La Perinola: Los iracundos

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Por Álex Ramírez-Arballo
Tengo la sensación de vivir en una época en la que reinan los iracundos. Es como si hubiera una competencia en la que gana el que grita más fuerte, el que más aspavientos hace, el que, en pocas palabras, nos demuestra que es preso de un profundo ataque pasional. Sabemos que esto se manifiesta con mayor virulencia en las redes sociales, por el carácter supuestamente anónimo que encierran, pero en la vida offline no son menos los casos: si uno pudiera entrar en las casas de la gente como una mosca y posarse en la pared, seguro que atestiguaría ahí también los claros síntomas de este mal: gritos, exageraciones, victimismo, catastrofismo, en fin, un puro delirio.

Los iracundos, como he dicho, son esclavos de la pasión. La razón es simple: es más fácil emocionarse que pensar. Las emociones son animales mientras que el raciocinio es una actividad compleja y humana que demanda esfuerzo; las emociones son tan peligrosas que llegan a convencernos de que son auténtico pensamiento: no lo son. Una persona que es prisionera de sus pasiones es capaz de cometer muy grandes tonterías, y ha de hacerlas con la satisfacción de seguir “los designios de su corazón”, aunque esos designios no sean otra cosa que un tobogán hacia el abismo. Dominar nuestras pasiones es derrotar los demonios que nos habitan, por eso es que Pedro Calderón de la Barca afirmaba que vencernos a nosotros mismos es una hazaña tan grande que solo nosotros podemos ejecutarla.




Una sociedad iracunda es una sociedad de locos. La vida cotidiana es regida por exaltaciones deportivas que separan al mundo en colores y bandos: uno pensará siempre que pertenece al grupo de los buenos y los demás, claro está, al de los perversos que es preciso aniquilar para restablecer el equilibrio perdido. Esto lo estamos viendo sobre todo ahora, con el desarrollo de las campañas políticas; los mercadólogos que las dirigen saben muy bien que el nervio que deben pinchar es el de la emoción: todos los votantes son reactivos. En otras palabras, cuando alguien se manifiesta a través del voto lo que está haciendo es ejercer una filiación o una repulsa. En este año en particular, estoy convencido de que la gente va a vaciar en las urnas su estado de ánimo más que otra cosa. La frustración popular es la mejor aliada de los demagogos.

Sor Juana lo dice como nadie: “En dos partes dividida tengo el alma en confusión: una, esclava a la pasión, y otra, a la razón medida”. No podemos arrancar, pues, nuestra realidad pasional, pero es preciso domeñarla, maniatarla, otorgándole un lugar secundario en el universo de nuestras decisiones personales, sean estas públicas o privadas. Quien apuesta por sus emociones está abordando un barco condenado al naufragio.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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