La Policía Energética: Cuando el transformador habla (y nadie lo escucha)
Por Ana Sotomayor
Hola de nuevo, queridos lectores.
Esta semana no quiero hablarles de megaproyectos, ni de licitaciones, ni de eventos geopolíticos. Esta semana quiero hablarles de algo que pasa frente a nuestras narices, en nuestras calles, en nuestros centros comerciales, en nuestras colonias.
Y duele hacerlo porque implica hablar de un accidente que ya cobró consecuencias fatales.
Hace varios meses, en el centro de Hermosillo, específicamente en una tienda Waldo’s, un transformador falló. Y falló feo. Las noticias hablaron de una explosión, de fallecidos, de caos.
Pero resulta que no es un caso aislado. En el centro de Hermosillo, los incidentes con transformadores se han vuelto una constante incómoda. Apagones, sobrecalentamientos, equipos que truenan, humean, etc, sin previo aviso. Y nosotros, como sociedad, nos acostumbramos. Nos encogemos de hombros, nos lamentamos, reponemos lo que se dañó… y seguimos igual. Y no tomen solo mi palabra, Elsa Gonzalez, mejor conocida como “La morra de los cargadores” con la que tengo una amistad cercana me compartió el otro día el siguiente gráfico en el que se evidencian las “fallas” en transformadores que se han reportado desde el accidente de Waldo’s:

Por eso quiero hoy quiero plantear algo distinto:
No todo lo que le pasa a un transformador es culpa de lo que tiene conectado “aguas abajo”.
Explico.
En mi práctica profesional, cuando diseñamos o evaluamos un sistema eléctrico, solemos enfocarnos en lo que está del lado de la carga: las casas, los comercios, las industrias, todo lo que conectamos a la salida del transformador. Eso es lo que en la industria llamamos “aguas abajo”. Y tiene mucho sentido: si conectas muchas cosas, o conectas cosas que consumen mal la energía, el transformador sufre. Ya lo he dicho antes en algunas conferencias: los hornos eléctricos, luces LED, cargadores de laptop, inversores, y hasta los cargadores de autos eléctricos representan “cargas no lineales” es decir cambian la forma de las ondas de la corriente y la tensión (componentes de la energía que usamos) y esas cargas están cambiando la forma en que consumimos energía. Y los transformadores viejos, los de toda la vida, no estaban diseñados para eso.
Pero también hay otra cara de la moneda, y es la que casi nunca vemos.
“Aguas arriba”.
Eso es lo que viene de la red de distribución y transmisión. La energía que llega al transformador desde las líneas de CFE, desde las subestaciones, desde todo el sistema que está antes de él.
Y si esa energía llega sucia, distorsionada, con armónicos, con flicker, con variaciones de tensión… el transformador también sufre. Aunque del lado de la carga todo esté en orden.
Imaginen un río: si aguas arriba alguien está ensuciando el agua, no importa que aguas abajo tengas el filtro más caro del mundo, el daño ya está hecho. Así funciona la electricidad.
Entonces, ¿qué está pasando en el centro de Hermosillo?
No lo sabemos con certeza… y ese es justo el problema.
Porque cuando los incidentes se repiten en una misma zona, cuando los transformadores truenan uno tras otro en un radio de pocas cuadras, eso ya no es mala suerte. Eso es un síntoma. Y los síntomas, en ingeniería como en medicina, no se ignoran. Se investigan.
Mi hipótesis, y ojalá alguien con recursos y autoridad la tome en serio, es que en esa zona conviven dos fenómenos:
Transformadores antiguos, diseñados para un mundo de cargas lineales que ya no existe. Hoy tenemos conectadas cosas que ellos nunca imaginaron: fuentes de poder conmutadas, drivers de LED, variadores de velocidad, inversores para paneles solares, cargadores de todo tipo y varios etcéteras. Todo eso modifica las ondas de corriente y tensión. Y los transformadores, fieles a su diseño, tratan de hacer su trabajo… pero se están muriendo de a poquito y cuando mueren por estas causas no mueren en silencio.
Perturbaciones que vienen de la red, de ese “aguas arriba” del que nadie habla. Porque también es posible que la energía que llega a la zona ya venga distorsionada desde antes. Y si encima le sumamos las cargas locales, el resultado es una tormenta perfecta.
¿La solución?
Medir.
Así de simple y así de complejo.
Antes de cambiar transformadores, antes de reforzar nada, antes de seguir conectando más cosas… hay que poner equipos de medición de calidad de la energía en el centro de Hermosillo. Hay que registrar durante días o quizá semanas, lo que está pasando en esa red. Hay que ver las formas de onda, los armónicos, los desbalances, las variaciones de tensión. Hay que identificar si el problema viene de aguas arriba, de aguas abajo… o de ambos.
Porque lo que no se mide, no se controla. Y lo que no se controla, eventualmente explota.
Ya tuvimos un accidente con lamentables consecuencias. Mi mayor temor es que lo normalicemos, que lo olvidemos, que esperemos a que vuelva a pasar. Y no debería ser así.
La energía no es magia. Es ingeniería. Es física. Es causa y efecto. Y cuando algo falla una y otra vez en el mismo lugar, el universo de la ingeniería nos está mandando un mensaje muy claro:
Algo está mal. Míralo. Mídelo. Entiéndelo. Y actúa.
No se trata de buscar culpables. Se trata de asumir responsabilidades. Como he dicho antes: el gobierno tiene la responsabilidad de garantizar un suministro confiable y seguro. Las empresas tienen la responsabilidad de operar sus equipos dentro de lo que la red puede soportar. Y nosotros, como ciudadanos, tenemos la responsabilidad de exigir que se hagan las pruebas, que se midan los riesgos, que se prevengan las tragedias antes de que ocurran.
Más vale prevenir, medir, revisar, validar… y actuar.
Porque después de una explosión, ya es tarde para el diagnóstico.
Saludos y como siempre, les dejo mi correo: Sotomayor.anam@gmail.com. Si han tenido problemas con transformadores en su colonia, si han visto apagones recurrentes, si algo no les cuadra… escríbanme. Entre todos podemos poner nuestra gota para crear la ola verde.
Gracias a La Chicharra y hasta la próxima semana.

Ana Sotomayor es graduada en Administración de empresa y candidata a maestría en Sustentabilidad (si todo sale bien). Su experiencia profesional incluye proyectos de eficiencia energética y energías renovables, y es una hábil profesional en el sector de la administración de la energía. Sus habilidades incluyen el identificar, evaluar y presentar de una manera entendible las oportunidades en el uso eficiente de la energía y sus aplicaciones. Tiene experiencia en servicios de consultoría de sustentabilidad y ha presentado soluciones y programas eficaces de manejo eficiente de la energía para distintos clientes incluyendo el sector privado, y gobiernos estatales y municipales. Actualmente tiene su propia firma de consultoría dedicada a la realización de auditorías energéticas, perfiles de consumo de energía, capacitación y trámites para la participación en el Mercado Eléctrico Mayorista. Su experiencia anterior incluye puestos administrativos y financieros en industrias medianas.

