La Policía Energética: Cambiar la misión de CFE no es un capricho, es una necesidad operativa
Por Ana Sotomayor
Hace unos días lancé una propuesta en mis redes sociales que, lo confieso, no ha dejado indiferente a nadie. Dije que deberíamos cambiar la misión de CFE para que se enfoque en lo que realmente importa: entregar la energía suficiente en el lugar requerido, a un precio competitivo, en el momento adecuado.
Y sé que para muchos esto suena a herejía. Pero lo dije entonces y lo repito ahora: los ciudadanos no necesitamos una empresa que controle el mercado. Necesitamos una empresa que nos sirva.
El gobierno mexicano ha entendido que solo no puede. Las convocatorias de contratos mixtos han recibido más de 200 propuestas de inversionistas privados que representan cerca de 38 GW de capacidad ofertada, más de cinco veces lo que se necesitaba. Se están abriendo mecanismos para que la inversión privada participe en generación y almacenamiento de energía.
Pero mientras celebramos estos avances, los apagones siguen ocurriendo. Y no son por falta de generación. Son por falta de una red que pueda llevar la energía de donde se genera a donde se necesita.
La misión actual de CFE es larga, ambiciosa y llena de buenas intenciones. Habla de eficiencia, sustentabilidad, soberanía energética y fortalecimiento del servicio público. Todo eso suena bonito, pero no responde a la pregunta que los ciudadanos nos hacemos cuando se va la luz: ¿por qué no hay energía?
Por eso propongo una misión más simple, más directa y honesta:
“Entregar la energía suficiente en el lugar requerido, a un precio competitivo, en el momento adecuado, para contribuir al desarrollo sustentable del país.”
Porque francamente, no debería importar a nombre de quién están los “fierros” que generan la energía, mientras llegue la energía cuando la necesitamos.
La corresponsabilidad es clave.
Al Estado le corresponde:
- Invertir en transmisión y distribución. La red eléctrica no se mantiene sola. México tiene ya una deuda de infraestructura que requiere una inversión mucho mayor a la planeada. Las funciones de Transmisión y Distribución son exclusivas del Estado por razones de seguridad nacional, y ahí es donde debe enfocarse el esfuerzo público.
- Avanzar lo más rápido posible para compensar la deuda en inversión. Los apagones no son “por el clima”. Son porque la red no está preparada para el clima que ya tenemos.
- Usar el dinero de la venta de energía para fortalecer esa infraestructura. Si los privados generan a precios competitivos, algo que se demostró con las subastas de 2018, CFE puede comprarles y canalizar los ingresos hacia lo que realmente necesita el sistema.
A los ciudadanos nos corresponde:
- El uso racional de la energía. Ya lo hemos dicho en esta columna: eficiencia, no derroche. Tanto en nuestros hogares como en nuestras empresas e industrias.
- La revisión de nuestras instalaciones. Cables rotos, contactos calientes, extensiones inapropiadas. Todo eso que genera fugas que consumen energía de más y ponen en riesgo la seguridad de todos.
- Vigilar los transformadores de nuestra colonia. Esos bultos en los postes o en las cajas verdes de la esquina no son eternos. Se ensucian, pierden aceite, se calientan y, si no se atienden, explotan. Reportarlos antes de que fallen no es un favor a CFE: es un acto de autocuidado.
Aquí hay un punto que quiero dejar muy claro. El ciudadano común no debe ni puede sacrificar su bienestar para que el Estado utilice a la empresa pública como un brazo controlador del mercado.
La energía no es un lujo. Es un puente hacia otros derechos: salud, educación, vivienda digna. Cuando la energía falla, esos derechos se resienten. Y no podemos pedirle a una familia que “aguante” el calor de 45°C para “ayudar al sistema”.
Existen otros mecanismos para controlar el mercado sin que el usuario tenga que pagar las consecuencias:
- La SENER define la política energética y la planeación del sector.
- La Comisión Nacional de Energía (CNE) otorga permisos y regula.
- La regulación que determina la predominancia de CFE permite que el Estado oriente el mercado sin necesidad de que CFE controle toda la cadena de valor de la energía.
Aquí está la oportunidad que no debemos dejar pasar
El gobierno actual ha mostrado apertura a la inversión privada en generación. Y la inversión privada ha mostrado un entusiasmo de participar. Hay más de 130 proyectos energéticos en proceso, incluyendo 81 proyectos mixtos entre CFE y privados que están en evaluación. Hay además 37 proyectos de generación renovable que ya han sido aprobados.
Pero para que esto funcione, la inversión no puede quedarse solo en generación. El esfuerzo del estado debe enfocarse a crear en una red más confiable. En menos apagones. En energía que llegue a donde se necesita, cuando se necesita.
Cada año que pasa sin inversión en transmisión y distribución es un año de apagones, de pérdidas económicas, de escuelas sin clases, de hospitales sin energía, de familias que pasan calor extremo sin poder hacer nada.
El dinero que hoy se gasta en apagar incendios (literal y metafóricamente) es mucho mayor que el que se necesitaría para prevenir esos incendios.
Todo esto me lleva a proponer lo dicho, que la misión de CFE debe cambiar. No por capricho, sino por necesidad. Los ciudadanos necesitamos una empresa que nos sirva, que garantice que la energía llegue, que invierta en transmisión y distribución, y que use el dinero de los ingresos para fortalecer la infraestructura, no para competir con los privados en generación, que sean ellos quienes compitan por obtener los contratos de CFE al mejor costo posible en beneficio de los ciudadanos.
Mientras tanto, nosotros, los ciudadanos, tenemos nuestra parte: uso racional, revisión de instalaciones, vigilancia de la infraestructura, y una exigencia clara a las autoridades: Que el enfoque de una empresa de servicio del estado debe ser en beneficio de los ciudadanos, no como un brazo para control del mercado.
Porque la energía no es un fin en sí misma. Es un puente para acceder a nuestros derechos. Y el puente debe estar siempre en pie.
La Policía Energética sigue patrullando. Hoy, más que nunca, con la misión de CFE en la mira.
Si tienen opiniones sobre esta propuesta, o si creen que la misión de CFE debería ser otra, mi correo sigue abierto: Sotomayor.anam@gmail.com
Gracias a La Chicharra y hasta la próxima semana.
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Ana Sotomayor es graduada en Administración de empresa y candidata a maestría en Sustentabilidad (si todo sale bien). Su experiencia profesional incluye proyectos de eficiencia energética y energías renovables, y es una hábil profesional en el sector de la administración de la energía. Sus habilidades incluyen el identificar, evaluar y presentar de una manera entendible las oportunidades en el uso eficiente de la energía y sus aplicaciones. Tiene experiencia en servicios de consultoría de sustentabilidad y ha presentado soluciones y programas eficaces de manejo eficiente de la energía para distintos clientes incluyendo el sector privado, y gobiernos estatales y municipales. Actualmente tiene su propia firma de consultoría dedicada a la realización de auditorías energéticas, perfiles de consumo de energía, capacitación y trámites para la participación en el Mercado Eléctrico Mayorista. Su experiencia anterior incluye puestos administrativos y financieros en industrias medianas.

