Die Woestyn: La leyenda de los hermanos Darius (III)

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Por Alí Zamora
La ignorancia siempre encuentra la manera de proyectar una sombra tan gruesa y falta de luz como el vacío sideral del universo mismo. Sin embargo, eso no significa que sea una cadena perpetua inamovible.

Me dijo una auróloga en su momento: “Cuando una persona regresa con el aura sucia, no es una mancha permanente, salvo que el dueño o la dueña misma, decida teñir su aura por completo”, y supongo que el precepto básico de esa premisa, puede aplicarse de igual manera al conocimiento humano: la ignorancia permanecerá con nosotros solamente si se lo permitimos.

Por lo menos esas fueron las ideas que cruzaron mi mente al recibir por parte de Joe Miller el último paquete, a mi conocimiento, de los códices sumerios que desencadenaron toda esta historia.

Ese intercambio sucedió en lo que sería el ensayo final de Pinhead, más allá de mis intentos y los del bajista de mantener a la banda como una familia, y las deflexiones preparadas y estudiadas por The Juice, quien parecía haberse hecho a la idea de manera firme que el futuro de nuestra música no se encontraba con disqueras independientes, sino con los turistas del muelle de Santa Monica (bien dicen los teutones: Man findet bald einen Stecken, wenn man einen Hund schlagen will).

Pero, lamentablemente, no puedo adentrarme en los pormenores de los inicios y finales de Pinhead porque se me acabaría el per diem nomás hablando sobre cómo llegué a la banda. Eso queda para otra ocasión.

Lo que sí puedo decir es que tanto en la vida, como en el álbum que la agrupación musical estaba grabando y “promoviendo” en esos momentos, todo sucede en ciclos. Cuando se cierra una historia es solamente para dar comienzo a una nueva. Y la coincidencia de que toda esta historia sucediera de manera paralela a las peripecias de una banda del sur de California, es quizás más kármica que simbólica.

Pero sí, fue el último ensayo, donde cosas fueron dichas y decisiones fueron tomadas…

 

Me encontraba yo saliendo de Cascade Studios en Santa Monica Blvd., esperando que el flujo de automóviles y peatones amainara lo suficiente para poder salir del estacionamiento, doblar a la derecha sobre el anteriormente mencionado boulevard, doblar nuevamente a la derecha para tomar las calles residenciales hasta la avenida Fountain, la que te lleva directo a la ciudad de Glendale sin necesidad de tomar autopistas o deambular por Hollywood innecesariamente, exponiéndose a conductores en estado de ebriedad, prostitutas transexuales desesperadas o policías rapaces en busca de cuota.

Esperaba yo por uno, dos, cinco minutos, y en paralelo Seth, el bajista de Pinhead, no el dios egipcio, acarreaba su amplificador azul vintage a la acera de enfrente donde había estacionado el jeep de Stacy Schupan, su roommate, una stripper quien le permitía utilizar su vehiculo puesto que el salario de la funeraria donde trabajaba no daba para más.

Recuerdo claramente estar escuchando el programa de radio, de muy corta vida debido a sus afiliaciones políticas del momento, del ahora ex-presidente francés Nicolas Sarkozy, programa que era una mezcla de Laura Bozzo, Tom Leykis y el sentir de los acordeones y violines sonando fuera de un café parisino (C’est payé, balayé, oublié Je me fous du passé).

La sección que se podría denominar “seria” del programa ya había transpirado, y el señor Sarkozy se encontraba tomando llamadas al aire de sus radioescuchas. Instantes antes del suceso, fue que Nicolas tomó una llamada (Aló, you are getting cozy with Sarkozy) de un hombre con acento británico, quien desesperadamente indicaba que tuvo que hacer lo que sea que tuvo que hacer (I had to do it mate, it had to be done), sorprendiendo tanto al presidente como a su servilleta…

Fue en ese momento que sucedió la colisión vehicular.

Recientemente, en los Estados Unidos y otros países (entre ellos Canadá, Gran Bretaña, Finlandia y Mauritania), cambiaron la manera en la que se describe un suceso que requiere acciones investigativas donde se involucra un automóvil o varios. Se dejó de lado “accidente de tráfico” y se implementó “colisión vehicular” ¿por quá?

Porque la palabra accidente implica que no hubo malicia… y ese no es siempre el caso.

Un sedan de color oscuro voló en dirección al amanecer (al este, pues) por Santa Monica Blvd. e impactó el jeep de la bailarina exótica anteriormente mencionada y, gracias a la inercia, continuó en misma dirección antes de doblar a la derecha por la calle Cole, donde más de una vez ensayé con un guitarrista de nombre Marius y su banda los Philty Billions, mientras el escape y la sección de la defensa trasera del lado del copiloto sacaban chispas al arrastrarse por el pavimento.

¿Quién vio lo sucedido? Yo lo vi todo, nos dijo un hombre que se presentó a sí mismo como “El tío Bob, de Nueva York” (Uncle Bob from New Yo’k, who the fuck are ya’?). Nos dijo que el conductor era un calvo hablando en su celular y que le pareció ver al hombre virar el volante para impactar el jeep de manera intencional.

Por supuesto que se debe hacer mención del hecho que mientras nos comentaba eso Uncle Bob bebía de manera continua los contenidos de una lata, escondida dentro de una bolsa de papel café; lata de tamaño considerablemente mayor a un Red Bull y de un olor más aguardentoso que la bebida taurina, por cierto.

Seth siguió los pasos expuestos por el Departamento de Vehículos Motorizados de California (Department of Motor Vehicles) y contactó a su roommate (dueña legal del carro), a las autoridades (reporte de tráfico requerido), a las personas pertinentes de la compañía de seguros y, finalmente, a una grúa.

Puesto que el Toyota Corolla ’84 de KC no serviría de mucho, y debido a que el guitarrista Tommy se veía forzado a regresar a casa a limpiar el vómito que su novia alcohólica depositó en la sala de estar; yo fui el suertudo que acompañó a Seth el resto de la noche y lo llevó de vuelta al departamento de Stacy, en la ciudad de Sherman Oaks, Valle de San Fernando, California, a eso de las 3:15 AM.

Mientras lo esperaba, un hombre se acercó apresuradamente del oeste (proveniente del Océano Pacífico) en dirección a mi Jeep Cherokee y el jeep destruido de Stacy, cuando de repente un grito proveniente del otro lado de la calle, del estudio donde practicábamos, ahuyentó al hombre y creó una confusión momentánea de pasos, gritos, luces y sirenas de autos patrulla.

Uncle Bob estaba abanicando los brazos, saltando en su lugar mientras su saco de terciopelo rojo con costura negra en las mangas papaloteaba sobre su cuerpo compacto de junkie neoyorquino: “él era el conductor” gritaba, refiriéndose al hombre en pants y sudadera, quien no se detuvo y corrió intentando dejar los gritos detrás suyo (I think that’s the driver! Pigs I think that’s the driver!).

Joe Miller CMT RAMC fue parte del 16to Regimiento Medico (16 Medical Regiment) que acompañó a la 16ta Brigada de Asalto Aéreo (16 Air Assault Brigade), ambos equipos jugando dentro de las fuerzas del Ejército Británico, que incursionó en Afganistán e Irak desde el 2001 y hasta la ficha… pues hasta la fecha guerra es guerra, y alguien tiene que pelearla (cuídenme el lugar, que ahorita volvemos).

Durante una de las incursiones a los campos petroleros, que usualmente son incinerados por aquello del vini vidi vinci, el señor Miller fue separado de su escuadrón y recuerda caer en un tipo de fosa aledaña a los pozos, y dentro de la misma se encontró frente a frente con “el sirviente de Mantorok” (la exactitud de ¿qué? o ¿quién? de dicho sirviente es algo que Joe nunca explicó). Pero recuerda ser finalmente encontrado, después de tres días, por fuerzas amigas y, después de una recuperación pronta, regresar a la isla con su esposa e hijo.

Se acuerda también de la vida en la isla, tratando de continuar su trabajo como paramédico, ahora de civil, pero los horrores de la guerra que trajo consigo desde el medio oriente, amplificados por “la sombra de Mantorok”, terminaron por arrastrarlo a las entrañas de la corte de su majestad.

El señor Miller, por razones de ego quizás, no se adentró en los por menores del por qué enfrentó a la Corona en corte, pero recalca que, en su versión de las cosas, fue exonerado de crímenes en la Gran Bretaña, muy a pesar de la opinión de quienes fueron en su momento vecinos y amigos. I was declared innocent mate!

joe-miller

Aunque curiosamente, y esto como dato aparte, se tiene que recordar que muchas veces las personas confunden los veredictos y declaraciones de “no culpable” con “inocente”. Un criminal puede ser declarado “no culpable” al dar un fallo el juez que preside sobre un caso criminal debido a falta de evidencia por parte de los abogados del Estado (o la Corona, o los demandantes) o por la existencia de “duda razonable”. Y esto no quiere decir que dicha persona sea “inocente”.

De aquí en adelante, Joe Miller pareció vivir siempre de paso, haciendo referencia a sus intentos de mantenerse siempre un paso delante de “la sombra de Mantorok” y también a su intento de preservar “la verdad de Etanea”.

Todo esto lo sé ya que el hombre a quien Uncle Bob acusó de ser el conductor que arremetió contra el jeep de Stacey, antes de “darse a la fuga” (como dicen los buenos jóvenes de apariencia chola que viven por el Vado del Río) dejó caer un paquete a los pies de mi jeep, conocido como El Bronto, y previo a ser perseguido por oficiales que abandonaron el área en su persecución, mismo bulto que encontré mientras Seth intercambia casetes (sí, audio casetes) con Uncle Bob, porque los discos de acetato son muy mainstream.

No puedo asegurar si el corredor nocturno era o no el mismo que ocasionó la colisión vehicular, ni puedo confirmar si esa misma persona era Joe Miller, pero hay dos indicios de que el paquete sí provenía de Joe Miller: 1) contenía una carta entre manifiesto y confesión firmada por “Joe Miller”; y 2) en la cara de la primer página se leía: I too hate Latin (yo también odio el latín), referencia a la firma secreta de los Roivas.

MAnifest
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El manifiesto/confesión contenía la información que ya he resumido, con adiciones respecto al señor Miller tratando de discernir la realidad de la mentira, la verdad de la sombra. Era material entretenido y no puedo llamarle perturbante, puesto que he leído los libros Lolita (V. Nabokov) y Fight Club (C. Palahniuk).

Sin embargo, las últimas páginas tomaban un tono más apresurado, se notaba una presión distinta en la letra de molde (todo había sido escrito a mano, por supuesto) y había un sentido de desesperación en lo que el señor Miller plasmaba.

Decía haber encontrado “la pieza final” cerca del Océano Pacífico, decía que la persona dueña de dicha pieza era un typical tattooed american (típico americano tatuado) y su neurosis lo hacía dudar e insultar a un hombre al que mencionaba constantemente como “el sabedor” (the knower), quien junto con su familia podría ser la llave del asunto.

Y curiosamente, al final, Joe Miller comienza a sospechar respecto al dueño de la pieza final (pieza sobre la cual dice Joe Miller: is in reality the beginning of it all, and he doesn’t have a bloody clue?! Does he?), ya que lo ve viajar constantemente y cambiar de automóviles con la misma frecuencia, particularmente a uno de esos jeeps verdes (that damned green colored jeep) (¿el bronto?)…

La página final era más garabato que letra de molde legible, pero a su reverso se encontraba la tercera parte del códice:

 

…el hombre, con el nombre que ha compartido
de hija nombrada Etanea y de un hijo muerto por la sombra negra
de una tierra que no era la suya y que jamás fue pertenencia
de la distancia que si mismo interpuso
los secretos lo esperan

 a ti, llamado Aster, en secreto el nombre de nacimiento olvidado
guerreaste por un padre que no fue el tuyo
lloraste a una madre que no fue la tuya
y de frente por fin me encuentras

 la voz de tu niñez, quien lo anunció, lo recuerdas dentro de ti
Y el hombre enfermó, con hija futura líder a su mano,
Los gritos que terminan con su fuerza y los recuerdos

 Recordó el hombre viejo, su nombre
Recordó el hombre muriendo, su familia

 Recordó entonces que había mentido, que por años y vidas tomadas
Nadie jamás lo conoció ni recordaría
Sus años llanto ya no permitían 

xXxxX              XxxxXxXXXxX (fragmentos ilegibles)

Etanea llamó a su hijo pero su vista le fallaba
Padre mío gritó su hija pero su oído le abandonaba
            en los sueños de su mente observó la sombra
la misma que fue nacida en la montana Oyarsa
la misma que lo condenó
en su mente también levantó la espada y escudo
declaró en la lengua que no era suya y por las costumbres que adoptó
el combate por la verdad 

xxxXxrXxxen ThixxXxx
IxxDoXxxnXt xxXxx
            xxDerXxxX  StxxDnddxxEd
XXxx
(fragmento traducido pero después tachado)

 …con la misma voz respondió la sombra
Destino son palabras, hombre de carne
La eternidad de la noche, de la sangre y la tierra son más fuertes
Le temiste a un futuro desconocido, cuando lo pensaste conocido
El temor que pordioseros y vagabundos sienten al despertar,

Hijo de rey y gran señor de guerra
Ese mismo lo sentiste

 Te cobijaste en una gloria falsa, buscando
 xXxxXxx de lado la sangre y nombre antiguos
glorias alcanzadas en duda reposaran
toda una vida dedicada a que fuera recordado el nombre
buscabas que fuera gritado, grabado en historia
y así fue
mientras todo el tiempo, tú mismo fuiste perdido
Recuérdalo, por tu padre y tu nombre

 ¿o te has olvidado, Casio Darius?

 xxXxxXxxxx    XxxxXXxxxxXxx (fragmento ilegible)

 …de lado de Etanea, y con su nombre recordado
La mentira de su existencia a la vista, con su estertor de muerte confiesa
  mi hermano era Aster…
y mientras hija y hoy líder enfrenta a su pueblo con la nueva verdad, saliendo y anunciándose ella como hoy líder
grita a su gente y a su pueblo, lo que será la verdad
Mi padre ha muerto, y la verdad de Casio muere ahí
Se anuncia ella, en tradición histórica como la mujer quien los guiará
Escogiendo su nuevo nombre
Casiopea, y vive así el recuerdo del hombre que murió junto con su hermano en aguas turbias

 Mientras
en muerte
le habla el oráculo a Casio
la decisión era tuya, crear tu vida y tu camino
o dedicar tu vida al nombre de quien fue tu hermano…

  

                                                                                                                                    finis

 

 

El Alí. No soy de donde vivo, ni vivo de donde soy; pero si pienso lo que digo, puedo decir lo que pienso.


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