Imágenes urbanas: Una visita con la familia Ancheta

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Por José Luis Barragán Martínez
José Luis Barragán
Los cuchicheos en la oscuridad de la noche no dejaban dormir al señor que de por sí ya estaba preocupado: “¿Qué vamos a hacer, viejo, son seis, cuántos días van a estar?”, “¿y qué quieres que haga, mujer, es mi compadre, ni modo que los corra?”.

A la mañana siguiente, la demás gente de aquella invasión en la periferia se desayunó con la noticia de que a la familia Ancheta les habían caído unos compadres con todo y chamacos, venían de la sierra para quedarse en Hermosillo, el patio lucía lleno de trebejos: Una mesa, sillas, zapatos, cobijas, colchones, una estufa de leña, cajas llenas quien sabe de qué y muchas cosas más.




La señora insistía: “¿Qué vamos a hacer, puras broncas, no saben vivir en la ciudad y nosotros tenemos muchas trácalas, qué vamos a hacer?”. Hasta que el hombre encontró el argumento adecuado para tranquilizarla: “Vendieron lo que tenían: puercos, gallinas, dos vacas, el terreno de tres hectáreas junto al río con todo y jacal, así que traen su dinerito”.

Los días trascurrieron, los Ancheta permitieron que sus compadres levantaran un cuarto de cartón en su mismo solar por de mientras, también les tiraban la indirecta cuando se trataba de pagar la luz que tomaban de la colonia cercana, el agua, sobre todo les pedían dinero para pagar las cuotas semanales que entregaban a las lideresas de la invasión.




Poco a poco empezaron los problemas, pequeñas discusiones que luego se hicieron grandes acerca de que “nosotros corremos con los gastos y ustedes no”, “pero el terreno es nuestro”.

Un día las lideresas fueron con cara de fieras diciéndole a los Ancheta que tenían que abandonar el terreno por que las cuotas las habían estado pagando sus compadres y que ya se habían arreglado con ellos.

Esa noche explotó la rabia y la invasión se iluminó con la lumbre de los dos cuartos de cartón, las lideresas en todo momento apoyaron a los compadres que llegaron de la sierra y en un afán de que la sangre no llegara al río propusieron a los Ancheta acomodarlos en otro solar, “una cuchilla”, el argumento fue convincente: “Van a quedar justo enfrente donde algún día será el Centro de Usos Múltiples de la colonia, para que pongan un negocio”.
 




*Por José Luis Barragán Martínez, colaborador


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