sábado, julio 13, 2024
ColaboraciónLa perinola

La perinola: Pensar con todo el cuerpo

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He llegado a una edad en la que puedo decir estas cosas. Lo hago sobre todo para alertar a los más jóvenes, tan proclives a encarnar acríticamente los vicios de sus mentores. A mí me parece que pierde mucho la persona si renuncia a aposentarse en sus dominios corporales, si se muestra refractaria a su condición terrenal, optando pomposamente por una vida repleta de rituales mamilísticos de una supuesta intelectualidad con aroma a naftalina.

Somos animales, somos seres materiales, andamos por el mundo arrastrando lo que alguna vez serán nuestros despojos. Esta es la verdad más incuestionable de todas. En consecuencia, tendríamos que asumirnos como un cuerpo, que es lo que somos, no lo que tenemos. Somos el poseedor y lo poseído: dos y una misma cosa. Fácil, ¿no? Pues eso. Me parece más urgente que nunca defender nuestra corporalidad como esencia concreta y formal de la vida humana; desde el cuerpo es que pensamos porque él somos y en él estamos. Nuestras reflexiones no son sino reacciones materiales a estímulos igualmente materiales que nos rodean en este círculo de fatalidades dichosas que llamamos mundo. Luego vendrá la nada y otros serán los encarnados, otras las conciencias.

Si alguno va pensando que lo que digo es trágico, pues ha pensado bien, le diría que sí, que es tan trágico como gozoso. Somos la vida que se agita, que desea y concluye, que abre puertas y levanta muros. Eso somos. Nuestro deber es serlo siempre, incluso cuando nos encontramos arrinconados en uno de esos cubículos profesorales donde se suponen deben nacer las ideas, aunque frecuentemente lo que ocurra sea algo muy distinto: la burocratización del pensamiento.

Me he dado cuenta de que pensar es vivir. El pensamiento no ocurre al margen de la existencia, sino que es su parte más esencial, como lo son la vejiga y los huesos. El término “intelectual” sale sobrando, bastaría con decir “ser humano” Esto basta para entender que se trata de un ser que piensa porque es y está, porque pesa y envejece, porque es el tiempo.

Dionisio el cínico lo supo antes que nadie y se dedicó a hacerse hermano de todos los hombres. No existe tarea más noble y encomiable. Se hizo escarnio de él entonces y se sigue haciendo hoy, cuando los herederos del formalismo intelectual se piensan ángeles y llevan la mano atenazada a la nariz para mostrar el asco que les producen los que hemos decidido andar descalzos. El mundo es nuestro, que se queden para ellos todo el cielo.

Separador - La Chicharra

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com

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