La Perinola: La salud de los enfermos

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Por: Álex Ramírez-Arballo
Álex Ramírez-Arballo, La ChicharraDice Viktor Frankl que el espíritu no se enferma nunca. Quiere decir que los moribundos pueden ser personas sumamente lúcidas y potentes, ajenos a la miseria del cuerpo que poco a poco se apaga. Digo estas cosas porque quiero relativizar un poco la noción de la enfermedad y la salud, de la debilidad y de la fuerza, de la capacidad y la impotencia. Lo diré directo: la salud no es la ausencia de enfermedad sino la voluntad encarnada en un profundo deseo de vivir y aportar.

Todas las personas estamos muriendo de algo, de tiempo. Con el paso de los años aparecerán las enfermedades, las dolencias, los achaques propios de la vida; sin embargo, más allá de esta regla inmutable, todos podemos preservar la salud de nuestro espíritu que, como sabemos, es inmortal. Por otra parte, es cosa común ver a personas rebosantes de salud física que llevan por dentro una tremenda pudrición moral.

Pero parece que esto poco importa.

Vivimos en una sociedad que pretende olvidarse de los enfermos, reducirlos a la invisibilidad porque se consideran una carga para los demás. En las prácticas cotidianas y en las políticas publicas por igual, el enfermo es un contrapeso, un lastre del que hay que desembarazarse lo más pronto posible porque no se le considera un sujeto económicamente activo; no produce sino que consume a bajo costo o sin pagar nada. En otras palabras, estamos hablando de una verdadera amenaza para los principios rectores de la sociedad consumista.

Todos los días hay millones de personas que no pueden enfrentar con dignidad su enfermedad debido al desinterés de las instituciones de salud y de la gente común […]

Todo esto es muy trágico porque implica un rampante acto de discriminación que no se reconoce. Todos los días hay millones de personas que no pueden enfrentar con dignidad su enfermedad debido al desinterés de las instituciones de salud y de la gente común, que no se detienen a considerar un momento el suplicio de un padre de familia que no puede sostener su hogar debido a una enfermedad crónica, por citar un ejemplo.

Las personas somos sagradas, y no me abochorna el decirlo así, y es deber de todos nosotros recordarlos y practicarlo. Ahí afuera hay una comunidad de personas enfermas que merecen, como he dicho, el apoyo médico necesario, pero también la compañía, la atención, la escucha y la solidaridad de toda la sociedad. Los enfermos no tienen voz ni fuerzas para luchar por sus derechos humanos, y esto no es justo ni tolerable. Seamos nosotros sus palabras, seamos nosotros sus manos.

Un abrazo grande.

 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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