Espejo desenterrado: Óscar Chávez en la infinita memoria

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Por Karla Valenzuela
Karla Valenzuela
Apenas se fue y ya lo comencé a extrañar; Óscar Chávez nos deja su voz imponente, su presencia tan fuerte, su mirada profunda, como quien ha vivido tanto desde muy joven, como de quien sabe tanto y le duele tanto saber.

Todo un señor educado, ecuánime, sereno al hablar, era -fue- una delicia platicar en más de dos ocasiones “largo y tendido” con el Caifán Mayor.

Su temple para sostenerse siempre del lado de la protesta, del lado de los que no son escuchados, de los que ni siquiera abren la boca porque “¿para qué?”, es verdaderamente admirable.

“Nunca le tuve miedo a los políticos”, me dijo tajante un día de enero, y eso queda constatado durante su trayectoria intachable y revolucionaria. No lo turbó Díaz Ordaz y nada le impidieron después ninguno de los otros presidentes venideros.

Él, como Martí, como Lorca, como Miguel Hernández, sabía que el arte es siempre la mejor arma para defenderse de la vida injusta, de la vida impuesta, y es, sí, el arma más pacífica qué hay.

Ensalzador de lo popular, rescatista de los romances, de los poemas que plasman la historia de nuestro país, Óscar Chávez tuvo siempre un nexo innegable con la literatura: era un poeta, y de los más queridos y grandes.

Apenas se fue y ya lo extraño… “Dejaré mi voz, mi música, pero, sobre todo, mi pensamiento, cuando me vaya”, me aseguró.

Hoy, tras su ausencia, deja mucho más que eso. Nos deja desolados con su muerte en primavera.




*Karla Valenzuela es escritora y periodista. Es Licenciada en Letras Hispánicas y se ha especializado en Literatura Hispanoamericana. Actualmente, se dedica también a proyectos publicitarios.


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