La Perinola: ¿Violencia natural?

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Por Álex Ramírez-Arballo
La violencia es algo más próximo a nosotros de lo que estaríamos dispuestos a aceptar. Todos los días la padecemos y/o ejercemos en mayor o menor grado. Los evolucionistas la consideran incluso parte de nuestra condición primate: peleamos porque la competencia asegura la continuación de la especie, así dicen. La realidad es que distamos de ser un especie pacifista y nuestra civilización, la antigua y la actual, son el testimonio más claro de esa práctica sistemática del poder a través de las disputas donde se ejerce una violencia física y verbal constante. Tampoco puedo negar lo evidente: la violencia ha sido un importante elemento de difusión civilizatoria.

Sin embargo, creo que si somos bestias, también somos ángeles. No soy determinista y estoy cierto de que la llamada naturaleza humana no es esencialmente inicua; no voy a hacer la lista de ejemplos (también cotidianos) en los que la humanidad ha dado muestras de una enorme solidaridad y disposición de trabajo colaborativo. Es esta mi esperanza y, si me apuran un poco, es también la fe que me hace ver con optimismo el porvenir. Los seres humanos nos encaminamos (lean a Steven Pinker) hacia un mundo de violencia mínima. No sé si nosotros lo vamos a ver, creo que no, pero seguramente los hijos de nuestros hijos serán testigos de esta edad del entendimiento.




En lo que corresponde a nuestras responsabilidades, — y como el moralista que soy — tengo que insistir en nuestro capacidad de transformación. No hay esfuerzo que sea pequeño cuando hemos adquirido conciencia de nuestro poder de cambio. Este al menos es mi compromiso diario y el deber que asumo como enemigo del dolor del mundo. Mucha gente haciendo pequeñas cosas, como dice Galeano, se convierten en el motor de la historia.

Diré algo que siempre digo en mi salón de clase. Tenemos que aprender a mirarnos a nosotros mismos en el mundo. Observemos lo que hacemos y decimos, indaguemos en nosotros mismos, hagamos de nuestros actos un campo de estudio. Solo a través de ese conocimiento profundo de nuestra existencia seremos capaces de conocer las causas que nos animan a ejercer algún tipo de violencia y, lo más importante, seremos capaces de modificar para bien nuestra conducta. No hay magia alguna en todo esto, se le conoce con un nombre antiguo: sabiduría.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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