Otro fuego: Pretextos para seguir soñando con un mundo mejor

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El sueño… tiene un significado profundo o latente además de superficial o aparente… Usa el procedimiento de la condensación que conecta dos —o más— investiduras simultáneamente.
Mauricio Beuchot

Iván CamarenaPor Iván Camarena
Si “la política se inventó entre otras cosas para evitar la guerra”, como dijo el presidente de México en un mensaje grabado en los pasillos de la ONU, también es cierto que la política no deja de ser una guerra por vías diplomáticas y discursivas a través de las que se busca llegar a una verdad relativa y transitoria que nos sirva al menos de consenso operativo.

Y es que la política, al estructurarse como un campo simbólico de batalla hecho de palabras que implican pertenencias, deseos e intereses, nos lleva en su fuerza creativa y destructiva a encarnar posturas que en el mejor de los casos se transforman en decisiones polarizadas y polarizantes que, para bien y para mal, se siguen debatiendo entre las viejas sombras ideológicas del conservadurismo de la derecha particularista y el liberalismo de las izquierdas universalistas.

Sin embargo, más allá de sus extremos antagónicos, también es cierto que la política siempre afín y correspondiente a sus propios intereses, se ha encontrado en tanto espacio histórico de poder, ocupada en su mayoría por las élites nacionales y mundiales que le han dado la forma elitista que mantiene hasta hoy.

Para nadie es un secreto que las clases acomodadas que la acaparan han dejado una y otra vez en el olvido a las grandes mayorías de las que sus riquezas se alimentan a través de la manipulación, la devaluación e instrumentalización de los cuerpos de la vida reducidos a fuerza de trabajo para su propio beneficio y el de sus herederos que tienen por única misión el incremento de sus fortunas sin fin.

Esta situación nos ha llevado a padecer de manera generalizada, el desarrollo económico y cultural de una maquinaria basada en la explotación de la naturaleza y del prójimo, cuyo funcionamiento es tan narcisista y depredador que termina por ser indiferente a la expresión de las otras sensibilidades e imaginarios que nos habitan.

Somos prisioneros voluntarios de un individualismo tan ciego y radical, que hoy, ante el calentamiento del planeta y la desigualdad creciente, pareciera que como primer paso para un cambio posible, solo nos queda reconocer la patológica deshumanización que estamos padeciendo y reproduciendo como sociedad global, y que nos ha llevado por increíble y absurdo que sea, a poner en números rojos casi todos los índices que hacen habitable el único planeta que tenemos para vivir.

Es por eso que en lo personal, siendo un humanista profundamente desencantado de la política-económica y de la economía-política que me ha tocado vivir, me emociono y me da gusto cuando uno de esos personajes situados en la parte más elevada de la jerarquía social llega a pronunciar alguna idea más o menos factible y creíble que contemple el bienestar de la mayoría de las personas que compartimos este pequeño aquí y ahora que llamamos presente y se está quedando sin futuro.

Es por esto que, cuando el presidente de México dice que su presencia en las Naciones Unidas será para hablar de una paz que “es fruto de la justicia”, yo entiendo que esa paz a la que se refiere está relacionada con la justicia social que tanta falta le ha hecho al sistema institucional de las democracias, dictaduras y monarquías que actualmente se encuentran al frente de todos los estados capitalistas que organizan el mundo.

Es así que con toda la ingenuidad soñadora de la que uno es capaz cuando la esperanza se conmueve a sí misma y parece de nuevo avivar el viejo fuego que alguna vez iluminó aquello que entendimos como alma, me despido retomando las palabras del primer presidente antineoliberal que me ha tocado escuchar desde que soy parte de esta familia extendida de la que formamos parte:

“Si los pueblos del mundo tienen resueltas sus necesidades básicas, sus necesidades de trabajo, de alimentación, de educación, de vivienda, de seguridad social, entonces, hay paz y hay tranquilidad en el mundo. Y esto lo podemos lograr si hacemos a un lado el egoísmo y la ambición de lucro; si los que tienen más, si a los que por alguna razón les ha ido mejor en lo económico, actúan con solidaridad y comparten lo que tienen ellos para ayudar a otros”.

Separador - La Chicharra

Iván Camarena: Poeta humanista apasionado del arte y el conocimiento con experiencia en investigación científico-social y divulgación académico-literaria. Ha publicado cinco libros por los que recibió algún premio estatal, regional y nacional. Actualmente es integrante del Colegio Sonorense de Académicos de la Lengua y la Literatura, del Seminario Permanente de Filosofía de la Unison, y del espacio de análisis y reflexión Puente Sobre el Mundo. Es candidato a doctor por El Colegio de Sonora.

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