De mente abierta y lengua grande: El pino enlatado

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Chef Juan Angel | @chefjuanangel

Primero, una lata de leche Nido, de esas fabricadas con aluminio grueso, color amarillo, con una serie de zanjas que la rodean para poder sostenerla mejor con las manos; una lata grande, de las que usábamos como maceta, banquito y tambor; en las que se almacenaba agua puerca de los cerdos, de esas.

Luego, unas 4 paladas de piedras medianas, que puedan acomodarse una tras otra para generar presión y sostener lo necesario.

Toc toc
Toc toc
-Mijitooooo, abre la puerta-
Toc toc

Me estaba poniendo el suéter, hacía frío y al abrir la puerta corría un aire denso que cruzaba el pasillo de la casa hacia el patio.

-Pasa Cande, le voy a decir a mamá que ya nos vamos-
-¿No ha cocinado nada sabroso doña Águeda? A Candelario le encantaba la comida de mi mamá, decía que tenía un sazón diferente al resto del pueblo.

-Amáaaaa, ya nos vamos- Cande salió primero, tomó el machete y la piola que había dejado en el porche -Cande, una pregunta, ¿para qué es la piola? – Cande sonrió -Ahorita verás-

Salimos de casa y dimos vuelta hacia la izquierda, subimos la cuesta -¿Ya van? Ojalá encuentren uno grande- Nos gritó la Aurelia de Berna. Caminamos medio kilómetro más y nos salimos del pavimento, tomamos un sendero, subimos una colina de peñas coloradas repletas de choyas, sangrengado y pasto seco, era tarde, había un nublado intenso y arreciaba el frío.

-Mira, ¿qué te parece este?- preguntó Cande -Quiero uno como el tienes tú- contesté. Seguimos caminando entre subidas, bajadas y algunos resbalones, con la vista puesta en el objetivo.

-Mira Candeeee- mi mejor amigo me volteó a ver con cara de envidia – Qué suertudo Juan Angel, está muy grandeee- inmediatamente cogió el machete y empezó a cortar, ató la piola un poco arriba de la mitad del tronco principal y me dio el otro extremo -Jálala fuerte mientras sigo cortando- me indicó.

Después de una decena de golpes, el hermoso y poco deshojado guayacán cayó al suelo; lo que nunca previmos fue cómo lo llevaríamos a casa, así que, acto seguido, Candelario empezó a modelarlo con el machete para transformarlo en en lo más parecido a un pino, lo tomamos cada quien de un extremo y lo transportamos a casa. Entramos e inmediatamente apareció mi mamá con escoba para barrer los cientos de pequeñas hojas que se desprendían del arbolito. Lo dispusimos en la lata de leche Nido, y metimos unas piedras alrededor para sostenerlo y mantenerlo de pie. Después agregamos algunas figuritas de cartón coloreadas a mano, unos metros de cordón de brillos dorados y lo coronamos con una estrella en lo que parecía la punta del árbol.

Durante años, nuestras Navidades estuvieron orgullosamente enmarcadas con guayacanes que nos acompañaban hasta deshojarse por completo.

El mismo orgullo que sentíamos por aquel árbol desértico, es el que debe prevalecer en nuestra mesa esta Navidad, trátese del platillo o menú que se trate, tener alimentos para compartir es y será siempre una bendición, así se sirva en porcelana, plástico, desechable o tortilla. La comida tiene un valor que solo nosotros podemos darle, y al otorgárselo sentiremos el verdadero placer de una cena realizada con base en nuestras posibilidades, de nuestros padres, de nuestra familia. Y será hasta este momento cuando podremos ser agradecidos con plenitud.

Chef Juan Angel – Licenciado en Periodismo y chef profesional, conductor de televisión, creador de contenidos gastronómicos y embajador de marcas de alimentos.

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