Espejo desenterrado: Seamos mejores seres humanos

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Por Karla Valenzuela
Es un hecho que, a lo largo de mi vida, he visto cambiar los valores de mi sociedad de una manera significativa.

Hoy en día, los automovilistas van y vienen, más rápido o más lento -según su propia necesidad- sin respetar los límites de velocidad marcados para todos, sin pensar que un carril es para ir más rápido, otro para dar vuelta, uno más para transporte de carga pesada y hasta uno especial para ciclovía; no, todos van y vienen si pensar en los demás.

Hoy en día, no importa que nos digan que estamos citados a una reunión a las 9:00, nosotros llegamos a las 9:20, “porque ya sabemos que todos llegarán tarde” o -peor aún- “porque citan a una hora para que llegues a otra”.

Hoy en día los profesores les tienen miedo a sus alumnos, los papás les tienen temor a los hijos y ellos, los jóvenes, se aprovechan cada vez más de eso.

Actualmente, ya no te atienden como antes en los restaurantes; ya no hay actitud de servicio; llegas a un lugar y quienes deberían atenderte atienden sólo su celular y ni siquiera son capaces de mirarte a los ojos, es más, uno mismo les tiene que decir: “buenos días, quisiera comer esto y esto otro”, cuando se supone que son ellos quienes deberían preguntar: “buenos días ¿cómo está? ¿qué se le ofrece?”.

Cada vez más gente parece daltónica, Se estacionan en los lugares azules designados para las personas con discapacidad, y sí, sin duda alguna esos automovilistas tienen alguna incapacidad: la de ponerse en el lugar del otro y ser un poquito empáticos.

Usted podrá llamarme nostálgica, pero yo -estimad@ lector (a)- recuerdo que nuestra sociedad era distinta antes, había más sentido de lo que es correcto, había -como dicen- más seguimiento a las reglas de urbanidad.

Decir que los tiempos han cambiado y que ahora la vida es más rápida no es disculpa ni justificación. La verdad es que todo sería más fácil, aún con esta rapidez del andar cotidiano, si todos hiciéramos lo que debemos hacer.

Todos, alguna vez, estamos en el lugar de otro y eso no debemos olvidarlo jamás. Es cierto que gran parte de la educación se aprende en las escuelas, es cierto que mucha de nuestra formación es desde el hogar, pero -con todo- somos seres humanos pensantes y capaces de saber lo que está bien y lo que está mal, y -al final- todo lo que hacemos es únicamente nuestra responsabilidad.

Hoy abogo por una cultura donde se deje atrás la mala educación y nos obliguemos a cambiar. Después, todo será más fácil.

 

 

*Karla Valenzuela es escritora y periodista. Es Licenciada en Letras Hispánicas y se ha especializado en Literatura Hispanoamericana. Actualmente, se dedica también a proyectos publicitarios.


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