Basura celeste: Cuando la locura ayuda a comprender

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Por Ricardo Solís
Hay libros cuyo encanto o atractivo se encuentra en el hecho de buscar no parecer lo que son, esto es, por ejemplo, el caso de algunas novelas que “intentan” no serlo de forma deliberada y, quizá por esa razón, una historia como la que se desprende de Apreciable señor Wittgenstein (Tusquets Editores, 2017), de la periodista, dramaturga, editora, cuentista y novelista Adriana Abdó (Ciudad de México, 1963), retoma la figura un profesor que “encuentra” de manera fortuita una serie de cartas que “aparentemente” escribió en 1914 el poeta expresionista Georg Trakl para el filósofo Ludwig Wittgenstein antes de quitarse la vida, cuando se hallaba confinado en un sanatorio para enfermos mentales.

Por supuesto, alejada de la convencionalidad, esta novela se narra por medio de las misivas de Trakl (cuyo nombre no se menciona jamás, pero quien da con las cartas –el académico Cecil A. Haegl– asume que él es el autor) y en ellas no sólo da cuenta de algunos episodios de su vida sino que, además, entrevera no pocas reflexiones acerca de temas universales, como la ignorancia, el alma humana, la bondad, la perversión o la búsqueda de la perfección y la belleza, todo lo que para él significa una pequeña esperanza de recuperar su “salud” emocional.

En estos términos, el tono de desesperación y desasosiego de Trakl revela su espíritu incomprendido y marcado por los horrores de la I Guerra Mundial, no hay que olvidar que ante su negativa a participar en combate fue declarado “demente” y se le recluyó en una institución siquiátrica; con todo, en la novela de Abdó, la promesa que uno de sus amigos le hace (esto es, concertarle una entrevista con Wittgenstein) le permite un lapso de cordura que le hace emprender la escritura de las cartas para “compartir” algunas impresiones con el joven filósofo y lingüista austríaco (que después asumiría la nacionalidad británica).

Así, en Apreciable señor Wittgenstein el panorama se torna más amplio que la sola vida y aspiración de Trakl por encontrarse con el autor del Tractatus Logico-Philosophicus (aunque, claro, de acuerdo con la evidencia histórica en esta novela faltan casi siete años para que la obra se publique) porque significa asimismo la exploración de una época crepuscular, el fin de la república de Weimar y los nuevos frutos del “esplendor intelectual” de la primera década del siglo XX a través de sus lúcidos protagonistas (pero no sólo de ellos, Trakl es capaz de evocar sus encuentros con Karl Kraus y Robert Musil, lo mismo que “opinar” sobre el trabajo de Sigmund Freud).

Al final, lo más destacable de Apreciable señor Wittgenstein es el modo como nos entrega a un narrador-personaje cuya intensidad se centra no sólo en su fidelidad a lo que llama sus “vicios” sino, también, en la comprensión dolorosa de que “vivir significa entender”; en esa comprensión es que Trakl se permite un poco de esperanza en él mismo y la humanidad entera, incluso en momentos de gran convulsión social como el que le fue dado padecer y le condenó a la locura. Adriana Abdó nos ha entregado con este libro una obra poco reprochable y sanamente perturbadora.




Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


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