La Policía Energética: El Río Sonora se queda sin luz… Podremos crear comunidades energéticas como respuesta?
Por Ana Sotomayor
No es la primera vez que hablo de apagones en esta columna. Hemos visto transformadores reventar en el centro de Hermosillo, colonias enteras sin luz por horas y las consecuencias conocidas del Hospital del ISSSTE.
Pero hoy quiero hablar de una región distinta. Una que no está en los reflectores de la capital, pero que alimenta a la capital. Una región que este año ha estado viviendo un calvario eléctrico que no solo afecta el confort, sino la producción de alimentos.
Y también quiero hablar de una solución que ya existe, que ya funciona en otras partes del mundo, y que en México podría considerarse como una alternativa real: las comunidades energéticas.
De Baviacora a Arizpe: el apagón que no da tregua
Desde Baviacora hasta Arizpe, pasando por Aconchi, Banámichi, Huépac, San Felipe de Jesús, Ures y las comunidades de Mazocahui y Sinoquipe, los habitantes del Río Sonora están viviendo una situación crítica. La luz se va a cada rato, a cualquier hora y sin previo aviso.
Los vecinos han llegado a contar hasta quince apagones en un solo día, dejando sin aire acondicionado, sin refrigeración y sin acceso a salud a miles de familias en plena temporada de calor. Y no es un problema nuevo. La vox populi en la región, menciona que los apagones se incrementaron a raíz de un aumento en la actividad minera en la zona, pero también mencionan la falta de mantenimiento del tendido eléctrico de CFE.
La situación no es menor. Las variaciones de voltaje que anteceden a los apagones están quemando electrodomésticos: refrigeradores, congeladores, aires acondicionados. Y cuando los refrigeradores dejan de funcionar en una zona como el Rio Sonora, se pierde el alimento que alimenta a familias enteras.
Esta región es una zona minera, pero también profundamente agrícola y ganadera. De aquí salen productos que llegan a la mesa de los hermosillenses y carne de la mejor calidad que se exporta a otros mercados. Sonora es el segundo exportador de ganado en pie a Estados Unidos, y gran parte de ese ganado se cría en la cuenca del Río Sonora.
Pero el ganado no se alimenta solo. Requiere sistemas de bombeo para agua, sistemas de refrigeración para la leche y la carne, sistemas de ventilación para los corrales. Y cuando la luz falla, todo eso se detiene.
Lo paradójico es que en las zonas serranas y en los ranchos alejados, los productores ya han aprendido a usar energía solar para abastecerse. Pero en los pueblos, donde la densidad poblacional es mayor, la dependencia de la red eléctrica es total.
Y la red, en esta región, es vieja. Los sistemas eléctricos son anticuados y no aguantan la demanda. La falta de mantenimiento, modernización e incremento en subestaciones, transformadores y líneas de distribución provoca saturación en momentos de alta demanda. Y cuando el calor aprieta, que en Sonora es muy seguido, la demanda se dispara y la red colapsa.
Las autoridades han realizado recorridos por las instalaciones de CFE para abordar el problema, y la propia CFE ha anunciado trabajos de mantenimiento en la región. Pero los vecinos ya están hasta el tope. No están pidiendo favores, están exigiendo lo justo.
La región del Río Sonora no es solo un conjunto de pueblos pintorescos. Es la despensa de la capital. Es el origen de la carne que llega a los mercados. Es el sustento de familias que han trabajado la tierra y criado ganado por generaciones. Y en este momento se sienten abandonados.
Y aquí es donde quiero llegar. Porque mientras esperamos que CFE resuelva un problema que lleva años acumulándose, hay una alternativa que ya está funcionando en otras partes del mundo y que en México empieza a abrirse paso: las comunidades energéticas. Imaginemos que pasaría si, en lugar de esperar a que la energía llegue, fueran los propios habitantes de la región quienes la generaran y la gestionaran: un grupo de vecinos, pequeños productores, ejidatarios o incluso un patronato, que se unan para producir, consumir y gestionar su propia energía limpia a nivel local, para ahorrar en la factura de la luz, cuidar el medio ambiente y tomar decisiones de manera democrática.
No es ciencia ficción. Es un modelo que ya funciona en muchos países y que en México tiene un potencial enorme. Es, en esencia, poner la energía en manos de quienes la consumen.
El modelo es sencillo y poderoso:
Generación limpia y local. Se instalan paneles solares en techos de edificios o terrenos compartidos.
Reparto justo y proporcional: La electricidad que se produce se reparte entre los socios de acuerdo a su consumo.
Gestión democrática: Todos los miembros participan en las decisiones: cómo se usa la energía, cómo se administran los recursos, cómo se invierten los ahorros.
Y los beneficios son claros: menor costo en la factura eléctrica, acceso universal a energía solar para quienes viven en zonas rurales o no pueden instalar paneles en sus propios techos, refuerzo del suministro de CFE y un impulso al empleo local y a la reducción de la contaminación.
Ahora, ¿Se puede hacer en el Río Sonora?
La respuesta corta al día de hoy es… No. Y no es porque no se pueda técnicamente. Es porque el marco regulatorio nos lo impide. Si bien hubo una propuesta en la ley anterior de un esquema llamado Generación Distribuida Colectiva (GDC) que proponía un modelo regulatorio más parecido a estas comunidades, en el 2021 se detuvo toda regulación y, por ende, dejó de existir.
Pero la región del Río Sonora tiene condiciones ideales para un esquema de este tipo: alta irradiación solar, comunidades organizadas, tradición de trabajo colectivo y una necesidad apremiante de energía confiable. Y aunque la figura jurídica exacta de “Comunidad Energética” no está contemplada tal cual en la ley mexicana, podría haber vías legales y organizativas para avanzar hacía ese mismo objetivo.
Mientras se resuelve el marco regulatorio, hay algo que sí se puede hacer: evaluar la creación de micro redes que atiendan los temas más críticos de cada comunidad.
Imaginen un sistema de generación distribuida con almacenamiento (Grid-Forming BESS) que garantice el suministro en puntos estratégicos:
- El centro de salud, para que ningún paciente quede sin atención.
- Un sistema de refrigeración de alimentos en el centro comunitario, para que no se pierda la comida.
- El bombeo de agua, para que la población y también el ganado y los cultivos no sufran.
- El acceso a telecomunicaciones, para que la comunidad no quede aislada.
Eso no resolvería el problema completo, pero sería un primer paso. Una manera de mantener viva la comunidad mientras se construye una solución de mayor escala.
¿Y qué necesitamos para que las comunidades energéticas despeguen?
Pues, tan sólo 3 cosas:
- Un marco regulatorio claro que reconozca y facilite la generación distribuida colectiva y la gestión comunitaria de la energía.
- Mecanismos de financiamiento accesibles para que las comunidades no tengan que cargar solas con el costo inicial.
- Voluntad política para cambiar la lógica centralizada y apostar por un modelo donde la energía no sea solo un negocio, sino un derecho y una responsabilidad compartida.
Y mientras eso llega, podemos empezar por lo que sí está a nuestro alcance: organizarnos, medir nuestras necesidades, identificar los puntos críticos y presionar a las autoridades para que el marco regulatorio se actualice. Es decir hacer ciudadanía critica y exigente.
Porque todos y ahora en especial la zona del Río Sonora necesitamos energía confiable. Necesitamos que refrigeradores que no se apaguen, sistemas de riego funcionando, corrales con ventilación y que las familias de todo Sonora puedan vivir con dignidad en pleno calor.
CFE tiene que hacer su trabajo: mantener y modernizar la red. Pero también hay una oportunidad para que los habitantes de la región tomen el control de su destino energético. Para que no dependan de que un transformador truene o de que una línea de transmisión se sature. Para que puedan generar, gestionar y consumir su propia energía.
La energía más barata es la que no se consume, pero la energía más accesible es la que generas tú mismo y la más confiable es la que respaldas con almacenamiento y con comunidad. La tecnología existe, el sol sobra, la necesidad urge y el marco regulatorio… pues el marco regulatorio hay que empujarlo para que cambie.
La Policía Energética sigue patrullando. Hoy, desde la cuenca del Río Sonora, exigiendo soluciones y ofreciendo alternativas.
Si vives en la región del Río Sonora y has sufrido apagones, o si te interesa saber cómo impulsar una comunidad energética en tu pueblo, mi correo sigue abierto: Sotomayor.anam@gmail.com
Gracias a La Chicharra y hasta la próxima semana.
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Ana Sotomayor es graduada en Administración de empresa y candidata a maestría en Sustentabilidad (si todo sale bien). Su experiencia profesional incluye proyectos de eficiencia energética y energías renovables, y es una hábil profesional en el sector de la administración de la energía. Sus habilidades incluyen el identificar, evaluar y presentar de una manera entendible las oportunidades en el uso eficiente de la energía y sus aplicaciones. Tiene experiencia en servicios de consultoría de sustentabilidad y ha presentado soluciones y programas eficaces de manejo eficiente de la energía para distintos clientes incluyendo el sector privado, y gobiernos estatales y municipales. Actualmente tiene su propia firma de consultoría dedicada a la realización de auditorías energéticas, perfiles de consumo de energía, capacitación y trámites para la participación en el Mercado Eléctrico Mayorista. Su experiencia anterior incluye puestos administrativos y financieros en industrias medianas.

