La Policía Energética: El futbol, la lluvia y ahora el niño?
Por Ana Sotomayor
Hace apenas unos días, en la entrega anterior, hablábamos de cómo el mundial de fútbol cambió la curva de demanda eléctrica del país. Vimos cómo el pronóstico falló porque el comportamiento humano, esa variable tan difícil de modelar, jugó en contra de los modelos matemáticos.
Pues bien. Resulta que el mundial no fue un evento aislado. Hace unos días, el sistema eléctrico nacional volvió a tener una discrepancia importante en su curva de demanda. Pero esta vez no fue por fútbol. Fue por agua.
La tormenta que apagó los aires acondicionados de Monterrey
En Monterrey, una tormenta con muchísima agua trajo consigo un fenómeno que no se previó: una caída brutal de temperatura. Pasaron de los 40°C a cerca de los 25°C en cuestión de minutos… Y ahí pasó lo que tenía que pasar. Millones de aires acondicionados se apagaron. De golpe. La demanda eléctrica cayó en picada.
Claro que también se sumaron los apagones en muchas zonas de la ciudad, que ya son costumbre cada vez que caen un par de gotas. Pero el factor principal fue ese: el frío o al menos, el “menos calor”, hizo que la gente apagara los equipos que más energía consumen en esta región del país.
Hay que mencionar que “Los Caballeros del CENACE” hicieron bien su labor e hicieron los ajustes necesarios en segundos para que, a pesar de un cambio tan inesperado como lo que sucedió, la red se mantuviera operativa, no es un trabajo fácil y estoy segura de que tienen siempre a la mano un Plan B, pero también C, D, E, F para cambios tan abruptos como de esos que hemos platicado en las últimas entregas.
Pero todo esto nos lleva al tema de hoy, que no es menor: el fenómeno de El Niño. Para quienes no lo sepan, El Niño es un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico que altera los patrones climáticos en todo el mundo.
Se dice que este año viene especialmente cargado. Las temperaturas de las corrientes oceánicas están por arriba de las ocurrencias de años anteriores. ¿Qué significa eso para México, y para Sonora?
Más sequía donde ya hay sequía. Más agua donde ya suele llover.
Para Sonora, esto ya lo estamos viviendo. Temperaturas cada vez más altas, lluvias copiosas pero aisladas, y sequía en muchas zonas del estado. Y esto nos afecta a todos en más de una manera.
Y aquí quiero detenerme, porque el asunto no es solo climático. Es urbano. Es cultural. Es de diseño.
Dependemos de los sistemas de aire acondicionado para poder habitar nuestras ciudades. Y resulta que, con ello, aunado a las sequías, hemos trabajado, quizá sin querer, en hacer de nuestras ciudades islas de calor.
Menos jardines, menos árboles, menos zonas verdes. Y más aires acondicionados enviando el aire caliente a las zonas externas.

¿El resultado? Ciudades que se calientan solas. Que se vuelven inhóspitas. Que requieren cada vez más energía para mantener una temperatura apenas tolerable.
En Hermosillo, la cobertura vegetal promedio en las manzanas urbanas es de apenas el 12%. El 38% de las manzanas tiene menos del 10% de cobertura vegetal. En promedio, la temperatura superficial del suelo por manzana oscila entre los 37 y los 45°C, y la variable más importante para explicar esa temperatura es el porcentaje de vegetación.
Aumentar la cobertura vegetal en un 10% tiene el potencial de disminuir la temperatura superficial de toda la ciudad en 1.1°C. No es magia. Es física. Es biología. Es sentido común.
Así que ahora, ¿qué podemos hacer?
Ya hemos hablado de que podemos ayudar a disminuir la demanda de energía (y a nuestro bolsillo) consumiendo mejor la energía:
- Poniendo el aire acondicionado a una temperatura de confort entre los 22 y 24°C.
- Cerrando puertas y ventanas.
- Verificando que no haya “fugas” por donde entre el calor.
Pero hoy quiero ir más allá. Hoy quiero hablar de que tenemos que comenzar a ver nuestros hogares, centros de trabajo y edificaciones en general como un espacio que necesita atender este punto de la eficiencia: Simplemente construyamos para el clima en el que vivimos (o adaptemos lo que ya tenemos).
No podemos seguir construyendo como si viviéramos en un clima templado. Hermosillo no es la CDMX. Sonora no es el sur.
Hay que:
Aislar techos. Un techo mal aislado es un horno que irradia calor todo el día.
Poner tratamiento en las ventanas para reflejar el calor. Un vidrio sin protección es un imán de radiación solar.
Considerar, desde el diseño, que las dobles alturas, los grandes ventanales y los materiales no térmicos crean espacios que son trampas de calor.
Ya existe una norma de construcción nacional, e incluso se hizo una adaptación adicional para nuestra ciudad. Porque definitivamente no es lo mismo tener una casa con una ventana al poniente que recibe todo el sol por la tarde en Hermosillo que en la CDMX. En una es una lupa que quema, en otra es una romántica entrada de luz.
Y también hay que pensar en las colonias. En los espacios verdes. En los árboles en las banquetas. Porque cada árbol que plantamos es un aire acondicionado natural que no gasta electricidad y no calienta el exterior. Hay quien dice que un árbol no ayuda, pero quiero que hagan un experimento rápido y eficiente, cuando vaya en su auto, con el aire acondicionado puesto, prueben parar unos minutos bajo la sombra de un árbol, y diganme que no es inmediato como se incrementa la eficiencia del aire acondicionado.
Con todo esto, quiero decir que el famoso Niño va a seguir trayendo calor extremo. Y nosotros vamos a seguir usando aires acondicionados. Pero podemos hacerlo mejor. Podemos consumir de manera más inteligente. Podemos diseñar mejor nuestras casas. Podemos plantar más árboles y disfrutar más nuestras colonias, nuestras ciudades y eventualmente nuestro planeta.
Porque la energía más limpia es la que no se usa. Pero la ciudad más habitable es la que se diseñó para su clima.
La Policía Energética sigue patrullando. Y ahora también con la mirada puesta en el urbanismo.
Si quieren compartir cómo están adaptando sus hogares al calor extremo, o si tienen dudas sobre cómo aislar techos o elegir ventanas o diseñar una casa bioclimática, mi correo es Sotomayor.anam@gmail.com.
Gracias a La Chicharra y hasta la próxima semana.

Ana Sotomayor es graduada en Administración de empresa y candidata a maestría en Sustentabilidad (si todo sale bien). Su experiencia profesional incluye proyectos de eficiencia energética y energías renovables, y es una hábil profesional en el sector de la administración de la energía. Sus habilidades incluyen el identificar, evaluar y presentar de una manera entendible las oportunidades en el uso eficiente de la energía y sus aplicaciones. Tiene experiencia en servicios de consultoría de sustentabilidad y ha presentado soluciones y programas eficaces de manejo eficiente de la energía para distintos clientes incluyendo el sector privado, y gobiernos estatales y municipales. Actualmente tiene su propia firma de consultoría dedicada a la realización de auditorías energéticas, perfiles de consumo de energía, capacitación y trámites para la participación en el Mercado Eléctrico Mayorista. Su experiencia anterior incluye puestos administrativos y financieros en industrias medianas.

