El disco que no sabías que necesitabas: Quiet Riot – Metal Health
El disco que llego del polo norte para quedarse…

Juan Pablo Feria
Hay discos que uno descubre buscando música… y hay discos que llegan a tu casa porque Santa Claus entendió perfectamente lo que querías escuchar.
Platiquemos de Quiet Riot y su Metal Health, publicado en 1983.
Para mí, este disco tiene una historia muy particular, porque no fue simplemente un álbum que escuché y me gustó. Fue mi primer acetato de rock.
En los años 80, cuando mi mamá me llevaba al supermercado, mientras ella hacía las compras, tenía una costumbre de irme directo al departamento de discos. Me quedaba viendo las portadas, imaginando cómo sonarían aquellos álbumes que para mí eran prácticamente un misterio. No conocía a nadie que escuchara esa música y las descripciones de mi hermana, de que aquello era puro ruido y puros gritos, no ayudaban a que me los compraran.
Pero a mí me intrigaba.
En diciembre de 1985 le mandé decir a Santa Claus, por medio de mi papá, que quería un disco que podía conseguirse en una tienda llamada El Garage, dentro de VH Centro. Costaba 512 viejos pesotes.
Y Santa Claus cumplió.
Ese disco era Metal Health.
Y aunque con los años mi colección de música creció muchísimo, ese primer acetato siempre tendrá un lugar especial.
Antes de Metal Health
Quiet Riot no comenzó precisamente con Metal Health. La banda había sido formada en California por Randy Rhoads y Kelly Garni, y alcanzó a grabar un par de discos que tuvieron una peculiaridad: fueron publicados únicamente en Japón.
La banda realmente no logró despegar en Estados Unidos.
Pero entonces Randy Rhoads se fue a tocar con Ozzy Osbourne y ahí ocurrió algo que cambiaría la historia del guitarrista y, de paso, la historia del rock.
Con Ozzy, Rhoads obtuvo la atención mundial y se convirtió en una de las figuras fundamentales de la guitarra del heavy metal. Su carrera, sin embargo, terminó de manera trágica en 1982, cuando murió en un accidente aéreo.
Quiet Riot volvió a formarse y, con Kevin DuBrow en la voz, Carlos Cavazo en la guitarra, Rudy Sarzo en el bajo y Frankie Banali en la batería, terminó construyendo el disco que los llevaría a un lugar que probablemente ellos mismos no imaginaban.
Metal Health apareció en un momento donde el new wave y el synth pop tenían una enorme presencia, mientras que el heavy metal todavía era visto por buena parte de la industria como una música estridente, poco sofisticada y, sobre todo, poco apropiada para la radio.
Quiet Riot demostró que aquello podía convertirse en un fenómeno masivo.
El álbum llegó al número uno de la lista Billboard 200, convirtiéndose en el primer álbum de hard rock/heavy metal en conseguirlo en Estados Unidos.
Y ahí comenzó otra historia: la del hair metal, el glam metal y toda una generación de bandas que durante los siguientes años dominarían MTV.
Metal Health
La canción que da título al álbum probablemente sea uno de esos temas que, para quienes descubrimos el heavy metal en los 80, quedaron grabados desde los primeros segundos.
Esa batería, ese riff y ese espíritu de headbanging son prácticamente una invitación a mover la cabeza aunque uno no quiera.
La canción tiene además una historia curiosa. Su riff tiene relación con “No More Booze”, una composición de Snow, banda relacionada con Carlos Cavazo y su hermano.
Y después aparece ese interludio con bajo, el duelo entre guitarra y voz y una letra que convierte la “salud metálica” en una especie de estado mental: una forma de encontrar fuerza, identidad y refugio en la música.
Es la locura convertida en combustible.
La idea de que quienes no encajan encuentran una especie de comunidad en el rock.
Rudy Sarzo había visto el headbanging durante su época tocando con Ozzy en Europa y esa experiencia también terminó influyendo en la canción.
Y sí, escuchándola hoy puede parecer sencilla, incluso predecible. Pero hay que entender el momento en que apareció.
No inventó el heavy metal, lo convirtió en un espectáculo accesible para una audiencia muchísimo mayor.
Cum On Feel the Noize
Y entonces llegamos al gran éxito del disco.
Aunque muchos conocimos “Cum On Feel the Noize” como una canción de Quiet Riot, en realidad es un cover de Slade, los glam rockers ingleses de principios de los 70.
La historia alrededor de la grabación es casi de película.
Según se ha contado, el productor quería que la banda grabara la canción, pero ellos no estaban particularmente interesados, no la querian grabar, no la ensayaron, hicieron lo posible por tocarla mal, la grabacion quedó en la primera toma.
La broma terminó saliéndoles carísima.
Porque se convirtió en uno de los mayores éxitos de toda su carrera.
La versión de Slade tiene un espíritu mucho más fiestero y bailable. La de Quiet Riot conserva la estructura, pero la lleva hacia la distorsión, la velocidad y la agresividad del metal.
Y después vino aquel ridiculo video que en su tiempo tuvo impacto visual, que simbro MTV.
Cabello, maquillaje, luces, amplificadores y una cantidad considerable de actitud.
Era 1983.
Y aquello funcionaba.
Don’t Wanna Let You Go
Aquí Quiet Riot intenta ponerse romántico.
“Don’t Wanna Let You Go” habla de ese miedo a perder a alguien que consideramos irremplazable. Es una canción de amor, pero también tiene ese lado posesivo de querer mantener cerca a la persona que uno teme perder.
Musicalmente es bastante más contenida.
Las guitarras aparecen mucho más limpias, con poca distorsión, mientras Kevin DuBrow comienza relativamente tranquilo y va aumentando la intensidad conforme avanza la canción.
No es la faceta que uno espera de Quiet Riot, pero sirve para mostrar que el disco no intenta ser una colección de canciones pesadas de principio a fin.
Slick Black Cadillac
Aquí regresamos a la carretera.
“Slick Black Cadillac” representa esa combinación tan clásica del rock: automóvil, velocidad, libertad y rebeldía.
El Cadillac no es simplemente un medio de transporte. Es símbolo de poder, independencia y esa sensación adolescente de que uno puede agarrar el volante y largarse a donde quiera.
La canción, además, viene de la época de Randy Rhoads y ya había aparecido anteriormente en el segundo disco de Quiet Riot.
Love’s a Bitch
Una balada con un comienzo de guitarra sin distorsión, algunos teclados y un grito largo que aparece casi escondido en la mezcla.
La canción presenta el amor como una fuente de mentiras, sufrimiento y miseria.
Es ese momento en que uno descubre que el amor también puede dejarlo sin aire, exhausto y completamente desilusionado.
No es una balada particularmente innovadora, pero cumple perfectamente con su función dentro del álbum.
Breathless
Otra canción que juega con esa sensación de perder el control.
Aquí aparecen nuevamente los gritos largos y las guitarras limpias.
La letra habla de una relación que termina convirtiéndose en una especie de encierro emocional: querer a alguien que no podemos alcanzar, sentirse atrapado y perder la autonomía.
“Sin aire” es precisamente la sensación que intenta transmitir.
Run for Cover
Esta es probablemente una de las canciones que más se acercan al heavy metal tradicional dentro del disco.
La letra presenta al protagonista como una especie de huracán humano que va a llegar a provocar el caos y, básicamente, nos recomienda ponernos a salvo.
Y sí, hay una frase que, dependiendo de cómo la interpretemos, puede sonar bastante más warra de lo que seguramente pretendían.
Musicalmente, la batería tiene un papel fundamental, con dobles bombos y un pequeño solo de guitarra hacia el final.
Aquí sí aparece ese aire de la Nueva Ola del Heavy Metal Británico, aunque adaptado al sonido estadounidense de Quiet Riot.
Let’s Get Crazy
La filosofía aquí es bastante sencilla:
Vamos a divertirnos.
Fiesta, alcohol, deseo, romper reglas y vivir el momento.
Incluso aparece ese romántico “quiero besar tus labios, pero no los de tu boca”, porque aparentemente en 1983 también había que ponerse creativo para decir que alguien te atraía.
La canción tiene cierta similitud estructural con “Metal Health”, aunque resulta un poco menos estridente.
Con el tiempo, este tipo de canción se convertiría en una de las fórmulas fundamentales del glam metal.
Thunderbird
Y llegamos a la canción que para mí cambia completamente el tono del disco.
“Thunderbird”, escrita por Kevin DuBrow, es una despedida para su amigo Randy Rhoads.
La canción utiliza la figura del Thunderbird, criatura legendaria presente en las tradiciones de diversos pueblos indígenas de Norteamérica, como metáfora de alguien que se ha ido.
Es una conversación con una persona ausente.
Habla de la tristeza de ya no tenerla cerca, pero también de la esperanza de volver a encontrarla algún día.
Musicalmente comienza de manera suave y poco a poco las voces adquieren mayor fuerza. Los teclados aparecen en los coros y, curiosamente, esos coros tienen un aire que me recuerda bastante a Queen.
Pero para mí esta canción tiene otra dimensión.
Después de la muerte de mi padre no sé cuántas veces la escuché.
Muchas.
Y quizá por eso hay canciones que dejan de pertenecernos únicamente como música. Se convierten en lugares donde uno puede regresar.
Un clásico… pero no una obra maestra
Escuchando Metal Health con los oídos de hoy, hay que decirlo: no es precisamente un disco que destaque por su originalidad.
Quiet Riot tomó buena parte de los clichés que ya existían en el hard rock y el heavy metal: riffs sencillos y pesados, voces ásperas, solos de guitarra, baterías potentes, letras sobre fiestas, mujeres, autos, rebeldía y diversión.
Y con todo eso construyó un sonido que sería fundamental para el glam metal que dominaría buena parte de los años 80.
Hay algunos buenos solos, momentos realmente pesados y canciones muy divertidas.
Pero tampoco estamos hablando de una banda de virtuosismo extraordinario ni de composiciones particularmente complejas.
Y creo que ahí está precisamente la diferencia entre talento, calidad e impacto histórico.
El éxito comercial no necesariamente significa que un disco sea técnicamente extraordinario.
Metal Health fue importante porque apareció en el lugar correcto, en el momento correcto y encontró el vehículo perfecto para llegar a millones de personas: MTV.
Incluso Quiet Riot llegó a México. Hay una presentación en el programa XETU que se puede encontrar en YouTube y que tiene un momento bastante divertido: mientras Carlos Cavazo sigue tocando su solo, se emociona, se olvida por un momento del playback y termina tocando parte del solo sin las manos.
Ese tipo de cosas son precisamente las que hacen que una época permanezca en la memoria.
Y la caída llegó rápido
Quiet Riot nunca pudo repetir el éxito de Metal Health.
La fórmula incluso volvió a aparecer en el siguiente disco con otra versión de Slade (Mama Weer All Crazee Now), pero la magia ya no fue la misma.
La banda tuvo múltiples cambios de integrantes y diferentes etapas durante las décadas siguientes.
Kevin DuBrow murió en 2007 por una sobredosis accidental y Frankie Banali murió en 2020 a causa de cáncer de páncreas.
Con ellos también se fue buena parte de aquella formación clásica.
El disco que se convirtió en recuerdo
Quizá con los años uno empieza a escuchar los discos de otra manera.
Ya no solamente escucha las canciones.
Escucha dónde estaba cuando las conoció.
Recuerda quién se las enseñó.
Recuerda una época.
Una persona.
Una casa.
Un automóvil.
Una tienda.
Una portada.
Para mí, Metal Health es mucho más sencillo que cualquier análisis sobre su importancia dentro del heavy metal.De esos discos que, aunque pasen los años, dejan de ser solamente discos.
Se convierten en recuerdos.
Por eso, cuando escucho Metal Health, no solamente escucho a Quiet Riot.
Vuelvo a aquel departamento de discos donde me quedaba viendo las portadas e imaginando cómo sonarían aquellos álbumes que todavía no conocía.
Y vuelvo a diciembre de 1985, cuando Santa Claus entendió perfectamente lo que quería escuchar y me dejó debajo del árbol mi primer disco de rock.
Regreso a esos momentos dolorosos de mi vida donde la musica me acompañó.
Y eso, para mí, vale mucho más que cualquier número en Billboard.
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Juan Pablo Feria Gómez es ingeniero en tecnologías de la información y consultor con amplia experiencia en redes, Linux e infraestructura tecnológica. Cuando no está resolviendo problemas inexplicables en equipos de red, está explorando la historia de la música, desempolvando discos y encontrando las historias que se esconden detrás de cada álbum. En esta columna combina sus dos grandes pasiones: la precisión de la tecnología y la emoción de la música.
@ionycash

