La Perinola: ¿Hogar dulce hogar?

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Por Álex Ramírez-Arballo
Álex Ramírez-Arballo
Estos días extraños que vamos viviendo nos han demostrado que la vida no es lo que creíamos que era, que muchas de las cosas que dábamos por sentadas resulta que no eran tal. Por ejemplo, hoy sabemos que muchos de nosotros podemos trabajar desde casa, pero esto, lejos de ser una buena noticia, a mí me ha resultado un auténtico infierno.

Aquello del “hogar dulce hogar” hoy me resulta más ajeno que nunca, y miren que se los dice una persona que ha pasado tres cuartas partes de su vida guareciéndose en su casa, tratando de protegerse de una incurable ansiedad social. ¿Cuál es entonces la diferencia en esta ocasión? Lo tengo claro. Cuando la casa no es una opción sino el confinamiento ordenado deja de convertirse en un refugio y se transforma en vulgar arresto domiciliario. Y ahí la cosa cambia.

Quiero estar en mi casa, es verdad, pero sabiendo que la vida allá afuera permanece intacta, incluso cuando bien sé esconde monstruos imaginarios que están dispuestos a devorarme. Esta certeza le otorga a mi reclusión un carácter privado que me ha resultado siempre delicioso; pero ahora que todos estamos detenidos por la amenaza invisible del virus, ¿qué sentido puedo encontrar en mi separación de los demás? Ahora más que nunca en mi vida soy uno con ellos porque nos hermana una oscuro peligro medieval: la peste, la muerte que se respira.

La pandemia es real, como reales son las dolencias psíquicas que nos propina. Con la prolongación del cautiverio masivo, esto se ha ido incrementado, y podemos corroborarlo en el tono pesimista que cunde hoy en el día “chorrocientos” de nuestra cuarentena. Ahora las bromas han cesado, dando paso a una preocupación muy seria, de tonos pesimistas o abiertamente oscuros y que van desde el “a esto le falta mucho” hasta el “el mundo nunca será lo que era antes”.

Paradojas del destino: ahora vengo yo, un pesimista proverbial (aunque nunca un ser desgarrado) a darles ánimos a los lacrimosos virtuales. Es verdad, a esto le falta mucho, pero no tanto como imaginamos; tampoco es cierto que el mundo que hemos conocido y hemos aprendido a amar, con sus luces y sombras, habrá desparecido para siempre. Tendremos que adaptarnos a vivir rodeados por la amenaza, hasta que esta desaparezca, que lo hará. Entonces volveremos a los bares, iglesias, escuelas, campos deportivos, etc. Y toda la amargura que vamos viviendo quedará en el olvido, porque así es el espíritu humano: apenas superado, el horror más hondo deja de torturar con su aguijón nuestras carnes. Somos seres hechos para habitar el futuro.

Mientras todo esto llega, a mí no me queda más que extrañar mi casa en mi casa, porque, como he dicho, esta casa no es aquella, que era una simple casa, una casa a secas. En fin, yo me entiendo.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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