Celuloide: Funny Games

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Por Jesús Ricardo Félix
Jesús Ricardo FélixMichael Haneke es un director al que le gusta transgredir, provocar, causar controversia. Algunos lo podrán amar otros repudiar, lo que si es que difícilmente nos resulta indiferente, ha dirigido películas como: La pianista 2001, El tiempo del lobo 2003, Amor 2012, etcétera. Los que lo ubican, estarán de acuerdo que su cine tiene mucha influencia del teatro, una mezcla de Shakespeare con Brecht, así como influencias de grandes realizadores tales como Antonioni y Kubrick. En este caso la película con la cual “lo pondremos en tela de juicio” es Funny Games de 1997. Por cierto, dicha película es una recomendación de dos grandes amantes del cine: José Esteban y Fernando.

Horas de terror, por su nombre en español tendría su versión estadounidense años después, yo me voy a centrar en la versión europea que según me dicen no varían mucho la una de la otra. El argumento de la película es bastante sencillo, una familia burguesa compuesta por Anne, George y su hijo Georgie, viajan a su casa de verano a pasar las vacaciones. Dos jóvenes vestidos de blanco, Paul y Peter, llaman a la puerta para dar la bienvenida y pedirles huevos para su vecina. A partir de ahí comienza un juego cruel al que la familia se ve obligada a jugar.

¿Recuerdan los nombres de la pandilla de Alex en La Naranja mecánica? Pete, Georgie y Dim… Si esto fuera casualidad y no una referencia a la filmografía de Kubrick les puedo afirmar que su espíritu deambula dentro de la atmosfera de Funny Games: uso recurrente de la música clásica, ambos visten de blanco hasta sus guantes, la relación de Paul y Pete es similar a la de Alex y Dim, tanto Alex como Paul hacen referencia a la gordura de sus pupilos, los manipulan y castigan a placer. Alex usa un bastón, Paul un palo de golf, en ambas historias se retrata a la burguesía como separada de la realidad, viviendo en una burbuja que los delincuentes rompen para hacer exponer la fragilidad en la que se sostienen. ¿Estamos hablando de bandolerismo social al estilo Robin Hood? No, más bien como una ingeniosa fábula de terror más allá del bien y el mal. Alguien podrá sugerir que las juventudes de hoy no tienen “motivación”, no hay banderas, religiones o motores ideológicos que los empujen, son ninis huecos, robotizados, drugos, Beavis y Butt-heads que solo buscan placer a través del sufrimiento del otro. ¿Por qué matar? ¿Por qué no?

Un punto importante a señalar es que en las películas sobre mentes criminales a veces para lograr deshumanizarlos o darles un giro inesperado se mezclan rasgos de un psicópata con los de un sociópata con un asesino común y corriente. Cuando el guionista no se quiere meter en problemas para dar un trasfondo cliché (ya saben la del psicópata maltratado, abandonado o abusado sexualmente de niño) se recurre a una táctica estilo “Joker”. Me refiero a cuando el personaje del Batman de Nolan inventa diferentes historias de como obtuvo esa cicatriz de la sonrisa. Entonces así la motivación del personaje (para ser tan sádico y cruel) permanece oculta al espectador tal vez para que el mismo se vaya construyendo una historia más torcida. .

Había escuchado algunos comentarios sobre esta película sobre lo impresionante que resulta que los asesinos sean gente tan educada y “civilizada” ¿Quién dijo que la personalidad psicópata es un ermitaño que vive al margen de la sociedad? ¿Cómo creen que seducen a sus víctimas? Creo que el común de la gente piensa en un asesino en serie como un vagabundo que deambula por las calles obscuras de la ciudad esperando el momento para entrar por la ventana. Por el contrario el psicópata es un personaje muy bien adaptado, casado, con hijos, trabajo, probablemente hasta en un puesto de poder político… Haneke nos recuerda de manera constante que estamos viendo una película, “¡Oye! No olvides que es ficción, morboso”. Hay que recordar que en el teatro se rompía la cuarta pared desde la época isabelina, Shakespeare le daba libertad a Yago, por ejemplo, para hablar de frente a la audiencia y describir sus planes de venganza. Creo que el recurso funciona pero en mi opinión Haneke abusa un poco de él, a mí me bastaba con un par de guiños del personaje principal y ya.

Conclusión con alerta de spoilers: la película es definitivamente recomendable, nos desnuda como consumidores de violencia, sádicos pasivos, una sociedad cuadrada que no ofrece espacios o roles para personalidades diferentes, una audiencia habituada a ver cómo torturan o le sacan el ojo a un personaje pero que se asusta con la desnudez. Al final uno se pregunta si lo que busca el director es hacernos conscientes de que gracias a nuestra adicción por el consumo de contenido violento nos convertimos en promotores y por lo tanto en cómplices de una cultura de violencia. El personaje principal nos está recordando nuestro lado sádico ¿Quieres ver más verdad? La actitud de los asesinos es como la de la audiencia que puede estar entretenida comiendo un sándwich de jamón mientras le disparan con una escopeta a un niño. Les guste o no el cine de ultra violencia lo más valioso de Funny games es que da pie al debate, en lo personal no hay otro retrato más brillante y entretenido en el cine de la mente criminal que la de Alex DeLarge. Como se preguntaba Oscar Wilde en su ensayo ¿La vida imita al arte o el arte imita la vida?

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