Celuloide: El arte de la defensa personal

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Por Jesús Ricardo Félix
Jesús Ricardo FélixHace unos meses platicando con un vecino que cría perros rottweiler escuché un comentario que me sacudió el área cerebral donde se estructuran los esquemas mentales o más bien donde se construyen los estereotipos. Acostumbrado a ver ese tipo de animales en su casa al observar un Schnauzer caminando despreocupadamente con un moño por su patio le pregunté: ¿Ese es tuyo también? No, ese es perro de mujer, es de mi hija. No sabía si reír o de plano tratar de esconder al Chihuahua que tenemos en casa. En el subtexto de esa conversación la rudeza y el tamaño del perro era equivalente a nuestra masculinidad. Y bueno la única semejanza que tiene nuestro Chihuahua cabeza de venado con los rottweiler es el color negro con manchas café, tal vez por eso cuando se han encontrado por accidente, sin el obstáculo del cerco, lo único que han hecho es gruñir y olfatearse sus respectivas colas.

Esa experiencia me vino a la mente al observar la escena de El arte de la defensa personal del director Riley Stearns. Pero antes de entrar en detalle les platico que esta película estadounidense se estrenó en el 2019 y pertenece al género de la comedia negra o por lo menos así la clasificaron. El actor que interpretó a Mark Zuckerberg en Red social, Jesse Eisenberg interpreta a Casey un contador con el perfil Godínez que prefiere pasar desapercibido. Su timidez y personalidad retraída con rasgos de asperger lo convierten en el perfil de victima predilecta para compañeros de trabajo y demás personas que encuentra por la calle en su vida diaria.

Harto de los abusos que sufre por su perfil de victima Casey llega a una particular escuela de Karate ahí el misterioso Sensei con métodos bastante extravagantes comienza ayudarle a cambiar su filosofía y por lo tanto su estilo de vida.

Casey tiene un perro salchicha y el sensei quien le está tratando de inyectar mayor masculinidad a su vida le pide cambiarlo por un pastor alemán, el personaje Godínez está estudiando francés, pero ese idioma suena afeminado y le pide estudiar alemán. Luego el tema de la música que para ser más rudo necesita escuchar metal. Digamos que el escritor y el director retoman los temas de la masculinidad tóxica y los tratan de convertir en una comedia rodeada por la atmósfera de las artes marciales. Hay ironías sutiles como la del gurú del sensei que esta retratado en el dojo cuyo cinturón está adornado con los colores del arcoíris en obvia referencia a la bandera LGBT.

Hay momentos que recuerdan a After Hours la comedia ochentera de Martin Scorsese pero también al Club de la pelea de David Fincher, por el tema de la violencia, las ideologías y la búsqueda de la identidad del personaje. Por otro lado está presente la contraparte femenina de Anna que a pesar de ser una de las mejores peleadoras en el dojo no recibe el reconocimiento que merece por el simple hecho de ser mujer.

Definitivamente recomendable aunque la película pudo haber sido mejor desarrollada, hay intentos de criticar a la sociedad violenta estadounidense o satirizar la masculinidad tóxica y el abuso de poder pero luego se cae en un bache del que no vuelve a salir. Los personajes no explotan sus posibilidades, la película en si se convierte en un cortometraje extendido, los chistes se agotan a pesar de ello no deja de ser una propuesta original y novedosa solo recomendable para cierto tipo de público.

 

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