Basura celeste: Luis Goytisolo y los contornos de la novela

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Por Ricardo Solís
Hablar de la novela como un género literario “de contornos desdibujados” puede parecernos algo no muy novedoso, pero hay que reconocer que el sentido en que lo desarrolla Luis Goytisolo en su libro Naturaleza de la novela (2013), con el cual se alzó hace cinco años con el Premio Anagrama de Ensayo, es por lo menos el de un practicante, alguien que se ha dedicado por décadas al ejercicio de la escritura y, por tanto, asiduo visitante de los textos que componen la tradición occidental, la que prima en este no muy voluminoso conjunto de páginas.

En este sentido, hay que agradecer a Goytisolo que se permita abordar con soltura y solvencia un tema bajo limitantes explícitas y perspectivas no muy populares; en primer lugar, se remite de forma exclusiva a la tradición occidental, lo que hace que el lector no pueda encontrarse con menciones a Cao Xueqin o Murasaki Shikibu –autores de Sueño en el pabellón rojo y Genji monogatari, respectivamente–, pero quizá eso le conduce a una revisión del siglo XX en la que brillan asimismo por su ausencia obras y escritores latinoamericanos (es más, tampoco aborda a la generación española del 98, más raro o poco explicable todavía).




En el segundo caso, me refiero a que el autor de Las afueras (1958) no solamente defiende la importancia de la tradición oral en la primera evolución de las formas narrativas que desembocan en lo que llamamos “novela moderna”, un detalle que le hace valorar –con justicia, creo– la influencia radical que nos viene de la difusión de las historias bíblicas desde el púlpito o la prédica misionaria medieval, una forma de “contacto” con estrategias para relatar que marcó el porvenir de la novela (y que le hace ensayar una clasificación sencilla en la que los autores, por las características de sus obras, pueden catalogarse como “bíblicos” o “evangélicos”, según cada caso).

De igual manera, Goytisolo se compromete de forma definitiva con el hecho de que “la evolución interna de los géneros literarios raramente puede ser desvinculada del entorno social en que se produce”, lo mismo que de “un público nuevo que, en cierto modo, parece estar esperándola”; así, su esquema de referencias y citas se convierte en un catálogo que va de algunos autores latinos y del Renacimiento a El Lazarillo de Tormes, Cervantes, Rabelais, Quevedo, Defoe, Sterne, los canónicos del siglo XIX y nombres claves entre los norteamericanos que marcaron la pasada centuria (Fitzgerald, Hemingway, Faulkner).




Me atrevo a decir que, en un espacio breve como este, resulta imposible acercarse a Naturaleza de la novela con la voluntad de discutir; en todo caso, resulta más fructífero asumirla como un punto de apoyo, como un texto con el que se puede disentir sin mayores consecuencias, pero –sobre todo– un escrito que proyecta con sapiencia su apasionamiento y su visión sobre el futuro de la novela como “esperanzada”, aunque no evite destacar que se encuentra en tiempos “de crisis” debido a la escasa (y cada vez peor) formación de aquellos que se supone serán sus lectores venideros, entre quienes estarán quienes decidan, después, escribirlas.




 

Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.


– PUBLICIDAD –


 

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *