso, Dame tu amor, Volveré, Tu, tú y tu, Bésame y Vida mía, solo por mencionar las numerosas piezas musicales de esta prolífica autora.

Libertad Lamarque – Cuando vuelva a tu lado

 

María Grever afirmaba: “Tuve que dejar mi país y ahora en Nueva York estoy interesada en el jazz, en la música moderna, pero sobre todo en la música mexicana que deseo presentarla a los estadunidenses. No creo que sepan mucho de la canción en México (su origen hispano e indígena y la mezcla de ambos). Melodía y ritmo convergen ahí. Es mi deseo y ambición presentar las melodías y ritmos nativos en perspectiva real, pero con la flexibilidad necesaria para hacer una llamada al oído universal”

Nicolás Urcelay – Alma mía

 

Más adelante se pudo constatar que esa declaración era real y sincera; ella mantuvo contacto permanente con su México añorado.

En una visita de la ilustre paisana a nuestro país, Emilio Azcárraga, el famoso “Tigre” que ya era uno de los principales magnates de la radio y televisión mexicana, pidió a Agustín Lara que fuera recibirla y le hiciera una visita de cortesía. Ella citó a Lara en su habitación del Hotel Regis (desaparecido en el temblor del ’85). María se explayó en la conversación con el novel compositor y entre otras confidencias le comentó lo difícil que era llegar al triunfo. De despedida le obsequió una botella de oporto y le ordenó a su chofer que llevara a Agustín a su domicilio, y ya a solas en su casa Lara encontró una nota depositada por la Grever entre sus cosas sin que este se hubiera percatado, que decía: “De todas las canciones mexicanas que llegaron a Nueva York, inconscientemente elegí sólo cinco de entre ochenta de ellas y fue una sorpresa ver que eran todas del mismo autor: Agustín Lara. Es mi convicción que tienes un gran porvenir, pues tu inspiración es purísima y espontánea. No tardarás mucho en ser una gloria nacional”.

Que acertada estuvo María para intuir el potencial de aquel que ya desde sus inicios combinaba en forma magistral la música y la poesía. Pienso que sus estilos eran muy parecidos porque la inspiración poética desbordaba por María en canciones como “Júrame”, “Alma mía”“Cuando vuelva a tu lado” o “Te quiero dijiste”, tomándolas como muestra, denotan lo más sublime que puede generar un alma romántica.

Alma mía sola, siempre sola,
sin que nadie comprenda tu sufrimiento,
tu horrible padecer;
fingiendo una existencia siempre llena
de dicha y de placer,
de dicha y de placer…

Si yo encontrara un alma como la mía,
cuantas cosas secretas le contaría,
un alma que al mirarme sin decir nada
me lo dijese todo con su mirada.

Un alma que embriagase con suave aliento,
que al besarme sintiera lo que yo siento,
y a veces me pregunto qué pasaría
si yo encontrara un alma como la mía.

María Grever
Alma mía

De ella decía el maestro Núñez Palacio (compositor orquestal): “María Grever no sólo captura el alma de la gente, sino que logra ensamblar perfectamente entre sí letras y músicas. Hoy día muchos compositores llaman a otro autor para que les escriban las letras. Ella era una persona formada musicalmente y culta que nunca olvidó la música de México”.

Se ha dicho también que su estilo romántico y elegante marcó pauta en el bolero. La intensidad con la que vivió, a la postre determinó su final. Sanchez García cuenta que al escuchar la interpretación de Néstor Chaires de su canción “Vida mía” en el Carnegie Hall en 1948, se emocionó tanto que le provocó una hemorragia cerebral que devino en parálisis del lado izquierdo. No obstante siguió con su vida. En 1949 vino a México a realizar una serie de conciertos y el Ayuntamiento de la ciudad le otorgó la medalla al mérito civil, a una mujer maravillosa, que venía a su país paralítica.

Volvería después a Nueva York donde falleció el 15 de diciembre de 1951, y nueve días después, el dia 24 fue sepultada en el Panteón Español de la Ciudad de México. Fue su voluntad que sus restos mortales reposaran en su querido país, que siempre representó con orgullo en un país que desde siempre nos ha visto con cierto desdén y creyéndose muy superiores a sus “vecinos pobres”. Bravo María por ese acendrado patriotismo y amor a México. D.E.P.

Hermanas Aguila – Te Quiero Dijiste, Alma Mía y Tipitipitin

 

 

* L.A.E. Jesús Manuel Corona Martínez. Colaborador


– PUBLICIDAD –


Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *