La Perinola: Mis años de profe

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Por Álex Ramírez-Arballo
Acaba de pasar el día del maestro, una fecha que cada año me hace pensar mucho porque tal es mi profesión, la que he elegido y que he ejercido con enorme pasión y entusiasmo durante 18 años. Llegué a ella a través de la literatura, que ejerzo con más devoción que talento, y porque en mi juventud entendí que construiría mi vida en torno a los libros, a la pasión que siento por ellos y el deseo de contagiar a los demás con este arrebato incombustible. Los libros nos ayudan a pensar mejor para poder comprender el mundo en que vivimos, y a nosotros mismos como parte de él. La lectura es un camino de liberación.

En mis años de profe he contado con múltiples retos. El más grande de todos ha sido el de poder comunicarme con mis alumnos de una manera efectiva; descubrí muy prontamente que no hay vía más firme que la sencillez y la honestidad. Un profesor no es un contenedor lleno de conocimiento sino alguien con más experiencia que sus alumnos, aunque con las mismas falencias y defectos que ellos. No somos profesores para heredar prejuicios sino deseos, apetitos y amores profundos por esta experiencia cotidiana del mundo en que vivimos. No creo en la educación como un mero entrenamiento. Educar es enseñar a pensar de un modo crítico, apasionado y vital.




Quise alguna vez que todo lo que ocurría en el aula fuera perfecto: me equivoqué. He aprendido que hay ocasiones en que los escenarios se ensucian porque alguno de los que participa del diálogo académico decide romper el ritmo natural de la conversación; somos humanos y somos extraños: nuestras relaciones son complejas y en ocasiones profundamente imperfectas. Aprendí a no sentirme culpable por ello, reconociendo que son muchos, pero muchos más los momentos positivos en esta carrera. He conocido a cientos y cientos de estudiantes y esto me coloca en una posición de privilegio para poder afirmar lo siguiente: contrario a la opinión extendida globalmente, la gente es mayoritariamente buena.

Observo el futuro con un enorme entusiasmo porque sé que estamos a las puertas de tiempos mucho mejores que los actuales. El gran reto que vendrá, me lo parece, es la preservación de la centralidad humana en un contexto de gran desarrollo tecnológico; asumo como mi tarea principal en este momento el servir de contrapeso a las inercias deshumanizadoras que cosifican a la persona y la vuelven un mero instrumento en la mano invisible del mercado.

Mis años de profe han sido maravillosos y espero que lo sigan siendo. No me equivoqué al optar por este camino y le doy gracias a Dios por ello; como me dijo un maestro mío alguna vez: “Nunca sabrás lo mucho que habrás tocado, para bien o para mal, la vida de tus alumnos”. Es un gran placer y una enorme responsabilidad sobre mis espaldas. Sigo caminando.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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