Celuloide: La cacería o ya no hay Kennedys en EUA

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Por Jesús Ricardo Félix
Jesús Ricardo FélixEn su texto más reciente Mario Velázquez nos habla de que una revolución o es una revolución cultural e intelectual o no lo es. En la sociedad norteamericana percibimos una doble moral respecto al tema de las armas: No vayas a México ciudadano americano porque los grupos delictivos ponen en riesgo tu seguridad. Por otro lado las armas que utilizan dichas organizaciones en su mayoría provienen del vecino país. Otro falso discurso proviene del cine que “invita” a la reflexión respecto a las armas pero en el fondo parece mandar el mensaje de que para seguir siendo un país líder necesita soldados/ciudadanos armados entrenados en el arte de la guerra. Al final todo se vuelve un circo de ideologías y ya da la misma si el que ocupa la silla en Washington es de un partido o del otro.

Es por eso que en esta semana hablaremos de The Hunt o La cacería, esta es una película estadounidense del 2020 dirigida por Craig Zobel y protagonizada por Betty Gilpin y Hilary Swank. De entrada resulta difícil encasillarla en un género en particular ya que lleva a cabo una mezcla bastante extraña. En momentos parece una película de supervivencia, luego una sátira, luego suspenso, acción, hasta comedia negra con trasfondo social. El filme nos describe la historia de doce desconocidos que aparecen dormidos en un campo donde pueden elegir un arma, al poco tiempo se dan cuenta que están siendo perseguidos por un grupo anónimo que pretende cazarlos. El guion aborda temas muy inmersos dentro de la cultura y la política norteamericana, al punto que si no estás familiarizado con la ideología del discurso republicano vs demócrata te puede parecer una balacera sin sentido. Esos recursos me recuerdan a la filmografía de los hermanos Coen que son únicos a la hora de retratar al gringo sureño descerebrado pro armamentista, ejemplo de ello les parecerán los personajes que aparecen en “la tienda de Arkansas”.

The Hunt aborda dilemas como el de la bendita segunda enmienda, esa que afirma que el ciudadano norteamericano tiene el sagrado derecho de portar armas para defenderse de su propio gobierno. En realidad se trata de propaganda barata de la industria armamentista para vender la idea de que armarse hasta los dientes es un goce de libertad único al que el ciudadano debe acceder. ¿El resultado? Gringos neuróticos que idolatran a narcisistas como Trump desfilan por las calles libremente exhibiendo sus complejos de superioridad, como borregos siendo pastoreados por los lobos.

Hablando de animales, en la película hay constantes guiños a La granja de George Orwell una novela de mediados del siglo veinte que aborda el tema del poder y la política. Los animales al tratar de organizarse para gobernarse a sí mismos con su idealismo y falsas esperanzas libertarias convierten su gobierno en una tiranía. Los animales demuestran que las revoluciones proletarias terminan siendo boicoteadas por las mismas victimas que buscaban liberarse de la opresión. En el mismo sentido en la cacería se maneja la idea de las élites perversas jugando ajedrez con la vida de los “pobres” el lumpen o la clase trabajadora. Tesis que ya abordaba Stanley Kubrick en Ojos bien cerrados y la reciente serie coreana El Juego del calamar, los ricos perversos divirtiéndose sádicamente a costillas de los endeudados y desafortunados que no tienen acceso a su nivel de vida.

Definitivamente recomendable para aquellos que busquen entretenimiento o acción, es una película muy dinámica que más que invitar a la reflexión busca entretener ironizando. A lo largo del filme está presente el eterno discurso de doble moral sobre la industria de armas no para reflexionar sobre la violenta sociedad norteamericana sino para darnos la idea de que esa realidad solo podría existir en algún país extranjero como Serbia o Croacia, como un mecanismo de proyección freudiano, donde los pecados propios son atribuidos al otro. El filme nos recuerda que en la granja pueden existir gallinas, perros, cerdos y bolas de nieve pero no ya no hay más Kennedys en EUA.

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