Celuloide: Dulce Hogar 2

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Por Jesús Ricardo Félix
Jesús Ricardo FélixSweet home es una serie surcoreana estrenada el 2020, dirigida por Lee Eung-bok, Jang Young-woo y Park So-hyun. La producción de Netflix se basa en el webtoon del mismo nombre creado por Kim Kan-bi y Hwang Young-chan. La trama gira alrededor del personaje solitario de Cha Hyun-soo. Sus padres han muerto y él lleno de culpas, con ciertas tendencias al suicidio, se muda a un nuevo vecindario. Un virus se comienza a apoderar de la población dando lugar a todo tipo de monstruos que buscan alimentarse de los humanos. Hyun-soo comienza a presentar los síntomas pero sin transformarse del todo en un monstruo, a partir de su condición “medio humana” pretende ayudar a sobrevivir a sus vecinos y amigos en medio del caos. Es por eso que en esta semana hablaremos sobre la segunda temporada de Sweet home.

Los que disfrutamos de Dulce Hogar en medio de la pandemia del 2020, teníamos esperando ya tres años el estreno de la segunda temporada, por lo que tengo que subrayar que mis expectativas eran bastante altas en cuanto a la secuela. El estreno finalmente llegó este pasado primero de diciembre, con ocho nuevos episodios de la popular serie. A continuación me dispongo a recordar algunos de los elementos que me hicieron apreciar la anterior versión de Dulce Hogar.

De la primera temporada me gustó bastante la construcción que se hizo de los monstruos, desde el ciego que mata por el sentido auditivo, hasta “la mole” que tiene que ser enfrentado con un carro de bomberos, el monstruo guiado por el hambre, el de la lengua retráctil, etcétera. En resumen, cada monstruo adquiría la personalidad y los temores de la persona que había sufrido su posterior “monstrualización”, en ese sentido la serie funcionaba como en una especie de Batman oriental, donde “los villanos” son igual de relevantes que el héroe. Además los personajes que conformaban el vecindario, eran los suficientes como para que se abrieran líneas dramáticas sin que el espectador perdiera el hilo. Los efectos visuales, la calidad de las imágenes, incluso la iluminación cuidadosamente manejada para crear una atmósfera de claustrofobia, donde los personajes debían defenderse hasta de sus familiares.

En la segunda temporada, los productores nos llevan afuera de Dulce Hogar, para mostrarnos lo que ha ocurrido con la ciudad. Miles de refugiados se congregan en un estadio en medio del apocalípsis, donde el control de la ciudad lo resguardan los militares. El personaje de Cha Hyun-soo ha sido capturado por una especie de milicia que lo transporta a un laboratorio.

Lo primero que tengo que señalar, es que los guionistas duplican el número de personajes, abriendo tantas líneas dramáticas que ni William Shakespeare podría sostener. Se abren líneas que luego no se cierran, se presentan personajes que con el tiempo se desvanecen, o se hace demasiado énfasis en detalles que luego no tienen relevancia.

La calidad visual y los efectos se mantienen, pero en la segunda temporada, el elemento claustrofóbico ya no está presente. Tampoco se mantiene la originalidad de los monstruos de la primera temporada, más bien aquí se recurren a efectos tipo “godzila”, que dejan mucho que desear. Hay intentos por suplir la claustrofobia (vecindario) de la primera temporada, con el refugio (estadio) en la segunda, pero ni si quiera aparecen monstruos carismáticos para sazonar la trama. La tendencia es recurrir más al drama tele novelesco con aires de Dragon ball, que alarga demás los episodios e intenta aderezar con una que otra escena de acción, eso sí muy bien producida.

En resumen creo que la segunda temporada se queda corta, y nos trata de vender un concepto a lo “Guillermo del Toro”, donde los monstruos son las víctimas de los hombres, pero con aires de melodrama latinoamericano. Se espera una tercera temporada para el próximo verano, a ver si consigue recobrar la fuerza de la primera o se termina de convertir en una Rosa de Guadalupe surcoreana.

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