El disco que no sabías que necesitabas: Loudness y “Thunder in the East”
Juan Pablo Feria
Antes de que Japón nos vendiera anime, videojuegos, karaokes y personajes con poderes capaces de destruir tres galaxias, hubo otra exportación cultural que intentó conquistar Occidente: el heavy metal.
Y no llegó precisamente en silencio.
En 1985, Loudness lanzó Thunder in the East, un álbum que se convertiría en uno de los grandes escaparates internacionales del heavy metal japonés. La misión parecía sencilla: tomar el sonido metálico que estaba funcionando en Estados Unidos y Europa, agregarle guitarras capaces de hacer llorar a un amplificador y demostrar que en Japón también sabían hacer ruido del bueno.
Y vaya que hicieron ruido.
Un trueno venido del Este
Thunder in the East fue producido por Max Norman, conocido por su trabajo con Ozzy Osbourne, Y&T y Bad Company. Su participación ayudó a darle a Loudness un sonido mucho más orientado al mercado estadounidense, aunque la banda conservó suficientes elementos del heavy metal europeo para no convertirse simplemente en otra banda de hard rock ochentero con demasiado spray en el cabello.
Y aquí hay que hablar de Akira Takasaki.
Si el heavy metal fuera una competencia de “a ver quién hace que esta guitarra parezca estar poseída”, Takasaki tendría serias posibilidades de llevarse el trofeo.
Su ejecución combina velocidad, precisión y una cantidad considerable de solos de guitarra. Pero lo importante es que no se trata solamente de presumir técnica. Los riffs y solos están integrados en canciones que buscan ser memorables.
Y eso es precisamente lo que hace funcionar al disco.
Crazy Nights: la carta de presentación
El álbum abre con una de sus armas más poderosas: “Crazy Nights”.
Es una canción construida para el concierto. Tiene riff pesado, coro pegajoso y esa sensación de que el público no está simplemente viendo el espectáculo: forma parte de él.
Loudness entiende perfectamente la fórmula ochentera: guitarras enormes, energía desbordada y un estribillo que prácticamente exige ser gritado por cientos de personas.
Y sí, también tenemos el famoso “MZA, MZA”.
No sabemos exactamente qué pensaban los japoneses que los occidentales íbamos a entender, pero funcionó.
Y eso es lo importante.
De la desesperación a las cadenas pesadas
Después aparece “Like Hell”, una canción mucho más rápida y agresiva que transmite la sensación de alguien cansado de escapar y finalmente dispuesto a enfrentarse con aquello que lo persigue.
Pero uno de los momentos más interesantes llega con “Heavy Chains”.
La canción comienza de manera relativamente contenida y poco a poco va aumentando la intensidad hasta desembocar en un espectacular trabajo de guitarra.
La metáfora de las “cadenas pesadas” representa el peso emocional que mantiene atrapada a una persona en su pasado.
Y aquí Loudness demuestra algo interesante: aunque muchas de sus canciones tienen la estética y los clichés propios del metal ochentero, debajo de los riffs y los solos hay temas recurrentes como la frustración, la soledad, el miedo y la necesidad de liberarse.
Eso sí: todo esto se expresa mientras Takasaki probablemente está intentando convencer a su guitarra de que puede tocar más rápido.
“Get Away” y el inglés de alto riesgo
Uno de los aspectos más simpáticos de Thunder in the East es el inglés de Loudness.
La intención de la banda de conquistar el mercado internacional era completamente seria. El resultado lingüístico… bueno, digamos que tiene momentos entrañables.
En “Get Away”, por ejemplo, encontramos frases que pueden provocar una pequeña pausa mental en cualquier persona que domine el inglés.
Pero lejos de convertirse en un defecto fatal, esas peculiaridades forman parte del encanto del álbum.
Después de todo, ¿quién necesita un inglés perfecto cuando tienes un riff que te golpea en la cara?
Amor, velocidad y otras cosas que pasan en un disco de metal
No todo es oscuridad y destrucción.
En “We Could Be Together”, Loudness se pone romántico.
El protagonista prácticamente le está diciendo a su amada: “Estoy loco por ti, podríamos estar juntos”.
Es la típica declaración amorosa ochentera, sólo que acompañada por una banda de heavy metal.
La canción tiene un enfoque mucho más comercial y melódico, demostrando que Loudness también sabía escribir canciones capaces de acercarse a la radio.
Porque hasta los metaleros tienen su corazoncito.
Aunque probablemente ese corazoncito esté cubierto de cuero y tenga una calavera estampada.
Correr por tu vida
“Run For Your Life” recupera una atmósfera mucho más oscura. La sensación es de encierro, desesperación y supervivencia.
La estructura también muestra una faceta un poco más técnica de la banda, con algunos guiños progresivos.
Mientras tanto, “Clockwork Toy” aborda otro tema interesante: el control social y la pérdida de identidad.
La persona se convierte metafóricamente en un juguete programado para obedecer órdenes.
“No hagas esto, No hagas aquello.”
Hasta que finalmente aparece la rebelión: recuperar el control y decidir por uno mismo.
Todo esto, por supuesto, acompañado por otra buena dosis de velocidad y guitarras.
Porque aparentemente en 1985 cualquier problema existencial podía resolverse con un solo de guitarra.
Cuando el metal se pone glam
“No Way Out” lleva al disco hacia terrenos más cercanos al glam metal.
La canción habla del encierro emocional posterior a una ruptura, de quedarse atrapado entre el enojo y la imposibilidad de dejar atrás el pasado.
Después llega “Never Change Your Mind”, donde Loudness muestra nuevamente su lado más sentimental.
La canción gira alrededor del miedo a que una pareja cambie y termine alejándose emocionalmente.
Es curioso porque, detrás de toda la actitud de “te voy a sacudir”, “te voy a sorprender” y “vamos a rockear”, estos japoneses también tenían su lado romanticon.
El secreto de “Thunder in the East”
Lo más interesante del álbum es que Loudness consiguió combinar varias influencias.
Hay heavy metal tradicional, elementos de la New wave o british heavy metal, hard rock melódico, speed metal y algunos momentos que se acercan al glam metal estadounidense.
Y, sin embargo, el disco mantiene una identidad bastante clara.
Las canciones suelen ser relativamente directas, con estructuras accesibles, riffs memorables y solos que aparecen constantemente.
La guitarra de Takasaki es, naturalmente, una de las grandes protagonistas.
Pero también hay que destacar la voz de Minoru Niihara, cuyo timbre áspero y acento marcado le dan una personalidad particular al conjunto. No intenta sonar como un clon perfecto de algún cantante estadounidense: su voz conserva una identidad propia.
El bajo aporta un sonido grueso y contundente, mientras que la batería, aunque quizá sea el elemento menos espectacular del conjunto, cumple perfectamente su función.
Y eso termina creando una combinación bastante efectiva.
¿Es una obra maestra?
Aquí es donde vale la pena quitarse un poco la camiseta.
Thunder in the East quizá no sea el álbum más revolucionario o perfecto de la historia del heavy metal. Algunas canciones pueden sentirse bastante similares entre sí y ciertas letras en inglés son, cuando menos, peculiares.
Pero tampoco hace falta que un disco sea perfecto para ser importante.
Porque Thunder in the East consiguió algo que no era sencillo en 1985: poner a una banda japonesa de heavy metal frente al público occidental y hacer que la escucharan.
Loudness apareció en MTV y compartió escenarios con grandes nombres del hard rock y heavy metal estadounidense.
El álbum abrió una puerta que posteriormente otras bandas japonesas atravesarían.
Y aquí hay que recordar algo importante: Japón no estaba tratando simplemente de copiar a Occidente. Loudness estaba demostrando que una banda japonesa podía competir técnicamente y compositivamente dentro de un género dominado por músicos estadounidenses y europeos.
El trueno que no tuvo continuación
Paradójicamente, el éxito internacional de Loudness no produjo una secuela de “Crazy Nights” que mantuviera el mismo impacto.
Su momento de mayor exposición estadounidense fue relativamente breve.
Pero la importancia de Thunder in the East quedó.
Con sus riffs, sus solos imposibles, sus letras sencillas, sus momentos románticos, sus frases en inglés que ocasionalmente parecen haber atravesado un traductor que estaba teniendo un mal día y esa enorme energía ochentera, el álbum representa uno de los momentos más interesantes de la internacionalización del heavy metal japonés.
Y si años después aparecieron bandas japonesas que conquistarían todavía más público internacional, como X Japan, Loudness ya había demostrado que era posible.
¿Por qué escucharlo hoy?
Porque Thunder in the East es un auténtico viaje a 1985.
Es rápido, melódico, técnico, exagerado y descaradamente ochentero.
Es un disco donde prácticamente todo está en grande: las guitarras, los solos, los coros, la actitud y hasta las ambiciones de la banda.
Y aunque algunas de sus letras puedan sacarnos una sonrisa involuntaria, sería injusto quedarse solamente con eso.
Detrás de las frases curiosas hay músicos extraordinariamente talentosos, especialmente un Akira Takasaki que convierte cada canción en una oportunidad para recordarnos que quizá nosotros deberíamos practicar un poquito más antes de intentar tocar la guitarra.
Thunder in the East no solamente es un buen disco de heavy metal de los ochenta.
Es también el testimonio de una banda que decidió mirar hacia Occidente y decir: Nosotros también podemos rockear.
Y sí, Podían… y Bastante.
Gracias a La Chicharra por el espacio,
Ahora te toca a ti: ¿conocías a Loudness u otras bandas de Japon? Si tienes algún dato, anécdota o historia sobre ellas que se haya escapado, compártela en los comentarios. Y si tienes un disco que quieras que escuchemos y reseñemos, también déjanos tu petición. Porque entre todos también se arma la historia de la música, siganme tn Tik Tok para mas reseñas eclécticas y recomiendanos.
Juan Pablo Feria Gómez es ingeniero en tecnologías de la información y consultor con amplia experiencia en redes, Linux e infraestructura tecnológica. Cuando no está resolviendo problemas inexplicables en equipos de red, está explorando la historia de la música, desempolvando discos y encontrando las historias que se esconden detrás de cada álbum. En esta columna combina sus dos grandes pasiones: la precisión de la tecnología y la emoción de la música.
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