martes, junio 25, 2024
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Imágenes urbanas: Amor Apache

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Por José Luis Barragán Martínez
José Luis Barragán
El ruletero Zapata-Ley 57 se desliza velozmente por la avenida Coyote-Iguana de la colonia Olivos, rumbo al centro. Son las siete con cuarenta de la mañana del 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad. Los rayos del sol alumbran en el horizonte; hace frío, la gente guarda silencio enfundada en sus chamarras, sacos, abrigos, lo que sea que dé calor; todos los asientos van ocupados, el pasillo vacío.

El carro se detiene y sube una mujer gorda, sin edad, despeinada, desaliñada, que en cuanto paga y mira hacia el interior del camión su rostro hinchado, colmado de frustración, se llena de ira y, echando maldiciones a diestra y siniestra, corre, vuela hasta el asiento de mero atrás, da de cachetadas y patadas a un hombre de no más de 35 años, vestido formalmente que solo acierta a cubrirse el rostro sin responder los golpes; a su lado una mujer, siete u ocho años menor que él, rostro a la Jennifer López, con cintura elegante, bien vestida, observa sin intervenir en la escena violenta:

¡Desgraciado, mira por quien me cambiaste después que te di lo mejor de mi vida, de los hijos que te di; tú de galán con ésta mientras que nosotros muriéndonos de hambre, toma, toma, perro!

La gente en silencio escucha y voltea a mirar; el chofer conduce muy quitado de la pena, como si ya estuviera acostumbrado a este tipo de cuadros.

¡Ni creas que te voy a dejar vivir a gusto, te voy a perseguir donde quiera que vayas con ésta, sé donde estás trabajando y ahorita mismo voy a ir al juzgado pa’ que te metan a la cárcel por el tiempo que tienes sin darme dinero, toma, toma!, el muchacho empezó a sangrar de la nariz.

¡Que dizque porque no hay trabajo, pero para mantener a ésta si tienes dinero, toma, toma  vaquetón, pero no te voy a dejar vivir a gusto, nunca te voy a dar el divorcio, toma, toma!

El carro sigue su viaje, la gente sube, hasta que el agredido pidió la parada y esperó que se abriera la puerta de atrás, la golpeadora lo jala con todas sus fuerzas del pelo y aventándolo contra los asientos él sangra de la cabeza, su compañera se levanta y recibe tremendo puñetazo en la cara, también sangra de la nariz:

¡Mire, me rompió la nariz vieja loca, ahora sí la voy a mandar a la cárcel, esto es lo que quería que hiciera para poderla demandar, neurótica, a la cárcel, a la cárcel o a la Cruz del Norte!

Los tres se bajan del carro. La gente que sigue el viaje comenta: Eso le pasa a los vaquetones. Nada más se descompone uno por los hijos que les damos y se buscan una nueva. La mujer lo debería dejar en paz, los hombres no valen la pena. No puede ser mal hombre, ya vez que ni las manos metió; además que en Hermosillo las mujeres están sobreprotegidas y abusan. Pues por eso la ha de haber dejado, por brava, mujer que solo sabe de amores apaches.

 

*Por José Luis Barragán Martínez, colaborador


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