La Policía Energética: ¿En que se parece Hermosillo y Berlín?
Por Ana Sotomayor
Parece chiste pero no es.
Los 40° ya no son solo en el desierto y en Hermosillo, ya tenemos algo más en común con las grandes capitales de Europa: el aire acondicionado como una necesidad.
Quienes leen esta columna con regularidad saben que suelo hablar desde la experiencia. Desde lo que conozco. Desde lo que vivo. Y sí, puede que esté muy enfocada en Hermosillo. Pero no porque sea una visión cerrada, sino porque aquí vivo, aquí trabajo y aquí veo todos los días cómo el calor extremo moldea nuestra forma de habitar la ciudad.
Pero los temas de energía nos afectan a todos. En los hogares, en los comercios, en la industria y también en el gobierno. En Hermosillo, en Sonora, en México, pero también del otro lado del océano.
Y el asunto es que el uso de aires acondicionados, que antes era una necesidad prioritaria en zonas cálidas como Sonora, hoy se está volviendo indispensable en latitudes que históricamente no sufrían calores insoportables.
Europa arde (y no es metáfora)
En las últimas semanas hemos visto cómo Francia, Alemania, España y otros países de Europa han enfrentado olas de calor que ni se imaginaban. Temperaturas que hace veinte años eran impensables en esas regiones. Y el problema no es solo que haga calor. Es que sus edificaciones, su infraestructura y su cultura urbana no están diseñadas para ese calor.
Calles que eran templadas ahora son hornos. Casas que no necesitaban aire acondicionado ahora son inhabitables sin él. Ciudades enteras que no saben cómo adaptarse a una realidad que llegó más rápido de lo que pronosticaban.
El mapa de los caminos frescos
Precisamente hoy vi una iniciativa que me pareció fascinante. Una página que desarrolla mapas interactivos con información enfocada a la sostenibilidad abrió al público el mapa de su ciudad para que la gente pueda escoger caminos más frescos, evitar las zonas más calientes y poder caminar sin el riesgo de un golpe de calor.
¿Y qué creen? Como ya hemos platicado antes en esta columna, esos caminos más frescos coinciden con espacios verdes.
No es coincidencia. Es física. Es biología. Es sentido común.
La lluvia
Si tuviéramos más espacios verdes, más árboles, más suelo permeable, la lluvia no solo llegaría con más frecuencia, sino que se quedaría más tiempo. El agua se infiltraría, enfriaría el suelo, alimentaría la vegetación y generaría microclimas más frescos.
Ser eficientes con el uso de la energía no solo implica apagar luces o usar aires acondicionados Inverter. También implica ser eficientes en cómo manejamos nuestros espacios y nuestro tiempo.
Definitivamente necesitamos más árboles. Más jardines. Más zonas verdes. No necesariamente con pasto (y mucho menos con pasto sintético, que es una barbaridad térmica), sino espacios diseñados con especies nativas que nos regalen oxígeno, sombra y un maravilloso microclima.
La regla del árbol por persona
He escuchado que se supone que deberíamos tener un árbol por persona en las ciudades. Suena razonable, ¿no? Pero hagamos cuentas.
En Hermosillo, según datos del INEGI, somos alrededor de un millón de personas en la zona metropolitana. Eso significa que necesitaríamos un millón de árboles para cumplir con esa relación.
¿Cuántos creen que tenemos? ¿Cuántos hay en su colonia? ¿Cuántos en el camellón de su calle? ¿Cuántos en el parque de su cuadra?
Si somos honestos, la respuesta nos va a doler.
La analogía del microclima
Cada árbol que plantamos es un aire acondicionado natural que no gasta electricidad y no calienta el exterior. Cada árbol es un pulmón que limpia el aire y un techo que da sombra.
Pero también es un acto de responsabilidad. No solo personal, sino colectiva.
Porque cuando plantamos un árbol no estamos pensando en el próximo verano. Estamos pensando en los próximos veinte años. En las próximas generaciones. En que alguien, dentro de unas décadas, pueda caminar bajo su sombra sin temor a un golpe de calor.
La lección que nos da Europa
Lo que está pasando en Francia, Alemania y España no es un problema de ellos. Es un aviso para todos. Las olas de calor extremo van a seguir llegando. Y las ciudades que no estén preparadas, con infraestructura, con áreas verdes, con diseños bioclimáticos, van a sufrir más.
En Sonora tenemos décadas de experiencia conviviendo con el calor. Pero eso no nos hace inmunes. Nos hace, eso sí, más conscientes de lo que se necesita.
No podemos seguir construyendo como si el clima fuera el mismo de hace cincuenta años. No podemos seguir pavimentando sin plantar. No podemos seguir diciendo que “el calor es normal” mientras las temperaturas rompen récords año tras año.
Necesitamos:
- Más árboles nativos en calles, camellones y parques.
- Diseños urbanos que consideren la orientación del sol y los vientos dominantes.
- Tecnologías de enfriamiento pasivo que no dependan de la electricidad.
- Comunidades que entiendan que plantar un árbol es una inversión, no un gasto.
El llamado final
Esta columna no es solo para hablar de aires acondicionados y de curvas de demanda. Es para recordarnos que la eficiencia energética no se agota en el recibo de luz. Se extiende al diseño de nuestras calles, a la sombra de nuestros árboles y a la forma en que habitamos nuestras ciudades.
El calor no va a desaparecer. Pero podemos aprender a convivir con él. Con menos energía. Con más sombra. Con más inteligencia.
La Policía Energética sigue patrullando. Hoy, con una pala y una planta nativa en la mano. Y un plan para regar mi plantita, porque sin compromiso de riego solo estamos enterrando en vida plantas.
Si quieren compartir cuántos árboles hay en su colonia, o si tienen ideas de cómo enfriar sus calles sin electricidad, mi correo sigue abierto: Sotomayor.anam@gmail.com
Gracias a La Chicharra y hasta la próxima semana.
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Ana Sotomayor es graduada en Administración de empresa y candidata a maestría en Sustentabilidad (si todo sale bien). Su experiencia profesional incluye proyectos de eficiencia energética y energías renovables, y es una hábil profesional en el sector de la administración de la energía. Sus habilidades incluyen el identificar, evaluar y presentar de una manera entendible las oportunidades en el uso eficiente de la energía y sus aplicaciones. Tiene experiencia en servicios de consultoría de sustentabilidad y ha presentado soluciones y programas eficaces de manejo eficiente de la energía para distintos clientes incluyendo el sector privado, y gobiernos estatales y municipales. Actualmente tiene su propia firma de consultoría dedicada a la realización de auditorías energéticas, perfiles de consumo de energía, capacitación y trámites para la participación en el Mercado Eléctrico Mayorista. Su experiencia anterior incluye puestos administrativos y financieros en industrias medianas.

