De mente abierta y lengua grande: El calvario de Andrea

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail

Chef Juan Angel | @chefjuanangel

-Recórrase pa´trás mi chula-
-Es que ya está lleno, oiga-
-Si cabe güerita, comprímase tantito-

Después de caminar 20 minutos en tacones hacía la parada de la combi, Andrea había logrado escabullirse por la puerta entre las varias docenas de pasajeros que casi reventaban aquel camioncito con apariencia de litro de leche color amarillo…

-Bajan, baajan, baaajan, por favor-

El chofer, tratando de cumplir con los horarios de su ruta, hizo oídos sordos y se detuvo casi 2 kilómetros más adelante.

-Ay nooo, voy a llegar tarde al restaurante- eran las 6:50 de la mañana, Andrea contaba con 10 minutos para recorrer los 4 kilómetros que sumaba la sordera del microbusero junto a los que debía caminar cada mañana desde la parada más cercana a su trabajo.

-¡Ay no, mi carteraaa, señoooooor deténgaseee!- Mientras se quitaba los tacones para correr más de prisa, Andrea persiguió el vehículo unos metros, le habían robado su cartera mientras viajaba de pie tomada del pasamanos; pero no lo logró, y así, aprovechando que estaba descalza, corrió a toda prisa hacia su trabajo.

-Uuuy no Andrea, ya no te ganaste el bono de puntualidad del mes-
-Pero señor, es que…-
-Ponte tu chaleco, recógete bien el cabello y vete a trabajar-

Andrea recogió su comanda, sostuvo la pluma con su puño y comenzó una jornada, lo peor estaba por venir…

-Señorita, qué asco está sumamente frío ¡Llévatelo!-
-Ay noo, le falta hielo a mi bebida. ¿Estás tonta?-
-Voy a pagar con tarjeta, ni se le ocurra cargar un peso de propina-
-Tengo 5 minutos esperando la comida, ¿qué te pasa lenta?-
-Ay no, esa mesera se ve naquísima, hasta parece que trae la media rasgada –

A punto de terminar su turno, Andrea se acercó a una de sus últimas mesas. -¿Cómo va todo? ¿Gusta ordenar alguna bebida, vino o licor?- En la mesa estaban Porfirio, Gustavo y Manuel, tres amigos que por invitación del primero habían acudido a “Au Pied de Cochon” un fino restaurante francés, cuya traducción es “Pata de Cochi”, en la Ciudad de México -¿Qué vino nos recomienda, señorita?- preguntó Porfirio, el anfitrión, -Le recomiendo este vino alemán- dijo Andrea señalando el menú -¡A la monda, 6 mil pesos la botella!- murmuró Manuel que los acompañaba desde Sonora. El vino alemán llegó, se sirvieron las copas y empezó el disfrute, posteriormente se pidieron los alimentos y cuando estuvieron en la mesa, Manuel levantó la mano llamando a la mesera -Señorita, sería tan amable de traerme una copa de tinto, para acompañar este chamorrón- De inmediato Porfirio interrumpió -Claro, este vino alemán no es para acompañar una carne, apenas puedo creer su ineptitud señorita, no sé como se dicen meseros y someliers si no saben ni recomendar un vino para acompañar un buen corte de carne – y mientras Andrea trataba de explicar -No quiero escucharte, sabes qué, no quiero hablar contigo, trae al gerente por favor- indicó Porfirio de manera altanera -Mira Gabriel, tú como gerente sabes que soy cliente frecuente de este lugar, y no es posible que esté pagando 6 mil pesos por una botella que no va con el platillo de Manuel, el invitado de honor de esta mesa- el gerente guardó silencio, escuchó, ofreció una disculpa y se retiró junto a Andrea. A los pocos minutos llegó la copa de vino tinto que había pedido Manuel, dio un sorbo, luego otro, y así hasta que la bebió en menos de 2 minutos -¿Me permiten decir algo?, dijo Manuel mientras levantaba la mano, como niño en clase de primaria; Porfirio y Gustavo lo vieron con cara de curiosidad -A ver, vamos a escuchar al sonorense pues- dijo Gustavo mientras bebía el último trago de vino alemán; y como si le huberan dado cuerda, Manuel empezó a hilar enunciados cual tarabilla:

1. Estoy muy incómodo con lo que pasó.
2. La mesera no tiene la culpa, sugirió un vino antes de que pidiéramos la comida, no es saurina la mujer.
3. Gracias a ese “error”, del que la estás culpando Porfirio, descubrí el mejor vino tinto que he probado en mi vida y además me bebí dos copas de un excelente blanco alemán.
4. Te voy a pedir Porfirio, que antes de levantarnos de esta mesa, hables nuevamente con el gerente para ofrecer disculpas y retirar cualquier culpabilidad a la mesera, puede perder su trabajo por este escándalo que vio la mitad del restaurante.

Porfirio accedió, ofreció disculpas y se aseguró de que la estabilidad laboral de Andrea no se fuera por la borda, incluso dejó 20 % de propina.

¿Quiénes somos para tratar así a otra persona con la misma dignidad a la nuestra? Si se creen superiores, están equivocados de planeta. Analicemos nuestro comportamiento ante las personas que hacen una de las labores más bonitas del mundo: servir; y ojalá que todos seamos un Manuel y jamás un Porfirio.

Chef Juan Angel – Licenciado en Periodismo y chef profesional, conductor de televisión, creador de contenidos gastronómicos y embajador de marcas de alimentos.

Facebooktwitterredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *