De mente abierta y lengua grande: Bodas de plata

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Chef Juan Angel | @chefjuanangel

-¡No, Águeda! ¡Tienes que caminar lentamente, balanceándote!-
– ¡Nacho! ¡No la jales, tienes que ir al mismo ritmo de tu viejita!-

A puertas cerradas y con un sofoco húmedo propio del purgatorio, mi tía Kitita tenía el alma puesta en el ensayo de tan esperado evento, uno que llevaba más de 3 meses preparándose.

Después de armarnos de valor, mi hermano y yo decidimos solicitar un préstamo bancario, y aunque sabíamos que nuestro historial crediticio no alcanzaría el monto necesario para pagar la Orquesta del Chino Medina, entramos con el firme propósito de “entracalarnos” para cubrir los gastos de las bodas de plata.

Después de analizar el panorama, el ejecutivo nos prestó la cantidad de 15 mil pesos, pagados al triple durante tres años.

Ahora, el reto era hacer rendir tan escaso presupuesto sin que el magno evento perdiera la dignidad. Así que limpiamos el patio de la casa en la Capital del Mundo y pintamos de blanco cada recoveco. Un amigo me prestó lámparas chinas de papel que colgamos entre el porche y el árbol de limas. Mi tía Kitita hizo unos amarradijos para colgar pequeños frascos de cristal, recolectados por las tías, con velas de té en su interior, que se sujetaron a los brazos del limón, el tendedero de la ropa y las vigas del porche.

Mi hermano diseñó las invitaciones y con ellas, tuvimos que romper la regla que antecede a cualquier jolgorio celebrado en un pueblo: todos están invitados, pueden bailar, comer y beber como si fueran consanguíneos de los recién casados o festejados; así que, a pesar de las habladurías, tuvimos que hacer una lista de 40 invitados, eran los que cabían en el patio y en el préstamo otorgado por Bancomer. ¡Ah!, olvidaba un pequeño detalle, de dicho dinero también se debía pagar una luna de miel que ya habíamos apartado con 500 pesos, para que mis papás recorrieran México en un tour durante 15 días.

Como el patio era de reducidas dimensiones, nos ahorramos las mesas, colocamos decenas de sillas prestadas por el expendio del pueblo, acomodadas alrededor como si se tratara de una velación. Es una esquina agrupamos 6 mesas de la “Tecate” y con un mantel blanco las cubrimos para colocar encima los bocadillos. Pedí prestada la colección completa de cd’s del Chino Medina y la descargué con Windows Media Player en mi computadora, la cual me llevé de Hermosillo al pueblo para conectarla a una bocina y que pudieran bailar con la orquesta soñada.

Llegó el momento más especial, la renovación de votos, los ensayos de mi tía Kitita fueron un éxito, los cuatro estuvimos sentamos al frente del altar, en 4 banquitos blancos fabricados por mi papá; en cada pilar del templo colgaban pendones diseñados por mi hermano, impresos en Guadalajara para que salieran más baratos y enviados en autobús. Como las flores eran demasiado costosas, colocamos pequeños ramos en cada candelabro del templo, y de esa manera alcanzó para el soñado ramo de alcatraces naturales que deseaba mi mamá.

-Prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso… Recibe este anillo como signo de mi amor y de mi fidelidad… Yo las recibo en señal del cuidado que tendré… –

Con las manos entrelazadas y viendo a los asistentes (cosa rara en el pueblo), renovaron sus votos y después, a la pachanga. Mi tía Concha nos preparó mini flautas de pollo que pusimos a montones sobre la mesa, y junto a unos volovanes del Sam’s rellenos de mole preparado por mi tía Martina, además de una sopa fría y bastante ensalada, aquello se convirtió en un bufet; con 5 galones de vino tinto se elaboraron jarras y jarras de sangría con mucha fruta en almíbar. No hubo lujos, pero como siempre en mi familia, hubo mucha comida; todos comieron, repitieron y llevaron a casa. Y claro, hubo pastel, uno de 5 pisos, los primeros cuatro eran rentados (de unicel) y el último se partió y alcanzó, cual boda de Caná, para los 40 invitados.

Chef Juan Angel – Licenciado en Periodismo y chef profesional, conductor de televisión, creador de contenidos gastronómicos y embajador de marcas de alimentos.

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