Tuercas y tornillos: El día que el orden social conoció a las redes sociales, los youtubers y la alter- realidad

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Dr. Mario Alberto Velázquez García | Academia Mexicana de Ciencias
Al gran escritor Gustave Flaubert lo alcanzó la muerte antes de terminar un proyecto de novela que tenía el nombre provisional de sus dos personajes centrales: Bouvard y Pécuchet, Sin embargo, el autor de Madame Bovary y La educación sentimental dejó delineado algunos de los elementos centrales de la historia. Los dos personajes reciben una considerable herencia, lo que les permitiría pasar el resto de sus vidas sin preocuparse por sus ingresos. Los protagonistas deciden mudarse a una casa de campo fuera de la “gran ciudad”. Una vez instalados, inician una serie de proyectos agrícolas, literarios, científicos, poéticos para ocupar su tiempo y fortuna. Dado que ninguno tiene realmente preparación o paciencia, cada uno de estos emprendimientos termina en un fracaso. Decepcionados y después de derrochar una parte considerable de su dinero, deciden emprender el único plan que está en sus manos: copiar libros. Para esta empresa, compran dos escritorios paralelos y comienzan, día con día, a ocupar su tiempo en duplicar todos aquellos libros que les parecen interesantes.

El esbozo de novela de Flaubert es la metáfora perfecta de las redes sociales: una actividad autoimpuesta por los usuarios donde una gran parte de lo que se produce o consume es el duplicado de contenidos; en el caso de Tik Tok esta copia es muy evidente. Las personas de todo el mundo, clase social e incluso edad, repiten los mismos “retos”, bailes, canciones o chistes. En el caso otras redes como Twitter o Facebook la reproducción es sobre los intereses; estas redes tienen algoritmos que detectan lo que leemos, vemos o escuchamos y redirecciona el flujo informativo hacia los mismos contenidos. De esta forma, terminamos dentro de una burbuja donde reproducimos nuestras mismas ideas, intereses e imágenes: el mundo como una copia de lo que ya pensamos, pero también como una gran prisión dentro de nuestra propia idiosincrasia.

Este mundo de las redes sociales, creado para todos los Bouvard y Pécuchet del mundo actual, no sólo son un mecanismo perfecto para evadir la confrontación de ideas o de todo aquello que nos resulte molesto o incómodo, también funcionan como una capsula de escape de las reglas que rigen las relaciones sociales directas. Así entonces, cada uno de los usuarios de las redes virtuales puede cambiar, su nombre, edad, sexo, estatus social, forma de vida y es libre de comportarse de una manera que no requería tener ningún anclaje con su “realidad” cotidiana; aquel que tuviera un físico poco agraciado puede retocar sus fotos hasta lograr esa figura o color de piel deseada, otro que nunca ha viajado podrá colocarse en los paraísos soñados, aquel que no tiene ninguna especialidad o estudio, como los personajes de Flaubert, podrían autoproclamarse como expertos en alimentación, dietas, ahorro, cocina, inversión, maquillaje y un infinito etcétera. Este mundo parecía entonces una tierra “virgen” donde todo es posible y todo está permitido. Esta promesa de impunidad, de que “lo que pasa en el mundo virtual se queda en el mundo virtual” se ha erosionado para enfrentarse, cada día más, con la regulación social que ya alcanzó a esta realidad alterna.

El año pasado un norteamericano viajó a Tailandia. Durante su viaje tuvo un problema con el hotel al romper algunas reglas del lugar. Para vengarse, decidió publicar una muy mala reseña sobre este hotel en un sitio de renta de habitaciones. El hotel, vio el comentario y puso una acusación contra el turista por difamación. El resultado fue el arresto del viajero quien tuvo que pagar una multa dado que se demostró que sus comentarios no eran exactos respecto a lo que realmente sucedió. En México, hace un par de días una youtuber fue detenida y está siendo procesada por el delito de pornografía infantil. La “influencer” decidió comentar de una manera explícita, pero sobre todo publicar, un video donde una menor de edad estaba involucrada en un acto sexual. Como resultado, la youtuber está ahora en prisión enfrentando el juicio. Estos no son los últimos casos, en México y todo el mundo, figuras populares en las redes han sido descubiertas mintiendo o intentando engañar, lo que les ha costado desde el término de sus carreras y fuente de ingresos, hasta acusaciones judiciales y penales por diversos delitos como fraude, estafa y violación, entre otros. Los gobiernos de diversos países comienzan a generar regulaciones para la actividad de las plataformas virtuales, pero también para regular y vigilar el comportamiento de sus usuarios. La época donde las redes sociales eran un terreno sin ley ha quedado atrás; los estados y algunos usuarios han avanzado desde los intentos por la autorregulación, pasando por las reglas legales que nombra, clasifican y en algunos casos sancionan comportamientos. Pero la búsqueda de los estados por establecer un orden social digital no termina con el modelo punitivo, las nuevas tecnologías como los teléfonos inteligentes, han permitido establecer un tipo de bio-poder que amenaza libertades individuales como la privacidad o la libertad de expresión. El mundo digital donde la gente voluntariamente decidió entrar para copiar y copiar las imágenes e ideas son el nuevo espacio de acción del panóptico estatal.

Separador - La Chicharra

MARIO ALBERTO VELÁZQUEZ GARCÍA
Profesor- Investigador de El Colegio del Estado de Hidalgo.
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) nivel 1. Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC). Doctorado en Ciencias Sociales con Especialidad en Sociología, El Colegio de México. Maestría en Ciencias Sociales con Especialidad en Desarrollo Municipal en El Colegio Mexiquense. Licenciatura en Sociología, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Director de la Revista: “Revista Científica de Estudios Urbano Regionales Hatsö-Hnini”, www.revistahatsohnini.com.mx.

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